Meade se la cree… y con razón

Por donde se le vea, la de ayer fue demostración de que el secretario de Hacienda está, como anunció Emilio Gamboa, en la pelea por la candidatura presidencial. Por lo pronto, la comunidad financiera ya tiene candidato; sólo falta lo que diga el PRI

Compartir:

Aurelio Nuño y José Narro se preguntarán con razón ¿por qué un evento conmemorativo de los siete meses de un acuerdo de enero pasado entre el gobierno, patrones y trabajadores para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Nacional, que perdió importancia ante el otorgamiento de la concesión de la fundación de la Bolsa Institucional de Valores, terminó siendo en lo que, un observador venido de otra galaxia, podría confundir con el destape de José Antonio Meade como candidato del PRI a la Presidencia de la República?

La respuesta es simple: sólo faltó en el evento encabezado por el Presidente Peña Nieto ante la comunidad financiera nacional, lo que queda de la CTM que fue de Fidel Velázquez y la poderosa burocracia hacendaria, que el sumo sacerdote del gobierno, Luis Videgaray, hubiese estado en el patio del Palacio Nacional para presenciar o ungir al secretario de Hacienda como el elegido para evitar que el PRI entregue el poder en 2018.

El evento de ayer en el amplísimo territorio que la Secretaría de Hacienda mantiene en Palacio Nacional, como con cierto maquiavelismo lo precisó el Presidente, quizá para evitar especulaciones como ésta, fue casi perfecto para el simpatizante del PRI a quien Enrique Ochoa Reza abrió las puertas de la candidatura presidencial.

Toda, es necesario enfatizarlo, toda la comunidad financiera recibió a Meade con un caluroso aplauso; más aún que el prodigado a Peña Nieto, lo cual es de entender porque uno representa al futuro y el otro a un presente que empieza a convertirse en pasado.

Caluroso a grado que quienes estaban en las sillas atrás de este reportero no se aguantaron las ganas de exclamar “¡cómo quieren a este cabrón”! cuando el secretario de Hacienda se permitió chistoretes en su discurso hablando de las coincidencias entre los ciclos de la aparición del cometa Halley y la creación de instituciones como la Bolsa Institucional de Valores, o la inesperada irrupción del sol apenas terminó la tormenta que azotaba el techo del patio de Hacienda en el Palacio Nacional.

Lo de ayer fue la prueba magnífica de que hay cosas que no se pueden ocultar, como el amor, el dinero y la candidatura presidencial. A Meade se le nota que siente que la trae en la cartera.

A manera de minicrónica, registremos que mientras Carlos Aceves del Olmo hablaba, Meade capturó la atención del Presidente unas siete ocasiones; la mayoría para reír, no sé si de lo que el líder del Congreso decía, pero de algo tan divertido que hasta el presidente de la Cámara de Senadores, Pablo Escudero, no pudo reprimir las carcajadas.

Si se trataba de demostrar quién era la estrella de la función, Meade lo consiguió. Cuando Peña Nieto estaba al micrófono dispuso que Agustín Carstens (al que por cierto nadie mencionó en los saludos de los discursos oficiales) moviera su humanidad pesadamente un lugar en las sillas del presídium para platicar; el gobernador del Banco de México acató sin chistar y al concluir la charla, regresó con dificultad a su lugar y se volvió a perder en el anonimato.

Durante esos minutos quizá hablaron de los remanentes de las divisas del Banco de México que en el final del sexenio de Felipe Calderón los enfrentaron cuando éste y su entonces secretario de Hacienda, el mismo que hoy es de Peña Nieto, creyó que podía utilizarlos para la campaña presidencial.

El pleito de los remanentes, resultado de la compra-venta de divisas por parte del Banco del México, lastimó a Carstens, el verdadero creador de Meade, pero esa es otra historia por contar.

Hoy los remanentes están etiquetados por el Congreso, pero siempre habrá una cantidad significativa a mover.

Por donde se le vea, la de ayer fue demostración de que el secretario de Hacienda está, como anunció Emilio Gamboa, en la pelea por la candidatura presidencial.

Tanto que cuando el Presidente enumeró las buenas noticias económicas y los nuevos proyectos que anunciará en su mensaje del sábado próximo, con motivo de su Quinto Informe de Gobierno, Meade saboreaba sus palabras mirándolo fijamente y moviendo sus cejas en señal de aprobación, de tal suerte que el intercambio de señales no dejó duda a la conexión entre ambos.

El secretario de Hacienda acaparó la atención del Presidente, a grado tal que por poco Peña Nieto no se despide de Aurelio Nuño; José Narró pasó desapercibido y Enrique de la Madrid ocupó un modesto lugar en la segunda fila del presídium, aunque esto último siempre se puede achacar al Estado Mayor Presidencial y no a la importancia del secretario de Turismo.

El evento fue organizado por Meade para el lucimiento del secretario de Hacienda y no de sus competidores. Se trataba de lucir resplandeciente y lo consiguió con un par de chistoretes que hasta Ernesto Zedillo, que era malísimo para estos menesteres, le habría envidiado.

Por lo pronto, la comunidad financiera ya tiene candidato; sólo falta lo que diga el PRI.

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...