Meade el ‘candidato externo’ del priísmo para el proceso electoral del 2018

Después de renunciar a la Secretaría de Hacienda fue investido, prácticamente, como el virtual preabanderado a la Presidencia por el PRI

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ARTURO ORTEGA 

 

En las últimas semanas, la incertidumbre traía muy inquietos a los priístas y algunos no priístas, sin embargo, la duda se despejó el 27 de noviembre; el Presidente Enrique Peña Nieto manejó, muy a su estilo peculiar de gobernar, la decisión final para designar al ungido…

La señal estaba dada; el priísmo eliminaba los candados de sus estatutos para despejar el camino a un externo y, de esta forma, alcanzar la candidatura presidencial del tricolor, y fue así como, después de renunciar a la Secretaría de Hacienda, José Antonio Meade Kuribreña fue investido, prácticamente, como el virtual precandidato a la Presidencia por el PRI. Sólo hubo “un prietito en el arroz” en esta liturgia, la indiscreción del todopoderoso secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, quien unos días antes, en un encuentro con el cuerpo diplomático, destapó, prácticamente, a Meade Kuribreña como el candidato presidencial sin la anuencia de Peña Nieto.

Meade Kuribreña, un tecnócrata probado, con buenas cartas credenciales, en los diferentes puestos que ha ocupado en el gobierno federal, en su renuncia destacó sus “20 años de servir al país con integridad y honradez”. Sin embargo, en su hoja de servicios no hay mención alguna de participación en las contiendas electorales y, mucho menos, en las lides partidistas.

Si bien Miguel Ángel Osorio Chong se mantuvo, durante todo este año,  como el priísta mejor posicionado, de acuerdo con diversas encuestas en materia de preferencia electoral, lo cierto es que, finalmente, el grupo compacto de economistas itamistas, comandado por Videgaray logró la precandidatura para Meade Kuribreña.

Un ex funcionario leal, con oficio, conocedor de los entretelones y el manejo  de la hacienda pública, arropado, principalmente, por las cúpulas de los sectores priístas con inusitado júbilo, así como por grupos económicos y empresariales que mostraron su beneplácito por su destape y, prácticamente, amarrada precandidatura. Sin lugar a dudas, un candidato que defenderá, con firmeza, el escaso avance de las reformas estructurales y la continuidad en el modelo económico neoliberal.

Meade Kuribreña deberá olvidarse del escritorio para emprender una cruzada que lo lleve a interactuar con los distintos grupos de ciudadanos, es decir, un intenso trabajo de “tierra”; principalmente, deberá enfrentarse a una realidad donde el gobierno federal, del cual formó parte, está muy mal evaluado: Corrupción, inseguridad, pero sobre todo impunidad, sin soslayar los otros “problemas nacionales”: Una economía mediocre, bajos salarios, desempleo, y las carencias y deficiencias, rezagos, pues, en los sectores de salud y educación.

Un “aspirante externo” que, en principio, tiene una tarea difícil hacia el interior del partido: Conciliar y negociar con aquellos distinguidos priístas que no están del todo contentos con su precandidatura. De igual forma, deberá establecer un diálogo con el puñado de gobernadores que, por lealtad priista, apoyaba al secretario de Gobernación. Convencer a unos y otros de que su carisma  apartidista, su perfil ciudadano, es la mejor opción para mantener Los Pinos.

En este sentido, la dirigencia priísta deberá cerrar filas y, demás, poner particular atención para la definición de candidatos a las gubernaturas y la renovación del Congreso de la Unión porque los inconformes demandarán posiciones y espacios en diputaciones y senadurías.

Por su parte, en los estados donde se renovarán las gubernaturas, sin duda, los cuadros priístas locales exigirán respetar y favorecer a militantes con arraigo y presencia, a efecto de rechazar cualquier imposición que los lleve a violentar la unidad y disciplina partidista. Priístas de cepa, pues, que estén en posibilidades de mantener, pero sobre todo de recuperar, los estados en poder de la oposición.

El camino hacia la silla presidencial está lleno de inconvenientes; nada fácil. Sin embargo, de lo que sí están convencidos los priístas es de que Meade Kuribreña es un candidato que dará la pelea, competitivo, pues. Por ello, Meade Kuribreña tiene mucho trabajo por delante, dialogar y sumar a grupos, actores y ciudadanos indecisos, que no los convence el panismo de Anaya ni el proyecto de izquierda que enarbola Andrés Manuel López Obrador, quien, en el México de hoy, es el que mejor capitaliza el encono y hartazgo social.

Los priístas abrieron sus puertas y, con el traje hecho a su medida, Meade Kuribreña los saluda. Se ha reunido con las dirigencias de los distintos sectores del tricolor, diputados y senadores, y dirigencias estatales. De igual forma, con los aspirantes José Narro, Enrique de la Madrid, Aurelio Nuño y Miguel Ángel Osorio Chong, así como con los gobernadores priístas, actos para invocar la disciplina partidista, la aparente unidad, pues.

Por ello, el acto protocolario del 3 de diciembre sólo sirvió para confirmar a Meade Kuribreña como el precandidato del PRI rumbo a  la  carrera presidencial. En su discurso habló de “un combate frontal contra al corrupción”, y en el ámbito de la seguridad señaló que hay que “consolidar una cultura de respeto a la ley”, temas que molestan mucho a la ciudadanía, pero que en su discurso no dejan de ser meros esbozos iniciales.

Lo cierto es que 2018 arrancará con una inflación a la alza, empleos con bajos salarios, corrupción e inseguridad y, por supuesto, la incertidumbre que se mantiene en el marco de las negociaciones del TLC; a ese menú deberán enfrentarse los precandidatos de los distintos partidos políticos; esto apenas comienza…

 

 

* Licenciado en Derecho con posgrado en Derecho Parlamentario y Procesos Electorales

 

 

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