Margarita, sin simulaciones ni traiciones

Para bien o para mal, se ha convertido en un referente de la política moderna mexicana

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Margarita Zavala. Independientemente del futuro que elija, pierde ella, pierde el PAN y pierde la democracia mexicana

Segundo debate presidencial, donde se delineó con mejor precisión la capacidad, conocimiento, temperamento y lamentablemente la argucia, falta de información y talento de los aspirantes.

Para algunos, tal vez demasiado tarde.

Para alguno, buscando que no trascienda para que no trastoquen las preferencias construidas con ese elector descontento, que debería razonar su voto y no dejar que los sentimientos lo embarguen, en una decisión trascendental donde no hay retorno.

Candidatos, en cuyo evento no se aprecian con su naturaleza ciudadana, y sí, la del político que se protege con la pantalla emocional de la defensa, el ataque o contraataque para debilitar o evidenciar a sus contrincantes; cuando el ciudadano está cansado de ese viejo actuar político, cuyos soportes inadmisibles son la “simulación y el egoísmo”, donde en un segundo se pasa de la adulación a la difamación y de la lealtad a la aniquilación.

Contienda electoral donde sería lamentable que el resultado se definiera por el camino de la popularidad, evadiendo la eficiencia y el bienestar del país en su conjunto, cuyas consecuencias serán trasladadas a todos los mexicanos.

Un evento cívico de gran trascendencia para el presente y futuro de la nación, donde la búsqueda de equilibrios de representación de género se ha nulificado con la renuncia de la candidata.

 

LA PARTICIPACIÓN DE GÉNERO

Ese posicionamiento de género, que día a día se hace presente en un México donde el sexo femenino aún con la consolidación de atributos intelectuales, deportivos, culturales o de cualquier ámbito de actuación; no atrae el aplauso y reconocimiento más sonoro, ya que no se han podido sacudir del todo la mirada patriarcal que arrastran desde tiempos inmemorables.

Postulante que revestía adicionalmente el empoderamiento de la figura independiente, esa representación surgida de una sociedad defraudada y victimizada que acepta y alienta la participación ciudadana para castigar a la partidocracia inundada por la corrupción y el desprestigio que está socavando la democracia mexicana.

 

PARTE DE SU ESENCIA POLÍTICA Y PERSONAL

Una abogada que construyó por más de tres décadas de militancia una historia panista de formación y representación, de la que nunca se desprenderá o negará, porque es parte de su esencia política y personal.

Peculiaridades que, sin duda, le dificultaron consumar su acreditación ciudadana, porque pasado y presente son dos tiempos que se acompañan de difícil separación, donde la política nunca pudo ser ciudadana plena y, la ciudadana, nunca pudo sustraerse de la política.

En este episodio electoral, en el olvido quedó la recomendación de Benito Juárez para paliar los avatares de ese difícil arte de la convivencia pública: “En política, la línea recta es la más corta”; donde la vía independiente se percibía como un camino sinuoso.

Una lógica de actuación sencilla en su descripción, pero llena de laberintos que sortear, porque en política te vas encontrar con amigos de mentiras y enemigos de verdad que complican las nuevas tareas que no los beneficia.

Estas complicaciones detonaron en gran parte su dimisión en sus aspiraciones presidenciales, empujada entre otras causas por la baja popularidad que se manifestaba en las calles en su labor proselitista.

Un proyecto donde buscaba según su praxis democrática: “Dignificar la política y el México que merecemos”, en la que implícitamente aspiraba a aplicar la filosofía formativa de Acción Nacional:  el fortalecimiento de la vida social.

 

UN CAMINO DIFÍCIL EN EL ANDAR

Al inscribirse en el Instituto Nacional Electoral (INE), como aspirante sin partido para participar en la contienda electoral de 1 de julio próximo, Margarita Zavala Gómez del Campo señaló: “Este proyecto depende de la ciudadanía, no del dedazo de un Presidente (José Antonio Meade Kuribreña), ni el capricho personal de un iluminado (Andrés Manuel López Obrador), ni de un arreglo cupular (Ricardo Anaya Cortés)”.

La primera candidata independiente que ascendía a la boleta electoral, como ella misma se describía: “sin simulaciones ni traiciones”, marcaba y quería hacer historia.

Era la encarnación de una figura independiente, y una real representación de género, que se sacudía los paradigmas de un sistema político sustentado por la partidocracia.

Aplicaba y ejercía un reordenamiento en su actuar, obligada por las circunstancias y el tiempo, dirigido principalmente contra Ricardo Anaya Cortés y su séquito de colaboradores; producto del secuestro y manipulación autoritaria de la dirigencia de su partido de origen, que la obligó a desterrarse de sus raíces políticas y emprender una aventura que muchos de sus allegados no le recomendaban.

La primera dama en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, su consorte, llegó a convertirse en una verdadera opción para los ciudadanos que se han distanciado de los partidos políticos por sus prácticas ineficientes y corruptas.

Un canal de aceptación para ese México que describe el ex rector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente Ramírez, como: “Dolido, agraviado, tenso, nervioso, que todo se expresa en ese malestar cotidiano”.

Aunque no captaba la atención y la adhesión que se le debió prodigar dentro de su género; 46 millones de ciudadanas que representan el 52 por ciento del padrón electoral, contaban con una aceptación sustancial de ese voto; tratando de reconstruir esa orientación de votar más por los hombres.

 

PANORAMA COMICIAL

Después de sortear tantas peripecias, al final del camino con Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”, inauguraron una alternativa de participación que se incrustó poco a poco en el terreno comicial mexicano.

Convertidos en una representación simbólica que llamaba la atención de la ciudadanía, acotados por el sistema y los partidos políticos con todos los medios a su alcance, ese posicionamiento “extrapartidos” incluso “apartidista” se fragmenta severamente con la renuncia de Margarita Zavala, dejando a la deriva el experimento “independiente”, cuyo resultado estará en razón de lo que obtenga Rodríguez Calderón en la próxima elección.

Ante el desconcierto y desilusión de sus partidarios, los inconvenientes programáticos para el INE, ya que es inevitable que no aparezca en la boleta electoral, y los deseos fervientes de sus adversarios de integrarla a su causa, los trastornos más severos derivados de su dimisión son para ella en lo personal y político.

 

SU RENUNCIA AL PAN

Después de su decisión de renunciar al PAN y declarar sus aspiraciones presidenciales, muchas voces de su partido y de la política se pronunciaron en su contra, enunciando más limitaciones que exposición de sus valores.

Epítetos y descalificaciones que no menguaron sus pretensiones para ser la primera en ostentar el Ejecutivo federal en México.

En su libro “Mi historia”, Margarita Zavala señala: “las equivocaciones en términos políticos tienen enormes consecuencias: en mi vida política me he equivocado al confiar en algunas personas, he elegido mal algunas veces, me faltó comunicar en momentos importantes. Quizá he sido un poco ingenua y eso no me ha permitido generar mi propia fuerza para renegociar, pero he superado deslealtades, mentiras y hasta traiciones”.

 

LOS MALOS AUGURIOS

Desde el lanzamiento de su plataforma “Yo con México”, muchas voces de su entorno político le manifestaron: “En política solamente se comete un error y todo lo demás son consecuencias”, por lo que únicamente te puedes tropezar una vez.

En la aventura independiente, si no se cuenta con el subsidio público que se otorga a los partidos, las aportaciones convenidas o pactadas con particulares, siempre obedecerán a los resultados que se vayan obteniendo, y en el primer tercio de la campaña, solamente acreditaba el 5 por ciento de las preferencias, por lo que las voces experimentadas en política le recordaban “no empujes, si no tienes a alguien atrás que te sostenga”, además de que debería tener presente su paso por Los Pinos: “No se debe confundir celebridad, con influencia. Notoriedad, con talento”, truncado su camino principalmente por la ausencia los recursos financieros.

 

SIN RENCORES

Margarita Zavala para bien o para mal, se ha convertido en un referente en la política moderna mexicana.

No guarda rencores, pero no pone la otra mejilla, y siempre defenderá su actuar sin simulaciones o traiciones.

Independientemente del futuro que elija: pierde ella, pierde el PAN y pierde la democracia mexicana.

 

 

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