Los tres chiflados de América

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El pasado fin de semana leí con morbo e interés varios artículos de prensa internacional de destacados especialistas hablando sobre las características y saldos hasta este momento del Covid-19 en el mundo, sobre quiénes habían actuado de una manera y quiénes de otra, de cómo las estructuras de salud habían contenido o administrado la pandemia, la actuación de algunos lideres y de las consecuencias que traería para los países en el corto y mediano plazo.

Dos cosas me llamaron poderosamente la atención: primero, que México estuviese ubicado en el segmento de los países cuyos líderes son considerados como populistas irresponsables, que han actuado de una manera ligera de principio a fin, que no han tenido una acción congruente y consistente en la administración de la crisis, en donde han predominado principalmente sus prejuicios y apreciaciones políticas en detrimento de las decisiones técnicas.

En el continente americano son tres los países bajo esta apreciación Estados Unidos, Brasil y México.

Los tres chiflados son la mofa internacional y sus países sufrirán las consecuencias de sus desatinos, de su falta de seriedad y de su incapacidad para liderar una crisis dando certidumbre, confianza y estrategia. Todo lo contrario, los tres líderes han socavado la unidad del país, han preferido la polarización y el enfrentamiento para afianzar sus bases sociales como estrategia política para defender su gobierno, con sus matices ideológicos en el fondo.

Los tres son iguales, bajo la bandera de ser políticamente antisistema que hicieron del enojo y el resentimiento social su empatía política y su fundamento para llegar al poder. Hoy los tres viven las vicisitudes de una pandemia mal manejado en gran medida por su inexperiencia, desconocimiento técnico de la política pública de gobierno y su obcecación por negar la realidad y apostarle a la política partidista.

Sin embargo, y producto de lo anterior, existe una evidencia estructural que explica tanto su emergencia como líderes populistas y al mismo tiempo ha sido un campo fértil para los terribles efectos sociales de la pandemia del Covid-19 y es su enorme brecha de desigualdad social.

México y Brasil son dos de los países con una mayor brecha de desigualdad en el mundo y Estados Unidos supera la media internacional. Esta realidad social incuba el enojo social que da origen a la emergencia de estos liderazgos y que irónicamente terminan por profundizar aún más la estructura desigual, pero alimentan el encono, porque en ello radica su permanencia en el poder, la polaridad social es su germen.

Pero sucesos como la pandemia debilitan sus gobiernos porque ponen en evidencia sus carencias y limitaciones programáticas, al debilitar su credibilidad social en su propia base piramidal, porque el mayor número de muertes se dan en este segmento poblacional.

Es esta la disyuntiva que enfrentan los gobiernos de los tres chiflados en América: por un lado, polarizan para alimentar el encono y el resentimiento social para robustecer su oferta de gobierno, pero al mismo tiempo se debilitan frente a los estragos de sus gobiernos ineficientes y huecos en el ejercicio de gobierno.

Al final, y esa es una conclusión preliminar, la democracia determinará su futuro como gobierno y en la mayoría de las ocasiones termina en fracaso, pero dejando un legado profundo de destrucción institucional y polarización social.

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