López Obrador se aferra a los abrazos

Compartir:

Sobre las innegables muestras de fracaso en la estrategia de seguridad en el país, algunos culpan a Alfonso Durazo, otros a Andrés Manuel López Obrador; grave, los que culpan a los dos y al nuevo gobierno en su conjunto.


Sobre todo después de la andanada de hechos terribles con decenas de muertos y heridos las últimas cuatro semanas, pero rematando con el atentado en contra de Omar García Harfuch, Secretario de Seguridad Ciudadana de la CDMX, el ataque más retador en la Capital mexicana en décadas.


A algo así solo se atrevieron los poderosos cárteles de Colombia en época de la guerra contra el narcoterrorismo, llegando atacar en ciudades como Bogotá y Medellín. ¿Para allá se va, mientras el gobierno insiste en su política de contemplación, sin siquiera una vertiente paralela a la de combatir las causas sociales?


Este sábado el Presidente López Obrador lo reiteró: “Es muy importante que quede claro, nosotros no vamos a declararle la guerra a nadie. Nosotros no vamos a usar esas baladronadas… No se van a permitir masacres”. ¿Se habrá enterado de las últimas en un mes?


Lo bueno de todo es que admitió que se tiene miedo como lo tiene cualquier humano, pero que no son cobardes. Es decir, son valientes… ¿A qué precio?

…Y LAS AUTORIDADES A LOS ‘ABANICAZOS’

Y es que resulta que de los 31 o 32 detenidos el pasado 20 de junio en Celaya, Guanajuato, por presunta colusión con José Antonio Yépez Ortiz, “El Marro”, líder del Cártel de Santa Rosa de Lima, como la canción de los perritos, ya nomás no queda ni uno.


Los últimos cinco detenidos, encabezados por la madre de Yépez, María Eva Ortiz, fueron puestos en libertad por una jueza que consideró, contundentemente, que no había pruebas. Más aun, detalló una serie de irregularidades que, además de convertir en acusados a los acusadores, revela que en ministerios públicos se siguen cometiendo los mismos errores y hasta los mismos delitos.


Para empezar, la defensa de los detenidos dio otra lección a quienes arman las acusaciones. Demostró, por ejemplo, que los supuestos 2 millones de pesos en posesión de los detenidos, en realidad fueron sembrados.


Que a la señora Ortiz la acusaron primero de “operadora financiera” y luego de “narcomenudista”. Lo primero ni lo presentaron y lo segundo lo desestimaron.


Además, no había orden de cateo. Utilizaron una que obtuvieron a las 20:30 horas, reportaron la detención a las 21:00 horas, cuando la efectuaron a las 16:00 horas. Mintieron en el domicilio de la aprehensión, pues no corresponde con el de la orden. Para acabarla aplicaron tortura psicológica (hay audio).


Aunque todo pareciera un entramado para demostrar que hay “abrazos” y que, en verdad, los malportados piensen en sus mamacitas, lo cierto es que la justicia sigue haciendo agua. A menos que dentro de ocho meses el Presidente revele que él ordenó la liberación.

ACKERMAN, UN ACADÉMICO RECONVENIDO POR LA CNDH

Bueno, cuando menos nos dimos cuenta que la Comisión Nacional de Derechos Humanos y su titular, Rosario Piedra Ibarra, sí existen. De hecho, reapareció para, de compañeros, jalar las orejas a John Ackerman, como si de un jovenzuelo se tratara y no de un académico.


Después del atentado el viernes contra el titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX, el esposo de Irma Eréndira, Secretaria de la Función pública, todavía enojado con Carlos Loret de Mola, comparó a los periodistas con los miembros de grupos criminales.


“Los sicarios del narco son la contracara del sicariato mediático. Buscan desestabilizar a toda costa”, escribió Ackerman en twitter. Y la CNDH lo regañó: “Esta comisión nacional rechaza categóricamente estas expresiones del académico”.


El organismo que encabeza Piedra Ibarra le pidió conducirse “con civilidad y respeto” ante quienes ejercen el periodismo. Algo es algo. Bien, la CNDH ya puso su granito de arena. La UNAM, ¿cuándo?

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...