Miranda recomienda romper la madre a los malos

Al margen de lo que exista tras su dicho, se agradece la frescura del lenguaje porque nos estábamos acostumbrando a las buenas maneras y al discurso sobado de un gabinete que ofrece la apariencia de nadar de muertito en espera de no sé qué milagro

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Los “malos” y quienes se creían solos en la carrera del 2018 deben tener cuidado de Luis Miranda; ayer pronunció unas cuantas palabras que lo incorporarán en automático al grupo de aspirantes a suceder al Presidente Peña Nieto o lo sepultarán.
En un discurso insólito en el sexenio, recomendó a los queretanos “romper la madre… a los malos” que pretendan deteriorar la seguridad que se vive en aquella entidad.
No es la recomendación políticamente correcta que se espera de un miembro del gabinete, pero el nuevo secretario de Desarrollo Social, que hasta 14 días atrás negociaba en la Subsecretaría de Gobernación con todos los grupos que ejercen presión sobre el gobierno, dijo en unas cuantas palabras lo que muchos dicen y otros tantos quieren escuchar de la autoridad.
Es tal la envergadura de su recomendación que no debe ser sacada de contexto; lo dijo acompañado del gobernador Francisco Domínguez, de origen panista, en la puesta en marcha del “Programa 3 x 1 para Migrantes” en Querétaro y no hay margen para la interpretación:
“Así como se parten la madre los migrantes, pártanle la madre a esos malos (los criminales del narcotráfico, el secuestro, la violación, etcétera) que quieren venir a su pueblo a quitarles el orden, la paz y los beneficios; no dejen que los malos lleguen aquí. No dejen que este estado se convierta en algo que no quieren”.
Cualquier mexicano entiende que “partir la madre” no significa necesariamente matar “a los malos” o algo por el estilo, pero sí acudir a todo expediente para ponerles freno.
Lástima que el ex secretario general de Gobierno del Estado de México, cuando Peña Nieto gobernaba la entidad, no está en la posición burocrática o política desde la que él mismo podría encabezar la partida de madre a los “malos”, pues lo suyo ahora es administrar los recursos gubernamentales para combatir la pobreza, por ejemplo, que es una manera de combatir a los “malos”, pero con resultados a futuro.
Pero más allá de que sus obligaciones sean otras, llama la atención que su recomendación no ocurriera en la penumbra de las salas de negociación sino ante la comunidad migrante queretana y el gobernador Domínguez.
En el nuevo contexto en que se mueve Miranda, es obligado preguntarse si se trató de un exabrupto o de un lapsus, empero ambos supuestos son imposibles de creer en alguien con su experiencia.
Lo dijo con todas sus palabras porque lo quiso decir y con el cálculo hecho de la reacción que puede desencadenar la crudeza de su recomendación, sujeta a interpretaciones varias, en especial si se le quiere dañar.
Al margen de lo que exista tras su dicho, se agradece la frescura del lenguaje porque nos estábamos acostumbrando a las buenas maneras y al discurso sobado de un gabinete que ofrece la apariencia de nadar de muertito en espera de no sé qué milagro.

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