Los memes del ‘memo’ y el ‘me canso, ganso’

Mentada Ley Educativa, así sea por reforma, contrarreforma o retrorreforma, ha vuelto loca a la Cuarta Transformación

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La primera reacción general que tuvo el “memorando” enviado por el Presidente Andrés Manuel López Obrador a los titulares de Educación, Gobernación y Hacienda para que “dejen sin efecto” la Ley Educativa aprobada en el sexenio de Enrique Peña Nieto es que él mismo confirma una de sus conductas: “Mandar al diablo a las instituciones”.
Otras dejaron claro que la Cuarta Transformación es “chambona” desde el momento en que una Reforma constitucional, por cuantos detractores u oponentes tenga, por buena, media buena o mala que sea, o porque es mal llamada “reforma educativa”, se pretende congelarla ¡mediante un memorando!..
La acción demerita no sólo el Poder, sino hasta el profesionalismo, el nivel, la investidura y la calidad del cargo. Me recuerda mucho a las famosas “mexicanadas” para solucionar el desperfecto de un auto, muy dado en el “pueblo sabio”. O el abrir una puerta a patadas.
Vaya, el “Memorando” fue rey del oficialismo rancio y burocrático de las oficinas del más bajo nivel, o los informes en corto, de Secretarios hacia abajo. Era el documento favorito de los bancos y dependencias de trámites.
Y ahora resulta que echar abajo un mandato constitucional -porque para su ejecución participaron los legisladores con debates, acuerdos, correcciones, adéndums y, si gustan, vueltas de una cámara a otra- es como firmar la orden para la compra de utensilios de oficina.
Al menos así se encuadró, finalmente, la advertencia del Presidente hecha desde el lunes antepasado (8 de abril, y reiterada el domingo 13, cuando agregó que lo haría por “decreto”) durante su “mañanera”, como respuesta a una pregunta de IMPACTO: ”Si se llega por el camino del diálogo a un acuerdo extraordinario (entre la CNTE y el Congreso) se realizará la contrarreforma, si no, voy a proponer la cancelación (de la actual, la de Enrique Peña Nieto); voy a cuidar bien cómo estaba antes la política educativa de la reforma que llevaron a cabo, la mal llamada reforma educativa, y voy a dejar las cosas como estaban (hasta el 2013), es decir, como funcionan los amparos, nada más que retroactivo. Que se quede tal cual”.
Hasta ahí todo estaba más o menos bien.
El Presidente descontento por la intransigencia de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que no suelta prenda a Mario Delgado y lo deja mal parado porque nada ha sacado a un Manlio Fabio Beltrones o Emilio Gamboa en eso de las negociaciones legislativas.
El Presidente preocupado por la reaparición de la maestra Elba Esther Gordillo, pero ahora muy cerquita, olfateando la Contrarreforma, por aquello de que a la mano presidencial se le pase el azúcar con los disidentes.
Hasta que llegó el día. Sólo que al Presidente se le olvidó preguntar a expertos en Derecho cómo y hasta dónde puede hacer y deshacer en cuestión de leyes constitucionales. Y si el decreto lo puede hacer suyo como herramienta de libre albedrío.
Sí, el “memo” se envió con membrete de la 4T y toda la cosa, y al estricto estilo de “Memorándum… A… Fulano, Mengano y Perengano…”.
De botepronto, nada menos que el Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación José Ramón Cossío alertó que el “memo” de López Obrador era muy fácil impugnarlo. Otros abogados dijeron, en corto, a IMPACTO que, como “Layín”, puede, pero poquito.
La oposición, principalmente el PRI y el PAN, señalaron que ordenar lo que ordenó el Presidente viola flagrantemente la Constitución, en principio, porque sus facultades no le alcanzan para abrogar o derogar reformas constitucionales o leyes, a menos que participe el Congreso y se vote, y es ahí donde en lugar de irse por la vía que enaltece -porque en teoría se defiende una causa justa- optó, para evitar el riesgo de la mayoría calificada, por el “memo” y el “me canso, ganso”.
El “memo” produjo memes y al Presidente se le vio muy “Maduro” por irse por la libre.
El caso es que la mentada Ley Educativa, así sea por reforma, contrarreforma o retrorreforma, ha vuelto loca a la Cuarta Transformación.
Bueno, mientras no vuelva locos a todos los mexicanos.
Yo sí me canso…

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