‘Mexicana’ a pique

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Mexicana de Aviación fue una gran empresa exitosa, venida a menos y a mucho menos, por la estulticia y deshonestidad de los últimos gobiernos. Después de la autocrisis bancaria de las épocas de Salinas y Zedillo, cuando los bancos prestaron inmensas cantidades a sus accionistas más importantes que al no pagarles los créditos, causaron la insolvencia de las instituciones recién reprivatizadas, el gobierno optó por salvarlas porque se sintió culpable al haberlos dejado rebasar toda obligación ética y legal y creó, primero un fideicomiso para recuperar los fondos que se invirtieron en sacarlos a flote (Fobaproa) pero, más tarde Zedillo de plano echó todas las pérdidas a fondo perdido, con cargo al presupuesto público y simuló con el IPAB, la recuperación de algunas carteras de crédito que mejor  servirían para regalar activos a los hermanos Bribiesca Sahagún, hijastros del presidente Fox, que se armaron para hacerse ricos.

Entre los grandes desastres que dejó la política económica de esos días, fue la de los exorbitantes índices de inflación, tasas de interés e incluso, la pérdida de tres ceros en el valor del peso. Por consiguiente, las dos empresas aéreas más importantes del país, Mexicana y Aeroméxico, cargaron con las consecuencias. El gobierno les pagó sus adeudos a los bancos que salieron con ganancias, y se hizo de las dos empresas que formaron un corporativo denominado Cintra que les permitió ahorrar costos y complementarse al grado que al final, tuvieron números con las primeras utilidades. Ahí entró Fox y con los compromisos que Korrodi había adquirido en la campaña, se dio a la tarea de pagarles a sus benefactores con la entrega de las dos líneas.


Mucho se discutió en aquellos tiempos si era lógico separarlas puesto que frente a otras competidoras en el mundo eran pequeñas, pero juntas, ya pesaban y tenían viabilidad. No obstante ello, se volvieron a dividir y Aeroméxico se le cedió a un grupo relacionado con City-Banamex y, Mexicana a Gastón Azcárraga del grupo Posadas, que fue fanático de la campaña foxista. Este último la recibió de regalo por 165 millones de dólares, se hizo no sólo de la línea completa, con el mayor número de slots, mostradores en el aeropuerto y la flota más grande de aviones de última generación, sino que también se le entregó el edificio emblema de la empresa que era de los más modernos de la época. Posadas se sacó la lotería y supuso que administrar   una empresa de esa importancia era cosa de niños. Otra versión que corre es la de que pensó en ordeñarla lo más que se pudiera en breve tiempo, y regresársela al gobierno, como había ocurrido antes con las autopistas que concesionó Salinas en su sexenio.

Lo cierto es que el colapso de Mexicana ha sido una tragedia para la economía y un grave perjuicio para la industria turística nacional y de aerotransporte. Claro, han proliferado las líneas más pequeñas que originalmente se concentrarían en el aeropuerto de Toluca y que sorpresivamente Calderón las regresó a la Ciudad de México, para probar así, la saturación del Aeropuerto capitalino y generar el gran negocio de un nuevo aeropuerto con inversión privada cuyo solo mantenimiento a futuro, daba para negocios boyantes por varias décadas. La primera probada del promisorio negocio conciliatorio con Peña Nieto, fue la de haberle dejado un avión (TP-O2) sin estrenar, con valor de 7 mil millones de pesos.

Las víctimas más castigadas fueron como siempre, los trabajadores. Tanto los de las tripulaciones como los de tierra han sufrido el más lamentable abandono y desprecio por parte del gobierno que, a 10 años no han podido regresar Gastón Azcárraga y obligado a devolver lo que se llevó. Seguramente el temor de que hable y descubra a los políticos que lo ayudaron es lo que lo tiene más protegido esperando que se olvide del daño que hizo a México. Lo más imperdonable de lo que robó, fue el fondo de retiro para el pago de las jubilaciones que se encontraban en un fideicomiso en Banorte, que fue cancelado con todo y que el contrato prohibía usar los recursos para otro fin que no fuera para el derecho de los trabajadores a recibir sus pensiones. Se calcula que ese fondo a esta fecha debía tener al menos 3 mil millones de pesos.

Por ello resulta una burla el que en el juicio de quiebra de Mexicana, la juez Edith Alarcón diga que la reciente venta de dos aviones, por los que entrarán 249 millones de pesos sirvieron para repartirse entre 7 mil empleados, cuando en el juicio de quiebra, no tomó en cuenta el fondo del fideicomiso, sustraído ilegalmente por la empresa con la complicidad de la Fiduciaria del Banco, puesto que tales recursos ya no eran de Gastón Azcárraga sino por el contrato del fideicomiso, pertenecían al personal jubilado que sí ha dejado de recibir o nunca recibió, sus contribuciones y los de la empresa, en el fondo de retiro.

Toda esta trama no sólo acabó con la gran línea aérea, sino que los autores del ilícito encontraron la oportunidad de hacer nuevos negocios. Fox no logró construir el aeropuerto en San Salvador Atenco. Calderón tampoco lo pudo culminar pero, Peña sí lo está haciendo en Texcoco. Tal vez se suspenda o se continúe ahora concesionándolo, pero los inmensos daños al patrimonio público y a la dignidad de la nación nunca serán reparados.

 

 

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