Los resultados no dan ni para pastel

Las misteriosas citas de Delgadillo Padierna; un poco de silencio en defensa propia; paz, paz… ¡pas, pas!

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De haberse cumplido los augurios, hoy, el Gobierno Federal estaría de plácemes. Aquel 19 de abril de este año, un grupo armado irrumpió en un festejo que se realizaba en una casa de Minatitlán, Veracruz, y disparó a diestra y siniestra. El saldo, 14 muertos.

Tres días después, el Presidente Andrés Manuel López Obrador prometió, casi con premonición bíblica: “El compromiso es que en 6 meses disminuya la violencia y la inseguridad en Veracruz y en todo México. Lo fundamental es atender las causas, garantizar empleo y bienestar”.

Este martes, como despertador, sonó la campanita. Ciento ochenta días y las cosas empeoran. Ni siquiera el apresuramiento de sacar a la calle a la Guardia Nacional, ante ese suceso, ha bastado. Peor aún, la situación ya hasta tintina los oídos de Alfonso Durazo, Secretario de Seguridad Ciudadana.

 

LAS MISTERIOSAS CITAS DE DELGADILLO PADIERNA

El juez Felipe de Jesús Delgadillo Padierna debe procurar ser más cauteloso cuando acude a sus citas por avenidas que conducen a Toluca porque no faltará quien pudiera sospechar que cumplió consigna del Ejecutivo Federal al resolver que Rosario Robles permanezca en prisión mientras se esclarece su participación en la llamada “Estafa Maestra”.

Desechamos, por ahora, que el tema a tratar haya sido el de Tomás Zerón de Lucio, el ex secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional relacionado con el caso Ayotzinapa que, siguiendo el ejemplo del senador Napoleón Gómez Urrutia, escogió Canadá para mantenerse lejos de la justicia mexicana.

 

UN POCO DE SILENCIO EN DEFENSA PROPIA

Alejandro Gertz Manero no encuentra quien convenza al Presidente López Obrador de guardar un poco de silencio por su protagonismo en torno a la claudicación del gobierno mexicano ante el hijo de “El Chapo” en Culiacán.

Si López Obrador persiste en ser el centro de la trama, el Fiscal General de la República no va a poder hacerse de lado y va a tener que citarlo a declarar.

Lo último que el mandatario dijo fue: “Cuando me enteré que se había generado este conflicto (la violencia en la capital sinaloense para presionar la liberación de Ovidio Guzmán) me informan (alguien del gabinete de seguridad) y les pido que se reúnan y tomen una decisión. Me presentan su propuesta (dejar ir al hijo del capo) y lo avalo de que era lo mejor”.

Al buen entendedor…

 

PAZ, PAZ… ¡PAS, PAS!

A como van las cosas, ésta administración sí podrá presentar candidatura al Premio Nobel de la Paz. Ahora fue en Palacio Nacional en donde, ante la protesta por escasos recursos de decenas de alcaldes del PAN, PRI y PRD, para preservar la vida de trabajadores que restauran la fachada del histórico edificio, como la de los policías militares que lo custodian, personal de seguridad roció gas lacrimógeno.

¿Represión o prevención? El caso es que, como dijera “Layín”, aquel famoso alcalde de San Blas, Nayarit, que hace algunos años confesara que sí robó, “pero poquito”, este martes, Jesús Ramírez, vocero presidencial, no tuvo más que buscar la mejor salida al hecho. “Fue sólo un poco de gas… contra nadie… en la zona”, expresó. Poquito.

Pero lo elegante fue, entonces, que Jesús  sacó su aristotélica conclusión: “(Fue) una dosis moderada de aerosol defensivo natural”. Casi un beso.

 

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