A Meade le urge que la PGR deje de hacer tarugadas

PRI no puede darse el lujo de que otra vez lo echen a patadas de Los Pinos porque puede ser para siempre

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A don Francisco Galindo Ochoa, ‘El último dinosaurio’ que hoy habría dicho a los priístas ‘por lo menos miéntenles la madre para que les duela algo’

 

Don Pancho, la vida le dio, en el 2000, la ingrata oportunidad (ingrata porque, para Usted, el priísmo lo era todo) de ver a Francisco Labastida entregar el poder que el PNR, convertido en PRI, detentó desde 1929 con el triunfo de Pascual Ortiz Rubio y Plutarco Elías Calles sobre José Vasconcelos; en cambio, le evitó la pena de ver a su partido, manchado por la corrupción, caminar con paso firme a la extinción en 2018, encabezado por un no militante cuyos impulsores y colaboradores no terminan de encontrar la cuadratura al círculo.

Aún lo recuerdo aquel mediodía del 4 de julio del 2000 encabronado, como sólo Usted podía encabronarse, porque le platiqué que Emilio Gamboa, entonces coordinador, con Esteban Moctezuma, de la campaña de Labastida, me dijo que la votación presagiaba empate de Labastida con Vicente Fox y que Liébano Sáenz, a la postre secretario particular del presidente Ernesto Zedillo, me confío que el PRI había perdido todo, aunque de inmediato me corrigió a tiempo, que el Congreso no.

Inolvidable episodio. Usted exclamó, con indignación muy jalisciense, parafraseando a Charlton Heston en la última escena de la película original de “El Planeta de los simios”, ve los restos de la estatua de “La Libertad” sacudidos por el mar: “Por fin lo hicieron, hijos de la gran…”.

Lamento decirle a Usted, “El último dinosaurio del PRI”, que, de no habernos hecho la perrada de marcharse la noche del 9 de septiembre de 2008 estaría cumpliendo hoy, con nosotros, 105 años de vida, los priístas están a punto de hacerlo de nueva cuenta, después de que, en 2012, Enrique Peña Nieto arrebató la Presidencia a los panistas, que la detentaron durante 12 años.

Y sabe, don Pancho, no se dirigen a la derrota por aciertos de Andrés Manuel López Obrador, que ya alcanzó a Cuauhtémoc Cárdenas en la marca de intentos de hacerse de la Presidencia y sólo le faltan dos para empatar a don Francisco Zúñiga y Miranda, ni por los del panista Ricardo Anaya, que consiguió unir a la derecha con la izquierda en una alianza pragmática, pero antinatural, que da razón a Daniell Bell, el profeta de la muerte de las ideologías.

Si es cierto que desde donde está le es posible ver lo que ocurre aquí, sabrá, don Pancho, la sarta de tonterías que han hecho los priístas para colocarse en el tercer lugar de la competencia.

Hay algunas decisivas:

Alguien o algunos no hicieron la tarea en el gobierno federal y no se percataron (y si se dieron cuenta se hicieron majes) de que varios gobernadores, los más conspicuos de la nueva generación priísta, se mancharon arreando con todo lo que encontraron. No se llevaron los muebles de las oficinas sólo porque no encajaban en sus mansiones.

Luis Videgaray y Miguel Osorio Chong se repartieron el gobierno federal y la lucha entre ambos para desaparecer uno al otro del mapa futurista, pero también para aniquilar a Manlio Fabio Beltrones, desembocó en una derrota, en 2016, tan catastrófica como la del 2000.

No tuvieron freno; nadie se los puso, y, hoy, el gran argumento tanto de López Obrador como de Anaya para sacar al PRI de Los Pinos es la corrupción, y la variable que trae de cabeza al partido es la pérdida irreversible de sus graneros electorales más importantes.

Vaya, hasta el candidato del PAN se ha atrevido a amenazar al Presidente Peña Nieto con meterlo a la cárcel, a condición, eso sí, de que le encuentre delitos si llega a sucederlo.

De poco o nada sirve que la PGR creara un escenario para colocar bajo sospecha a Anaya de lavado de dinero en un caso que, me dicen, está sólido, aunque, como todo en la vida, sólo falta la toma de decisión para el paso decisivo. De hecho, con habilidad, el panista le ha dado la vuelta al tema y ahora se ofrece como víctima ante el electorado por ser enemigo del sistema.

Para contrarrestar todo esto, de nada sirve al candidato priísta, José Antonio Meade, un hombre todo honorabilidad, preguntar cómo es que López Obrador ha logrado vivir como “fantasma fiscal”, es decir, sin trabajar, sin usar tarjetas de crédito, etcétera, durante 15 años, y que exhorte a Anaya a no tratar de cobijar con su vestimenta de candidato presidencial el hecho de que vive por arriba de su nivel de ingresos y que para ello  realizó un negocio inmobiliario por el que es investigado, y que “son sus propias decisiones las que le hacen daño, y son sus propias decisiones respecto de las cuales tendrá que rendir cuenta”.

 

…Y EL PRI SUFRE LAS DE CAÍN

Lamento decir, don Pancho, que hoy, que quisiera darle un obsequio de buenas noticias, le hable de lo mal que le está yendo al PRI y de lo peor que le puede ir.

Nadie parece tener la fórmula para situar a Meade por encima de Anaya y cerca de López Obrador; me dicen que la campaña priísta la coordinan desde Los Pinos, pero si conozco bien a Peña Nieto, él no cometería errores que sólo han servido para engallar y hacer crecer al panista, y mantener al moreno en el primer lugar.

Vaya, no lo imagino celebrando que en la conmemoración del 89 aniversario del PRI hicieran decir palabrotas al candidato (y vaya que Usted y yo no nos distinguimos, precisamente, por bien hablados y bien portados) y que, además, sus estrategas se sientan orgullosos de convencerlo de mantenerse en el “yo mero” y en el “México chingón” que como anécdotas tuvieron su chiste, pero que en una ceremonia como esa no encajan.

En fin, don Francisco, es una pena no tenerlo porque nunca he vuelto a disfrutar pláticas como las suyas, en la soledad de su oficina; no había temas vedados ni lugar a la mentira. Se hablaba como hombres, pero, además, informados.

Por eso le platico que el PRI está pasando las de Caín, que al candidato Meade lo apoya la cúpula, pero que, como Usted sabe, ésta sirve para lo que se quiera, no para ganar votos.

A Meade le urge que la PGR deje de hacer tarugadas, que si va a actuar lo haga o, en todo caso, se repliegue, y que los priístas encumbrados a quienes convocó el candidato no crean que con salir en la foto cumplieron.

Pero, sobre todo, que dejen de pensar en ellos mismos por muy enojados que estén con Peña Nieto por no concederles la candidatura presidencial a que se creían con derecho y que sin mezquindad piensen en el triunfo de su partido porque hay muchos a quienes no les importa el PRI ni el candidato, pues con Fox y Calderón aprendieron que son más poderosos cuando en Los Pinos no habita un presidente priísta.

Don Francisco, “El Panchos Bar” de IMPACTO sigue luciendo el magnífico lienzo en el que lo retrató don Toño Anaya como dinosaurio. De vez en vez, algunos amigos nos reunimos ahí y siempre brindamos con tequila y mezcal de la tierra, desde luego, por aquel chiquillo huérfano de Tamazula, Jalisco, que llegó a convertirse en el símbolo del priísmo y cuya autoridad moral le permitió dejar en la mente del presidente Carlos Salinas la frase aquella del “No se hagan bolas” cuando los priístas no sabían si Luis Donaldo Colosio o Manuel Camacho era el candidato.

No tengo duda de que si Usted estuviera ya habría convocado a los amigos que tanto quería y lo querían para decirles que ya se dejen de chingaderas, que el PRI no puede darse el lujo de que otra vez lo echen a patadas de Los Pinos porque puede ser para siempre.

 

 

 

 

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