Margarita Zavala y la dignidad

Esa Margarita dispuesta a escuchar los cortejos de Anaya no es la que, sin pedirlo, le di mi firma en el 4 Vientos cuando buscaba apoyos legales para ser candidata independiente

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No hay manera de saber cuánto beneficiarían a Ricardo Anaya los magros números que Margarita Zavala ha obtenido en su campaña presidencial como candidata independiente si decidiera declinar en favor del candidato panista; sin embargo, si ocurriera, tendríamos que aceptar que en efecto en esta campaña por la Presidencia los mexicanos perdimos no sólo la ideología sino también la dignidad.

Dejemos en el basurero o para el futuro si el candidato de la coalición PAN-PRD-MC ha sido justa o arteramente señalado como lavador de dinero en complicidad con Manuel Barreiro, pero es pública e incuestionable la manera cómo se deshizo de la señora Zavala para que no le compitiera por la candidatura.

No es por otra cosa que Margarita debutó como la primera candidata independiente a la Presidencia; simplemente no fue derrotada en buena lid. Vaya, ni siquiera hubo batalla.

Pero esas son cosas internas del panismo y sus reglas que en esta ocasión no existieron; lo trascendente es que, en el encuentro con sus sinodales de Milenio, Anaya se esmeró en cortejar a la esposa de Felipe Calderón con la finalidad, evidente, de conseguir que abandone la candidatura independiente y se una a su causa.

Si ocurriera sería mero y natural pragmatismo político encubierto con el cuento de que lo prioritario es parar a quien ya sabemos, pero muy lejano del concepto bien conocido de dignidad de Margarita y, en extremo, del estilo de ser de Felipe, aunque, como bien podrían decir, su esposo no cuenta aquí, lo que, por otro lado, nada tiene que ver con la realidad.

Hasta donde es posible saber, Margarita abandonó al partido en que nació agraviada por los modos del joven queretano.

La historia es de sobra conocida y resulta ocioso repetirla, pero por sabida me resulta increíble que la señora Zavala, que conoce la necesidad de Anaya de conseguir puntos para acercarse a Andrés Manuel López Obrador y alejarse de José Antonio Meade, se trague todo lo que ocurrió y denunció.

El más reciente discurso del amo del panismo sobre ella rivalizaría con los más conspicuos requiebres amorosos, pero la señora Zavala seguramente tiene memoria e imagino que, por pundonor, rechazará cualquier invitación a unirse con quien la obligó a desertar de su partido, por más que el pretexto para convencerla sea salvar a la patria.

Ya los mexicanos hemos tenidos sobradas muestras de indignidad panista en fechas recientes (Germán Martínez y Gabriela Cuevas, ahora en Morena, son apenas botones de muestra) como para tragarnos el penoso espectáculo que ofrecería la esposa del ex presidente Felipe Calderón si decide olvidar las canalladas de que fue objeto.

Esa Margarita dispuesta a escuchar los cortejos de Anaya no es la que, sin pedirlo, le di mi firma en el 4 Vientos cuando buscaba apoyos legales para ser candidata independiente.

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