Mentiras y payasadas en Palacio Nacional

Consciente de que, desde el pedestal mediático, su ventaja es inmensamente superior a la de cualquier mortal que lo desmienta, López Obrador representa cada día un tribunal moral para golpear a sus enemigos; a falta de pruebas ironiza; dice medias verdades y mentiras completas, sin faltar las payasadas

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En el cálculo de Andrés Manuel López Obrador, posiblemente la residencia oficial de Los Pinos no era el espacio a la altura de las mentiras, payasadas y chascarrillos que presenciamos en el majestuoso e histórico Palacio Nacional.

La residencia de Chapultepec ahora es un espacio para “el proletariado”, parafraseando el lenguaje bolchevique de principios del siglo pasado, ad hoc a la propuesta de Vladimir Ilich Lenin en el Segundo Congreso del Partido Socialdemócrata de Rusia.

La primera tesis de Lenin fue luchar por la dictadura del proletariado.

Y aunque la palabra “dictadura”, en estos tiempos, es un dogma prohibido cuyo fantasma ronda las bancadas de Morena, la gubernatura de Baja California de Jaime Bonilla, y fue conjurada del ánimo de los morenistas Martí Batres Guadarrama, en el Senado, y de Porfirio Muñoz Ledo, en la Cámara de Diputados, Los Pinos quedará como un lugar irrecuperable para las actividades presidenciales si esa fuese la intención de los venideros.

Digo que no fue suficiente espacio porque la aburguesada decoración de Palacio Nacional contrasta con el guión de las conferencias mañaneras, que se han convertido en un desastre vergonzoso.

Lo más fresco: Este miércoles, el presidente se echó un rollo demoledor contra el ministro en retiro José Ramón Cossío Díaz con la máxima “lo que no mancha tizna”, a sabiendas de que lo que diría era un simple rumor, para lo cual se vacunó al señalar “ojala lo desmientan”, y así fue.

Consciente de que, desde el pedestal mediático, su ventaja es inmensamente superior a la de cualquier mortal que lo desmienta y, en consecuencia, el daño de la difamación quedará permanente, López Obrador protagonizó un juicio moral a priori contra Cossío Díaz en el que quedó estigmatizado como el abogado de los abogados del “sabotaje legal” contra el sistema aeroportuario de Santa Lucía.

Esto es, acusó al ministro de estar detrás de quienes promueven cientos de amparos contra el proyecto sustituto del NAIM de Texcoco.

Ayer, el guión fue en el género “payasadas”, con el aniquiló a la asociación civil Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad de Claudio X. González y María Amparo Casar.

El presidente, con evidente sorna, risa en los labios y en el orbital de los ojos, cambió el nombre de la A. C., al llamarla “Mexicanos por la Corrupción” y, posteriormente, “Mexicanos a favor de la Corrupción”.

Claudio respondió y el ex ministro José Ramón, vía Twitter, aclaró que no da asesoría a ninguna persona ni a despachos vinculados con aeropuertos.

Lo hizo el ex ministro antes de terminar la conferencia mañanera, en la que el Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, apostado en el majestuoso Palacio Nacional, contestó: “Mi pecho no es bodega”, como justificación de que a la máxima investidura del país no le importa lucrar con información falsa con tal de lograr sus propósitos.

¿Para eso quería Palacio Nacional..?

Mejor se hubiera cambiado al Teatro Blanquita.

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