México y Venezuela, NO a la indiferencia; la vergüenza de Dudamel

Son tiempos en que el instinto político desplaza al razonamiento

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Estamos lejos de Venezuela y Nicaragua, pero NO de las imágenes perturbadoras del presidente Nicolás Maduro incitando al saqueo de tiendas departamentales, el 9 de noviembre del 2013, con la frase: “Que no quede nada en los anaqueles” (http://ow.ly/G5iA307Pr3D).

Tampoco de la fotografía del totalitarismo con la imagen de Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, fechada ayer, tomados de la mano en alto por la victoria en Nicaragua; presidente y vicepresidenta con el control total del Poder Ejecutivo y del Legislativo con 71 de los 92 diputados de su partido; los otros 21 son totalmente colaboracionistas.

Esas escenas son clímax, pero el deterioro inicia con remedos como los ocurridos en México y la infame indiferencia del venezolano más influyente en la opinión pública internacional, el director de la Filarmónica de Los Ángeles, California, Gustavo Dudamel.

Esas imágenes son los alcances que puede escalar la crisis paulatina, deterioro que se olfatea aquí, donde no hay avances concretos contra la corrupción, donde el “fácil” escape de los Duarte, Borge, Yarrington, Hernández, Medina y muchos más forma parte de esa indignación que gangrena cada vez más ese deterioro.

Patético que a cinco años del sexenio se culpe al pasado.

Y para abonar al sinsentido aparece una preocupante “Lista Negra” de la Policía Científica (sic) de Gobernación y de la Comisión Nacional de Seguridad de Miguel Ángel Osorio Chong y Renato Sales con el registro de ciudadanos etiquetados como “Conductas antisociales” por promover -no habla de libre expresión- las protestas contra el gasolinazo: Andrés Manuel López Obrador (Morena), Mario Delgado, Gerardo Fernández Noroña y Blanca Amelia Gámez (PAN), entre otros, sumado a una lista de medios de comunicación registrados en el documento que verificó ayer mismo la Policía Federal en Twitter (documento http://ow.ly/Vv8j307SSUB).

Son tiempos en que el instinto político desplaza al razonamiento.

Asumir la realidad del costo de la gasolina no es una mala idea; de hecho, es un paso justo para los más pobres, sin embargo, frenar los aumentos paulatinos como objetivo de propaganda política fue una torpeza monumental que provocó el alud de año nuevo con el aumento mayor al 20%, y el próximo en febrero de al menos el 8%, con la cotización del dólar abajo de los 21 pesos.

Desde esta perspectiva no enfrentamos solamente la amenaza exterior de Donald Trump o el deslizamiento del dólar, y los proyectos de refinación que históricamente no se han hecho en Pemex, sino las malas decisiones en pro de una política electorera.

En esta administración de crisis moral, donde los ciudadanos ubican a la corrupción como el principal problema, por encima de la inseguridad, cualquier acción de impacto a la economía doméstica indigna y alimenta el deterioro en un caldo de cultivo propicio a los radicalismos, esos que encumbraron y alimentaron el totalitarismo de Hugo Chávez, Nicolás Maduro y a los Ortega en Nicaragua.

Y para esto no hay límites.

El lunes, por quinta vez en un año, Nicolás Maduro aumentó el 50% del salario en Venezuela, a partir del 15 de enero, por la inflación anual, superior al 450%.

En este escenario no entiendo las sensibilidades y talento fuera de serie como el del influyente músico venezolano Gustavo Dudamel, el más joven de la historia en dirigir el codiciado Concierto de Año Nuevo 2017 en Viena, un gran logro que nubla la infamia de la indiferencia y complacencia con el régimen de Chávez y Maduro.

De esto hablé el sábado, en el Auditorio Nacional, con un amigo melómano en la espectacular transmisión, del Met de Nueva York, de la ópera “Nabucco”, dirigida por James Levine, con Plácido Domingo y Liudmyla Monastyrska.

Dudamel dirigió las notas del himno de Venezuela mientras Hugo Chávez daba un golpe a la libertad de expresión al cerrar la televisora RCTV. Luego dirigió la misma orquesta para dar la bienvenida a la estatal chavista TVES.

En enero del 2013 se paró al frente de la orquesta Simón Bolívar, en el teatro Teresa Carreño, en honor a Chávez, en presencia de Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Evo Morales. El 12 de febrero del 2014, el mismo día en que los opositores Bassil da Costa y Robert Redman fueron asesinados, y otros estudiantes masacrados en marchas en oposición al régimen en Caracas, Gustavo Dudamel tomó la batuta en un concierto estatal para Maduro.

Con el silencio y la complacencia, Gustavo Dudamel dejó de ser ciudadano en época de crisis moral, donde se necesita la templanza de los hombres que rebasan fronteras. En una entrevista con el periódico español El País, sobre la crisis de Venezuela, contestó: “Simplemente NO quiero tomar ninguna posición”.

Afortunadamente esa indiferencia está fuera de lugar en los espacios que ha conquistado la sociedad civil en México. Ejemplos valiosos sobran: México Unido Contra la Delincuencia, de Josefina Ricaño y Francisco Torres Landa, Edna Jaime, SOS, de Alejandro Martí, Javier Sicilia, Isabel Miranda de Wallace, María Elena Morera, Areli Rojas, etcétera.

Aquí, “simplemente NO podemos dejar de tomar posición” para dar paso a la indiferencia.

 

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