Meade y Anaya más candidatos que sus competidores

Si bien no es gran mérito del que puedan presumir, dominaron debate presidencial; AMLO ya no se ve tan invencible como antes del primer enfrentamiento de cara a la nación; poco color del espectáculo más esperado de la noche del domingo fue aportado por ‘El Bronco’ con propuesta talibán; merced a su falta de conexión, Margarita Zavala deberá cambiar de estrategia para pesar en la competencia

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José Antonio Meade y Ricardo Anaya dominaron el debate de los candidatos presidenciales.

No es gran mérito del que puedan presumir, aunque les conseguirá puntos para disminuir un tanto la distancia que los separa de Andrés Manuel López Obrador, que ya no se ve tan invencible como antes del primer enfrentamiento de cara a la nación.

Sin embargo, más allá de lo que digan las encuestas, y al margen de que la efeméride marque el debut de dos candidatos independientes, la oferta al electorado mostró pobreza.

Exhausto me senté a la pantalla de mi computadora para ver la transmisión, de IMPACTO, del espectáculo más esperado de la noche del domingo, más aún que el primer capítulo de la serie en la que Luisito Rey construye el mito de “El Sol de México” y destruye la vida de su hijo Luis Miguel.

Exhausto porque, durante semanas, los teléfonos celulares sufrieron la invasión, inmisericorde, de los operadores de cada uno de los aspirantes presidenciales con memes (algunos ingeniosos, como el duelo entre Pedro Infante y Andrés Manuel López Obrador, personificando éste a Jorge Negrete en la película “Dos Tipos de Cuidado”); la radio y la televisión hartaron a sus auditorios con mesas de debates, y la escrita gastó toneladas de tinta y papel con información sensacionalista y sesudos análisis sobre escándalos jurídicos y  propuestas, algunas absurdas, de los aspirantes a sacrificarse por la patria.

En el colmo del marketing, algunos de los gladiadores siguieron preparándose el sábado (ignoro si José Antonio Meade, por fin, decidió mandar al diablo a los 24 sinodales que lo “preparan” habitualmente), e incluso hubo quienes visitaron el ring en el que se medirían con sus oponentes; en tanto, desdeñando la importancia del evento, para seguir manteniendo la percepción de que es el ganador inevitable de la elección, López Obrador posaba para las cámaras obsequiando unos minutos de su tiempo a su hijo menor para pegar estampas en el álbum del próximo campeonato mundial de futbol.

¿Y todo para qué? Para un debate que no cumplió las expectativas, si bien fue un poco más ameno e interesante que el protagonizado, días antes, por los candidatos a jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

La lluvia de memes amenizó las dos horas del encuentro satirizando la bárbara propuesta de Jaime “El Bronco” Rodríguez de cortar la mano al político que robe o jugando con la disposición de Andrés Manuel de obsequiar a José Antonio Meade los departamentos que encuentre a su nombre en el registro de la propiedad.

 

AMLO YA NO SE VE TAN INVENCIBLE

Lo relevante del evento fue que convencido, a sí mismo, de su invencibilidad, creada por Epigmenio Ibarra y su ejército de operadores de redes sociales, así como por la complicidad de los encuestadores, López Obrador salió a cuidarse la cara. Calculó que tenía todo para perder y nada arriesgó. Y sin él pegando o dando respuesta, lo demás fue infumable.

Habrá quien diga que el ganador fue AMLO porque a base de sus marrullerías habituales escurrió el cuerpo cuando le echaban montón, pero se equivocará. Quedó demostrado que por más que todo se le resbale, que parezca que nada hay que lo dañe o que sus seguidores están dispuestos a perdonarle todo, no tiene respuesta para hechos tan concretos, como la deshonestidad de sus más cercanos colaboradores. Y de eso se percataron quienes lo miraron haciéndose el occiso y tragándose sus palabras.

Se quedó callado cuando Anaya le recordó que él mismo endilgó a Alfonso Romo el adjetivo de corrupto; no tuvo respuesta tampoco cuando le habló de René Bejarano y Gustavo Ponce.

Y guardó silencio a la acusación de Meade de que su partido, Morena, es un negocio familiar.

En suma, lo que los expertos (porque a estas alturas cualquiera es experto electoral) consideraron la batalla decisiva que determinaría el rumbo electoral resultó ser una pelea más aburrida que las del “Canelo” Álvarez; si acaso, el poco color lo aportó Jaime “El Bronco” Rodríguez con la propuesta, talibán, de cortar la mano a los políticos rateros.

Margarita Zavala no conectó y deberá cambiar de estrategia para pesar en la competencia. Destacó, eso sí, que el candidato panista no se enganchara en los varios anzuelos que la esposa de Felipe Calderón le lanzó.

Anaya, de cuyas filas desertó, el día anterior, el perredista Silvano Aureoles, que gobierna Michoacán, muestra huellas del daño que le ha causado el caso, no aclarado aún, de la supuesta triangulación de lavado de dinero en Querétaro en su beneficio, aunque presuma la inexistencia de una acusación concreta en su contra.

Tal vez el más agresivo con López Obrador fue Anaya (también “El Bronco”, sólo que a éste lo pierde su vocación de “Chelelo” región 8); cuando el candidato de Morena presumía que durante su gestión como jefe de Gobierno de la Ciudad de México fue un oasis de seguridad, le recordó la marcha que encabezó María Elena Morera contra el secuestro.  Se equivocó al decir que marcharon 500 mil ciudadanos porque, en realidad, fueron más de un millón de manifestantes, a los que Andrés Manuel calificó de “pirrurris”.

 

MEADE BRINCA CORRUPCION E INSEGURIDAD

Sin afán de polemizar, habrá que reconocer que Meade y Anaya se mostraron más candidatos que sus competidores, en especial el priísta, que en algún momento pareció hacer pedazos el señalamiento de que representa el continuismo. Afirmó que no tolerará “estafas maestras” (como las que, se dice, ocurrieron en la gestión de Rosario Robles en la Sedesol), pero igualó el marcador a referirse a los “moches” con los que se liga al panista y a las “ligas” de Bejarano, el ex secretario particular de López Obrador.

Por cierto, el agotamiento de su tiempo lo salvó de dar respuesta a una pregunta, de Anaya, sobre qué hará con el Presidente Peña Nieto. Nunca sabremos la respuesta, en cualquiera de los casos, polémica.

En cambio, Meade dio respuesta puntual al panista comparándolo con el ex gobernador de Quintana Roo, Roberto Borge, quien está sujeto a lavado de dinero mientras el queretano está libre y compitiendo por la Presidencia cuando lo involucran en operaciones similares.

Es cuestión de opiniones, pero preguntando anoche aquí y allá, encontré consenso en que Meade y Anaya fueron los únicos en comportarse como verdaderos candidatos y que el segundo lugar que disputan entre ellos ya no parece tan lejano del primero.

Empero, el candidato priísta no dio el campanazo que se esperaba quizás porque decidió reservarse para el siguiente debate, lo cual equivale a seguir perdiendo tiempo. No se tiró a fondo y se concretó a repetir lo que le hemos escuchado desde que inició la campaña

Esta era la oportunidad para apropiarse del segundo lugar en las encuestas, pero Anaya le mantuvo el paso y él sigue lidiando con la corrupción, que alcanzó decibeles ensordecedores con algunos de los gobernadores del partido que lo postula, y también con la pugna interna entre los más conspicuos jefes de su campaña.

De cualquier manera, Meade salvó el que tal vez era el más grave de los escollos de las últimas semanas de campaña: El debate sobre corrupción e inseguridad.

Es inobjetable que los debatientes dejaron ir vivo a López Obrador, pero también lo hicieron con Meade porque corrupción e inseguridad son los estigmas que carga el PRI y las causas por las que él, sin militancia, obtuvo la candidatura.

Si nos atenemos a esta consideración podemos decir que el ganador fue José Antonio porque difícilmente lo volverán a atacar con corrupción e inseguridad, los lastres que más le pesan.

 

 

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