Los retos de José Antonio Meade y el deterioro de la economía mexicana

*En predestape anunciado por Videgaray lo comparó con Plutarco Elías Calles *En el debate de los candidatos a la Presidencia de la República ya se ve venir la andanada de cuestionamientos en contra del abanderado del PRI

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Cuando el 4 de noviembre de 1957, el secretario del Trabajo, Adolfo López Mateos, fue “destapado” como candidato a la Presidencia de la República, el ex presidente Miguel Alemán dedicó sus mejores elogios al futuro presidente de México, pero acotó: “Me parece un mexicano lleno de virtudes. Si acaso, encontraría una falla en él: no ha sido gobernador”.

La reflexión del ex mandatario mexicano tenía una enorme carga política.

Hasta esas fechas, y a excepción del general Manuel Ávila Camacho, casi todos los ex presidentes, desde 1910, y los del ciclo priísta habían sido gobernadores de sus estados.

A partir de esa fecha, los siete presidentes salidos del PRI hasta Ernesto Zedillo, ninguno fue gobernador.

La explicación de la certera sentencia de don Miguel Alemán la desentraña don Carlos Loret de Mola en su obra “Confesiones de un Gobernador”.

Al respecto, el ex gobernador de Yucatán puntualiza el necesario paso por un Poder Ejecutivo estatal o municipal: “Quien no ha sido alcalde o gobernador, y de preferencia también legislador, no ha estado en aptitud de que se le conozca a fondo, para intuir cómo reaccionaría investido con la máxima autoridad constitucional y las oportunidades de trato humano en esos cargos son muy valiosas”.

A don Carlos Loret no le faltó razón. Adolfo López Mateos fue un gran represor del movimiento ferrocarrilero en contra de los líderes Demetrio Vallejo y Valentín Campa.

Gustavo Díaz Ordaz reprimió violentamente la huelga de los médicos en 1965 y alcanzó la cúspide del autoritarismo intransigente con la masacre del 2 de octubre de 1968, sólo porque la juventud estudiante de México pedía auténtica democracia.

Luis Echeverría, con todo y su apertura democrática, resultó otro represor y asesino.

El 10 de junio de 1971 atentó contra la vida de cientos de jóvenes en aquél sangriento jueves de Corpus.

Carlos Salinas, derrotado por Cuauhtémoc Cárdenas y producto de un monumental fraude electoral, reprimió sin límites a la oposición.

Dan cuenta de sus atentados permanentes los 500 perredistas asesinados durante su régimen y la muerte de los expertos cibernéticos Javier Ovando y Ramón Gil, encargados de combatir el fraude electoral que llevaría a la Presidencia de la República al gran simulador (Rafael Loret de Mola dixit) Ernesto Zedillo.

Es evidente que si los mandatarios ausentes del ejercicio del Poder Ejecutivo local o municipal lo hubieran desempeñado con antelación mucho o algo de su actuación como titulares del Poder Ejecutivo federal, se habría manifestado anticipadamente.

José Antonio Meade Kuribreña, aun cuando tiene un impecable historial académico y administrativo, se le desconoce formación política en un cargo de elección popular. Es licenciado en derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México y licenciado en economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México.

Y aunque no tiene registro profesional se ostenta como doctor en Economía por la Universidad de Yale, en Finanzas Públicas y Economía Internacional.

En la administración pública federal Meade Kuribreña ha sido cinco veces secretario de Estado. Con Felipe Calderón ocupó los cargos de secretario de Energía y secretario de Hacienda.

En la administración de Peña Nieto inició como secretario de Relaciones Exteriores, continuó como titular de la Secretaría de Desarrollo Social y terminó al frente de la Secretaría de Hacienda.

Hasta ahí todo va bien.  En la segunda década del siglo XXI la decisión presidencial vuelve a imponerse sobre la voluntad de la militancia priísta y excluye el espíritu democrático que debe imperar en toda nominación para un cargo de elección popular. Sobre todo cuando se trata del destino del país para elegir Presidente de la República.

Al margen del Partido Revolucionario Institucional y sin una sola manifestación en contra, el anuncio de la candidatura impuesta se dio por primera vez desde Los Pinos, cuando el Presidente Enrique Peña Nieto aceptó la renuncia de Meade “para desearle éxito y continuar con su proyecto personal”.

Si bien no hubo la cargada tradicional de los sectores del PRI, esa manifestación por hacerlo candidato se dio al revés, cuando José Antonio Meade compareció ante cada uno de los sectores del PRI.

CTM, CNC y CNOP le dieron su apoyo político y moral irrestricto al más puro estilo corporativo que ha caracterizado al PRI durante 88 años.

Lo malo fue que en el predestape anunciado por Luis Videgaray para anunciar la candidatura de José Antonio Meade, lo comparó con Plutarco Elías Calles por haber ocupado cuatro secretarías de Estado en dos gobiernos diferentes. Independientemente de la pifia histórica (Hojas Libres de 26 de noviembre) la comparación fue poco afortunada.

Calles protagonizó los episodios más sangrientos en la historia de México. Así sucedió en la masacre de Huitzilac, Morelos, cuando para proteger la reelección de Álvaro Obregón, mandó a matar al general oponente antirreeleccionista Francisco Serrano, y en cuyo atentado asesinaron a los gobernadores de Chiapas Carlos A. Vidal y Luis P. Vidal, uno con licencia y otro en funciones.

Bajo ese escenario, y a unos días de su nominación, José Antonio Meade criticó las propuestas de López Obrador, al calificar de viejos los planteamientos para cambiar al país, pues aun cuando acepta que el diagnóstico de muchos de los retos es correcto, no se dice cómo solucionar el problema. Algo así qué hacer, pero no cómo hacerlo.

Andrés Manuel López Obrador puede estar equivocado, pero hay cuestiones reales de la economía mexicana que están ahí presentes y son irrefutables.

En el debate de los candidatos a la Presidencia de la República ya se ve venir la andanada de cuestionamientos en contra del abanderado del PRI.

El de mayor tamaño es el del Fondo Bancario para la Protección al Ahorro (Fobaproa) al que la aguerrida periodista Manú Dornbierer calificó con acierto como el Robaproa que empobreció a millones de mexicanos.

Para salvar a los banqueros, en vez de salvar al pueblo de México, el gobierno de Ernesto Zedillo dispuso de 100 mil millones de dólares (algo así como 2 billones de pesos actuales) de recursos fiscales. El artífice de ese fraude nacional fue Dionisio Meade, progenitor del candidato priísta.

Estará también presente en la discusión presidencial electoral el porqué la gasolina cuesta 60 por ciento más que en 2012 y hasta dónde llegará su precio ahora que ya fue liberada.

Tampoco tiene explicación la deuda de 53 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto, cuando que no tiene correspondencia con el crecimiento económico, así como tampoco con la disminución de la pobreza. Por el contrario, más deuda, menor crecimiento y mayor pobreza.

Tampoco habrá justificación al gasto de 30 mil millones de dólares tirados a la basura para contener la devaluación  sin ningún resultado.  De 2012 a 2017 el peso pasó de 12.50 a 20 pesos lo que significa un 60 por ciento de depreciación en el valor de la moneda mexicana.

Lo malo es que Meade Kuribreña estuvo en las secretarías que tienen relación con pobreza y desarrollo. Su paso por Sedesol no se vio acompañado por una mejoría en el nivel de vida de la población.

Y si bien es cierto que deuda, devaluación y bajo crecimiento es herencia de la mala política económica, como último secretario de Hacienda deberá de responder por tan magros resultados y no podrá culpar a sus antecesores.

Y falta todavía la respuesta del priísmo y los electores inconformes en las urnas. Ampliaremos…

 

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