El “Coronavirus” bota las elecciones

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Ahora lo propone Marko Cortés, líder nacional del PAN, pero desde el 24 de marzo, además del recién nombrado presidente nacional interino de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, el propio Instituto Nacional Electoral, que preside Lorenzo Córdova, había ya estimado aplazar el proceso electoral del 7 de junio.


Si ya de por sí, con otros medidores, la renovación de 64 ayuntamientos en Hidalgo y el Congreso de Coahuila, eran el primer examen raquítico, pero estricto, para la 4T, pues ahora con los altibajos de la conducción de la epidemia del “Coronavirus”, los “transformadores” tendrá que prepararse bien para la prueba.


La suspensión del proceso es de sentido común, pues aunque para principios de junio suponemos que la Fase 3 de la pandemia ya habrá pasado sobre nosotros, en la reposición apenas estaríamos en las campañas.


Bueno, a no ser que la “fuerza moral” de algunos haga que para fines de abril, o antes, la ausencia del virus ya nos permita volver a los “besos y abrazos”.

LAS PROTESTAS QUE VIENEN

Desde hace una semana, la Ciudad de México, como casi todas las del país (y como una secuela mundial), vienen retratando una soledad que espanta. Y no tan solo por la ausencia de transeúntes y vehículos, sino porque atrás de eso está la desgracia de muchos comerciantes informales… y hasta de formales.


El asunto ha sido reiterativo por el Presidente López Obrador, pero también de Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud, en el sentido de no abandonar la vida pública por completo “porque el paro total de labores resulta en la afectación social y económica de las personas económicamente desfavorecidas”.


Más allá de los atracos y saqueos por bandas de verdaderos delincuentes, lo que debe preocupar son los posibles enojos de esos grupos de empelados que ante la ausencia de clientes o de quienes los contraten, no tengan de otra que protestar, primero, aunque se los impedirían en bien de “Susana Distancia” y, segundo, obtener el sustento a como dé lugar.


Las primeras muestras se dieron este jueves con la manifestación de 12 agrupaciones de indígenas y artesanos, gran parte del sector popular del que se nutre López Obrador, que amenazaron con un plantón en el Zócalo. ¿Los retiraría por “sana distancia” la Policía o la Guardia Nacional?


Alberto Tello Hernández, integrante de la Coalición de Organizaciones Indígenas Autónomas de México, reclamó que la suspensión o limitación de actividades ha provocado el cierre y las bajas ventas para los artesanos.


Otro, el de unos 300 cargadores (de 4 mil que existen) de la Central de Abasto, los famosos “diableros”, que, como punto para ver si alguien los voltea a ver, como los artesanos, bloquearon también el Zócalo. Su demanda, apoyo ante la epidemia.


El vocero de los “diableros”, Diego Méndez Jiménez, dijo que desde hace dos semanas no han tenido ningún ingreso económico para el sustento de sus familias. “Nos vamos a morir de hambre en lugar de por contagio del ‘Coronavirus’… No tenemos otros ingresos”.


La pregunta no es si alguien los socorrerá, sino cuántos miles o millones como ellos piensan ya no en cómo sobrevivir al Covid-19, sino al hambre.

FALSOS ‘EPIDEMIÓLOGOS’, Y FALSOS ‘ANTHONYS DE MELLO’

Soy de los que piensan que en momentos como los que se viven por la pandemia mundial de Covid-19, se deben seguir las indicaciones de los expertos (aun cuando los jefes de estos los ignoren). Finalmente resulta más cuerdo arreglárselas al final con quien acertó o erró en las medidas.


Pero el mismo esquema debe seguirse sobre las situaciones del espíritu y los sermones estilo “sopitas del alma”. Para muchos podrían representar la tranquilidad, pero para ello están las iglesias y lo filósofos dedicados a ello.


Porque, ¿no recuerda usted a “Juan Salvador Gaviota”, de Richard Bach, o “Caminar sobre las aguas” de Anthony de Mello. Hay momentos. Pero en días de emergencia, cuando miles de personas deambulan por las calles, como se dijo, esperando pepenar algunos pesos, que la Secretaría de Gobernación sobe la desesperación con ungüentos místicos es el colmo.


Enseguida parte de la receta renovadora de la “fuerza moral” de Olga Sánchez Cordero: “Reencuéntrate con tus seres queridos, conoce a tus hijos, reencuéntrate con tu pareja, conócela mejor. Aprende de ellos con humildad y respeto.


“Nuestro país tiene la mayor riqueza en su población, estamos llenos de valores y fortalezas que nos han forjado como nación para enfrentar cualquier reto… Ten largas charlas con tu familia, alimenta tu alma, tu espíritu; tus hijos lo merecen, tus nietos lo merecen y tu pareja también lo espera”.


Preferible, si el mosquito del “Coronavirus” no nos zumba los oídos, y si los santos oficios no dicen otra cosa, subirse al avión de “El Principito” (Antoine de Saint-Exupéry) y volar sin prejuicios.

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