México es un Edén gracias a AMLO, pero hay otros datos

Arrepintámonos del pecado capital de haber coadyuvado a impedir que la Cuarta Transformación se instalara en el país desde 2006

Compartir:

Escribo convencido de que el cielo es de los conversos y de que Andrés Manuel López Obrador no debe permitir el regreso de los emisarios del pasado ni de los fariseos y sepulcros blanqueados.

Debo reconocer que tenía razón quien me decía que ante el ostensible fracaso del PAN y del PRI, personificados por Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, lo aconsejable era dar una oportunidad a Andrés Manuel López Obrador, que por tercera ocasión buscaba la Presidencia.

Hoy, con los conservadores moralmente derrotados y con el pueblo feliz, feliz, feliz, todo México, y no solamente Tabasco, es un edén.

Es inútil contradecir al Presidente porque él tiene los datos que lo prueban; quien se atreva a decir lo contrario está nervioso, aturdido, fuera de quicio o en vías de constituir una corriente reaccionaria con la fuerza de otros tiempos, lo cual, para fortuna de la Cuarta Transformación, no ocurrirá porque nuestro hijo único laico de Dios, como lo definió Porfirio Muñoz Ledo, ya tocó madera.

Esta mañana comprendí, al fin, cuan equivocados estuvimos desde 2006, cuando consideramos que Felipe Calderón no robó la elección a López Obrador, y también en 2012, cuando, quién sabe con qué artimañas, Enrique Peña Nieto le asestó el segundo revés.

Arrepintámonos del pecado capital de haber coadyuvado a impedir que la Cuarta Transformación se instalara en el país desde 2006. Somos culpables de que el país viviera una docena trágica de sangre y corrupción.

Desde el inicio del segundo lustro del siglo, México pudo haber sido el edén que hoy es, pero no dejamos que AMLO llegara a la Presidencia en 2006.

Culpables somos de que tuviésemos que esperar 12 años para aspirar a alcanzar el 4 o más de crecimiento en la economía y no estar en el casi cero por razones que tienen que ver con el pasado.

No hubiésemos ido a la guerra sangrienta contra los narcotraficantes, que también son pueblo, y no ocurrirían los escalofriantes episodios recientes de Veracruz y Michoacán, y muchos más, producto también de la guerra de Calderón y Peña Nieto, que no permite permear al sermón presidencial sobre portarnos bien.

No habrían existido los ninis, pues desde entonces estarían trabajando y estudiando.

Estarían funcionando10 y no sólo las 6 refinerías que ya son chatarra; la gasolina costaría una miseria a cada automovilista.

Santa Lucía sería modelo para construir aeropuertos en todo el mundo.

El salario mínimo habría aumentado 1000 por ciento, y no sólo 16.

Los 500 mil millones de pesos anuales de la corrupción nunca habrían ido a los bolsillos de los corruptos y, en cambio, estarían siendo usados para aumentar los montos de becas y auxilios directos a estudiantes, adultos mayores y mexicanos más desfavorecidos.

La corrupción estaría en ceros y el gobierno sería anoréxico, pero sano, gracias a la austeridad.

Todo esto y más, mucho más, al fin lo comprendí escuchando el informe.

Si no hubiésemos cometido el error de solapar los fraudes electorales de Calderón y Peña Nieto, desde entonces habría prosperado la Reforma del Estado que arrastra Porfirio Muñoz Ledo hace más de una década, de tal suerte que su promoción del sufragio efectivo y la sí reelección no sería una frase que suena oprobiosa, sino una necesidad para no desviarnos de la ruta marcada por Andrés Manuel porque su proyecto de país sólo funciona estando él al frente.

Dicho de otra manera, ya lo habríamos reelecto en 2 ocasiones para no dejar de ser felices como ahora lo somos, pero además con el pilón de que los conservadores se habrían extinguido.

En fin, ojalá y alcancemos el perdón eterno por la complicidad en haber permitido el retraso de la aplicación del principio de moralizar la vida pública, en el que el interés nacional está por encima de los hombres ambiciosos seducidos por el falso brillo de lo material y lo mezquino.

Sí, después de escuchar a López Obrador ruego porque no permita el regreso de los emisarios del pasado, los fariseos y los sepulcros blanqueados, como clamaba Luis Echeverría, y que perdone a todos los que ayudamos a evitarle llegar a la Presidencia en las 2 ocasiones anteriores.

Y gracias porque ahora, por fin, somos felices, felices, felices.

Aunque la vida real tenga otros datos.

 

 

 

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...