Más seriedad en la guerra de los aranceles

¿Por qué Marcelo Ebrard, titular de la SRE, decidió acuñar lo que podríamos llamar anglicismo para informarnos de lo que aún no negocia, porque los personajes con quienes puede hacerlo no están en la capital norteamericana?

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En caso de guerra con Estados Unidos exigimos mayor seriedad.
Me va a llover, pero ni modo.

Debo reconocer que a cada día que pasa, más a toda madre me cae la Cuarta Transformación, al menos por el buen humor que le pone a los asuntos que algunos llegamos a creer trascendentes.

Transcendente debe ser que el señor Trump amenace con subir los impuestos a las exportaciones mexicanas hasta 25 por ciento si no paramos, en el plazo de un día, el flujo de inmigrantes y droga a su país.

Veamos cómo se conducen las partes en guerra y los negociadores.

El Presidente López Obrador decidió empatar a su homólogo norteamericano, Donald Trump, a base de tuits, pero también de memorandos.

A las 13:30 horas de este domingo, Trump hizo publicar un tuit amenazante: “México está enviando una gran delegación para hablar sobre la frontera. El problema es que han estado ‘hablando’ durante 25 años. Queremos acción, no conversación”.

“Podrían resolver la crisis fronteriza en un día si lo desean. De lo contrario, nuestras empresas y empleos están regresando a los Estados Unidos”.

Media hora después, López Obrador contestó, a su muy peculiar manera, con un tuit, pero también con un memorando:

“El Gobierno de México es amigo del Gobierno de Estados Unidos de Norteamérica. El Presidente de México quiere seguir siendo amigo del Presidente Donald Trump”.

“Pero sobre todo los mexicanos somos amigos del pueblo estadounidense, a ellos me dirijo desde Paraíso, Tabasco, juremos que nada ni nadie separe nuestra bonita y sagrada amistad. Andrés Manuel López Obrador”.

Y para no quedarse fuera de tono, Marcel Ebrard, cabeza de la delegación mexicana que negociará en Washington hasta el miércoles, cuando faltarán sólo cinco días para que Trump cumpla su amenaza o nos salga con que sólo se trató de un chascarrillo, se sumó a la peculiar guerra anunciando que este lunes competirá en la conferencia de prensa mañanera del Presidente López Obrador con su “morningera”.

¿Por qué el secretario de Relaciones Exteriores decidió acuñar lo que podríamos llamar anglicismo para informarnos de lo que aún no negocia, porque los personajes con quienes puede hacerlo no están en la capital norteamericana?

Trump no se comporta con seriedad afirmando que México podría resolver la crisis de la frontera en un día.
López Obrador dictó un memorando con declaratoria de amor y amistad fraterna que nos obliga, inevitablemente, a recordar el primero, el que tuvo que ver con la Reforma Educativa, en el que llanamente ordenaba a sus secretarios de Gobernación, Educación y Hacienda violar la ley mientras estuviera vigente la ley de Enrique Peña Nieto.

Y Marcelo, que es hombre culto, decide destrozar el idioma acuñando lo de “morningera”.

Si nos apoyamos en estos tres hechos irrefutables, no imputables a la prensa fifí, reaccionaria y neoliberal, podemos concluir que la famosa guerra de los aranceles (no confundirla con la “De los Pasteles” que sostuvimos con Francia porque soldados de Antonio López de Santa Anna consumieron pasteles en un restaurante de Tacubaya por valor de 600 mil pesos y no pagaron la cuenta) es una vacilada.
O al menos así se comportan los protagonistas.

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