Lucha anticorrupción, el mito genial de López Obrador

El combate a la corrupción es el conjuro para justificar cualquier decisión, por arbitraria que sea. Sirve para violentar el Estado de Derecho, fustigar a quienes se amparan contra sus decisiones; debilita a los poderes autónomos, cancela proyectos, corta medicinas a moribundos y recursos a la ciencia, y, a la vez, vemos a Peña Nieto, Carlos Salinas y Juan Collado cantar alegres con Julio Iglesias

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El foro presidencial de Palacio Nacional marca la diferencia.

Ese es el punto de inequidad en el debate y la agenda impuesta, de lunes a viernes, por Andrés Manuel López Obrador.

Cuando el presidente responde al Colegio de Abogados: “No me van a callar” es estrategia de victimización. Es el uso falaz en la respuesta a un reclamo que nunca pidió silencio en el comunicado emitido el viernes; la exigencia fue que no vulnere el Estado de Derecho, que respete la división de poderes; el derecho de ciudadanos y asociaciones a ampararse y a la protección de datos privados.

Nada que no haya juramentado López Obrador en la Constitución al tomar posesión, en el Congreso de la Unión, como presidente de la república.

El viernes 14 de junio, el Ejecutivo atacó desde Palacio Nacional, el foro supra mediático, a los solicitantes de amparos contra el proyecto aeroportuario en Santa Lucía y amenazó con exhibir nombres de amparantes y jueces que se los concedan

¿Por qué lo hace..? ¿Por qué transgrede el Estado de Derecho..? Porque considera su posición moralmente superior a quien se le opone y considera en sus manos un proyecto histórico, superior a cualquiera, la base del fundamentalismo que justifica cualquier cosa en el nombre de bien.

La violación al Estado de Derecho es tan clara como el silencio del ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, quien horas antes de los nuevos ataques de Andrés Manuel al Poder Judicial le dijo a Leo Zuckermann en Foro TV de Televisa: “No estimo que la independencia de la Suprema Corte y del Poder Judicial esté amenazada; la verdad es que el presidente López Obrador ha sido extraordinariamente respetuoso con la Corte, con los jueces; tenemos una muy buena relación, cordial y respetuosa, que parte del supuesto de la autonomía de ambos poderes”.

Sin embargo, en la conferencia mañanera de este lunes, el presidente de nuevo utilizó su conjuro favorito: “La lucha anticorrupción”, para justificar lo que le plazca.

Sin embargo, a seis meses de sobar y sobar diariamente este conjuro no hay pruebas de vida de la cruzada. Esto es, a estas fechas deberían estar decenas, o centenas, de funcionarios de la pasada administración denunciados, consignados, y muchos en la cárcel.

Tiene los datos a la mano; tiene información privilegiada para hacerlo, pero, en contrasentido, vemos a Enrique Peña Nieto, a Carlos Salinas y Juan Collado cantar con Julio Iglesias en la boda del abogado favorito del salinismo y del grupo Atlacomulco.

La sospechosa inacción contra “los corruptos” que protagonizan de forma fantasiosa la conferencia mañanera habla de que el objetivo real es fabricar un poderoso slogan para golpear a organismos y a los poderes autónomos con el propósito del control total, no para atrapar a los ladrones, a “los de arriba”, a los “neoliberales y neoporfiristas”, no; simplemente es para cumplir el propósito de erigirse como el Poder de los Poderes.

La lucha anticorrupción es el Mito Genial de la Cuarta Transformación.

No podría ser de otra forma cuando la 4aT presenta una alineación formada por Manuel Bartlett Díaz, Napoleón Gómez Urrutia, Ricardo Monreal Ávila, Marcelo Ebrard Casaubón, Dolores Padierna, Martí Batres, Mario Delgado y, en una segunda línea, René Juvenal Bejarano, Martín Esparza, Elba Esther Gordillo y su clan, y muchos más.

La Barra Mexicana del Colegio de Abogados, en un comunicado firmado por Héctor Herrera Ordoñez, aseguró ese mismo día que cuestionó la actitud del presidente: “Mediante acciones mediáticas y de otra índole que inhiben y cuestionan el ejercicio del derecho de defensa de las personas, presionan o dirigen al Poder Judicial, además de vulnerar la protección de datos personales de los denunciantes o en contravención a la división de poderes, toda vez que todas estas acciones atentan contra el Estado de Derecho”.

Les respondió que no lo van a callar; nadie le pide eso, pero es su victimización engañosa que lo erige como el vengador social, el que soñó con la revanchista distribución de la riqueza y que en cada paso, en cada decisión, provoca un caos.

En seis meses, el presidente lleva cinco renuncias importantes: Germán Martínez al IMSS, Patricia Bugarín a la subsecretaría de la SSPC de Alfonso Durazo, Josefa González-Blanco a la Semarnat, Tonatiuh Guillén al Instituto Nacional de Migración, y Simón Levy, subsecretario de Turismo, a la que habrá que sumarle la de Guillermo García Alcocer a la Comisión Reguladora de Energía por presiones directas del presidente.

Veo el tracking poll de Consulta Mitofsky de Roy Campos y, en la primera quincena de junio, la constante es el declive, de 64.2% al 62.7%, a 15 días de la celebración del primer aniversario de lo que llaman “la gran victoria”. Las señales empiezan.

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