Margarita, a tiempo de rectificar o de golpear al PAN, no a Ricardo Anaya

El 'Titanic' tiene pocas balsas y ninguna le dejará la pandilla que le vendió la idea de regresar de nuevo a Los Pinos por la vía independiente

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Sigo creyendo en la calidad moral de Margarita Zavala, pero se dejó arrastrar por intereses muy ajenos a su ética, que NO es la de su grupo.

Nunca creí en la utópica autonomía de Felipe Calderón Hinojosa, un hombre astuto, hábil, pero lleno de debilidades, de esas que vienen maquilladas con otros propósitos, propios de las personalidades de “mecha corta”, como se autodefine desde la campaña del 2006.

Los que siguieron de cerca los pasos de Margarita Zavala Gómez del Campo siempre la consideraron un gran activo del PAN y de la Presidencia de la República, sobre todo en las crisis que vivió Felipe en Los Pinos, en los culebrones con Paty Flores Elizondo y el poder extensivo que desplegó “La Jefa” de la Oficina de Presidencia.

Se erigió como un muro de contención entre el gabinete y el presidente, al grado de expulsar al buen amigo de la pareja presidencial: Maximiliano Cortázar. El único que se brincaba ese picaporte era Ernesto Cordero, el secretario “Google” porque todo le consultaba Calderón.

En fin, hubo un momento, en el 2010, donde Margarita emerge con una agenda nutrida de actividades públicas después de una monástica auto reclusión por el amargo sabor que dejó en la opinión pública su predecesora, Marta Sahagún. Basta recordar la extensa carta de Alfonso Durazo, el secretario particular de Vicente Fox que renunció por los afanes presidenciales de “Martita”.

En ese 2010 aparece la primera dama como el gran activo moral del gobierno federal y del partido. Ahora está a un paso, decisivo, de rectificar o de golpear al PAN, NO a Ricardo Anaya, no a los intereses presidenciales de su adversario político, que son los propios, pero en diferentes circunstancias del poder presidencial en manos del calderonismo.

En junio del 2015, Margarita abordó la balsa en un río creciente y se dejó llevar por Felipe al timón, con una tripulación muy dudosa, que le vendió el boleto del “Titanic”.

A manera de ejercicio habrá que imaginar lo que podría pasar si gana la Presidencia. NO se quitará de encima a esa cofradía rencorosa, oscura y resentida que promete aniquilar a Ricardo Anaya Cortés, conformada por Roberto Gil Zuarth, a quien Margarita enfrentó en la interna del PAN por llevar a Paty Flores como una de las firmas requisito para contender por la presidencia del partido. También fue el primero en denostar, con firmeza, la aspiración presidencial de la primera dama dos años atrás, en junio.

Imagine “empoderado” -palabra obtusa- a Javier Lozano Alarcón, una especie de antihéroe, previsible a leguas, corroído por su mal tino para abrirse paso en el poder. Y a Ernesto Cordero Arroyo, un nuevo fajador del calderonismo, por cierto, muy mal construido, producto de la burocracia gubernamental, al que toda prenda política se le ve enorme, pero es el hombre de confianza de Calderón Hinojosa; por eso le cedió Emilio Gamboa el báculo del Senado.

De los dos anteriores a Cordero no se fían ni el ex presidente ni el coordinador parlamentario del PRI ni locos, pero tienen un objetivo bélico común: Demoler el frente ciudadano de Anaya Cortés y a sus coaligados Alejandra Barrales Magdaleno y Dante Delgado Rannauro. Ahí están las encuestas que miden la eficacia de la fórmula; ahí está el violento golpeteo de Enrique Ochoa Reza por derrotarlos antes de subir al ring del 2018.

De los dos restantes de la quintilla: Salvador Vega Casillas y Jorge Lavalle Maury, ni gastar tiempo ni tinta; son funcionales a Felipe, al grupo rebelde y al PRI, por casualidad de su curul en el Senado. Punto.

Imagino, en la intimidad del hogar, la retórica de Felipe de Jesús con Margarita, motivada por la oportunidad de revertir la carga histórica de entregar la Presidencia de la República al PRI en el 2012.

No es cualquier cosa; las “mechas cortas” suelen autodinamitarse constantemente y la salvación, al menos en el imaginario, está a la mano, con el cónyuge, pero… ¿vale la pena echar por la borda la integridad..? ¿En realidad está tomando decisiones de forma autónoma..?

Margarita está en las horas decisivas, y puede rectificar.

De hacerlo será ampliamente valorada. El “Titanic” tiene pocas balsas y ninguna le dejará la pandilla que le vendió la idea de regresar de nuevo a Los Pinos por la vía independiente.

Insisto: Está a unas horas de rectificar, de ser parte salvadora de su propio partido, de compartir honores con “El Maquío” Clouthier, con Manuel Gómez Morín, Luis H. Álvarez, Carlos Castillo Peraza y más. El tatuaje azul NO se quita con un papel de renuncia, pero sí con la traición.

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