Magisterio, la nueva Guardia Electoral de López Obrador

Someter la educación a los intereses políticos es un crimen nacional. La nueva Reforma Educativa es un retroceso alentado con insidias como ‘la imposición extranjera’. Controlar el gremio de maestros es el sueño de los políticos, con cargo al erario

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El propósito NO es la educación; es reclutar al magisterio como un ejército pretoriano, funcional a varios propósitos.

Andrés Manuel López Obrador necesita una estructura masiva con presencia en todos los rincones del país, tal como fue utilizado el gremio por Elba Esther Gordillo, con propósitos negociadores con partidos, gobernadores y presidentes, hasta lograr su propio partido, que le valió la expulsión del PRI.

El presidente sabe que a pesar de los programas sociales, de las becas y múltiples incentivos a jóvenes, la mayoría ex “ninis”, es un sector de alta volatilidad, tan visceral como incontrolable, al que puede medio guiar con la zanahoria, pero falto total de estructura e institución formal, a diferencia del magisterio.

Los maestros son el sueño de los políticos, con cargo al erario. Ni siquiera hay que desangrar recursos de algún partido, pero sí repartir posiciones futuras y comprometer más incentivos o dádivas.

No existe otro gremio mayor, ni siquiera los grandes sindicatos, como el de Pemex, el eléctrico, telefónico o la borrada CTM, y aun cuando existen brotes de protestas, como en la CDMX, en realidad se trata de un grupo reducido, un apéndice de la Sección 22, que en nada pinta frente a más de un millón 200 mil agremiados.

Para tales efectos, la aguerrida Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) es la cabeza de playa tomada por Andrés Manuel, concretada en el Día del Maestro, con la eliminación de la Reforma Educativa de Enrique Peña Nieto.

Los difíciles pasos que se dieron para quitarle a la educación nacional el yugo de los intereses sindicales, para rescatarla de la brutal corrupción y contubernio político, fueron derrumbados por un propósito: Fortalecer a una sola persona -ni siquiera Morena- para garantizar el control del futuro y la permanencia en el poder.

La educación pública es un asunto de Estado, pero también de la sociedad y de las instituciones que hoy fueron sometidas.

Leí la historia de Daniel Marín Quiroz, un joven estudiante del Tec de Monterrey -mi Alma Mater- que fue aceptado por 6 universidades de EU de la “Ivy league”, las más prestigiosas, y tres más, en todas becado, la menor con el 92%; la mayoría con el 100%. Harvard, por ejemplo, además, paga su estancia completa y lo que se necesite para no desconcentrarlo de su meta académica.

A las mentes brillantes, y más a las excepcionales, como la de Daniel, hay que cuidarlas, sin embargo, la inmensa mayoría estamos a años luz de ese nivel. Esto es, la educación de un país requiere disciplina, reglas claras con objetivos sociales; no gremiales. Por ejemplo, las reglas en la educación pública de Alemania y Japón tienen un grado incomprensible en estas latitudes.

No obstante, la educación pública de Estados Unidos es baja en comparación; sólo los estudiantes notables o los ricos pueden acceder a universidades de nivel, o de la “Ivy League”, pero son las mejores universidades del mundo y tienen un sistema de becas que les da para “robar” cerebros como el del joven estudiante del Tec de Monterrey que de otra manera caería en una educación mediocre.

Sin embargo, la comunidad científica rebasa fronteras y ni las guerras entre países evitan el flujo del conocimiento entre ellos.

Lo demuestran los esfuerzos de Arthur Eddington (inglés) por comprobar, en 1919, la teoría de Albert Einstein (alemán), dos países en conflicto, sobre la curvatura de la luz influenciada por la gravedad, que derrumba la teoría de otro inglés, Isaac Newton. Por cierto, este 29 de mayo se cumplen 100 años de la espectacular prueba en la Isla Príncipe (África), en un eclipse total de sol.

Someter la educación nacional a los intereses políticos es un crimen, manipulado por teorías de la conspiración desde Palacio Nacional para convertir la totalidad de la educación superior en educación privada, “impuestas por intereses extranjeros, como otras reformas, las llamadas estructurales”, dice López Obrador, con tónica chavista.

Indudablemente, esta retórica tiene un relativo éxito; a los seguidores del líder les encanta escuchar las parábolas mañanera y los slogans diseñados con propósitos específicos, como “la mal llamada Reforma Educativa”, “me canso ganso”, “la mafia del poder”, “nuestros adversarios”, y los de antes: “Al diablo con las instituciones”, y más.

Es un día de luto; le han propinado un gran golpe a México, en donde también son responsables el secretario de Educación, Esteban Moctezuma Barragán, y la de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.

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