Marcelo entre Dios y el diablo

Donald Trump dice que nos portamos bien, pero quiere más, y la ONU denuncia que se nos está pasando la mano

Compartir:

En los escasos nombramientos en que el Presidente López Obrador acertó al designar a sus colaboradores está el de Marcelo Ebrard. No es posible imaginar cómo se comportarían algunos de los más conspicuos ejemplares de la Cuarta Transformación ante el grave problema en que se ha convertido la migración centroamericana hacia Estados Unidos y en la mezcla de realismo e ideología, en ocasiones incomprensible, con que el gobierno mexicano lo enfrenta.

Este lunes fue un día realmente difícil para el secretario de Relaciones Exteriores.

Vía Frank Morgan, comisionado interino de Protección Fronteriza, el gobierno norteamericano dijo estar satisfecho con lo que hace el gobierno mexicano en materia migratoria, reducir en casi 60 por ciento el flujo migratorio centroamericano, pero Trump quiere que López Obrador haga más, mucho más, pero la comisionada de la ONU en Derechos Humanos, Michelle Bachelet, puso el dedo en la llaga: “Me preocupa que las políticas que se están implementando actualmente en Estados Unidos, México y algunos países de América Central están poniendo a los migrantes en mayor riesgo de violaciones y abusos de los derechos humanos, y pueden violar los derechos de las personas vulnerables”.

“Sigo profundamente perturbada por estas políticas, en particular la continua separación de niños migrantes de sus padres y la perspectiva de una nueva norma que permita la detención indefinida de niños, simplemente, por su estado administrativo. Nada puede justificar infligir un trauma tan profundo a ningún niño”.

Para decirlo en términos coloquiales, no quedamos bien ni con Dios ni con el diablo. Donald Trump dice que nos portamos bien, pero quiere más, y la ONU denuncia que se nos está pasando la mano.

Trump está en proceso electoral y usará, contra México, las presiones a que tenga que acudir para satisfacer a su electorado, en tanto que López Obrador, entre la pared de su pensamiento de izquierda y la espada de su homólogo norteamericano, tiene un margen estrecho de maniobra.

Marcelo contestó de inmediato a Morgan y a Bachelet: “Reitero frente a las presiones: México no es ni aceptará ser tercer país seguro; tenemos mandato, en ese sentido, del Presidente de la República y es consenso, en el Senado, de todas las fuerzas políticas. No lo aceptaremos”.

Buen discurso, pero difícil entender la posición mexicana, que niega a convertirse en tercer país seguro cuando, de hecho, lo es, pero ¿qué otra cosa se puede hacer si enfrente amenazan con los aranceles?

Y mientras Marcelo intenta mantener el equilibrio en la cuerda floja en que lo pusieron a caminar, otros personajes emblemáticos de la Cuarta Transformación se dedican a la grilla futurista intentando el control de Morena y del Congreso de la Unión sin sufrir más desgaste que el provocado por sus primitivas y pintorescas maniobras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...