Los dientes de sable del PRI

Manlio Fabio Beltrones ha alborotado el gallinero en entidades importantes donde se elegirán gobernadores como Quintana Roo, Tamaulipas, Veracruz, Oaxaca y Chihuahua; de encuentro se lleva a los independientes y hasta a AMLO. Ni siquiera quienes llevan meses difundiendo spots levantan tanto polvo

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Lo que Manlio Fabio Beltrones gane, poco o mucho, para él y su partido, el próximo 5 de junio, el sudor de su frente le habrá costado.

Recién fue nombrado líder nacional de su partido en 2015, cuando todo mundo especulaba sobre cuál cargo le quedaba chico o mediano, sobre en cuál encontraría el zaguán para colarse a la grande, emprendió un viaje por toda la República, estado por estado, para meterse de lleno, como lo hace en cada encomienda, en el nuevo encargo.

Para empezar, su misma llegada a la dirigencia nacional del PRI aclaraba dos cosas: La cercanía y la confianza con el Presidente Enrique Peña Nieto, y la seriedad con la que tomaba el PRI el reto del proceso electoral del 5 de junio próximo.

Característica tan muy del tricolor como ningún otro partido, la unidad, siempre y cuando, como ahora, exista una cabeza visible y apostada en Los Pinos y Palacio Nacional. Sin esa cuña la anarquía los enloquece.

En contraparte, en el PAN, Zavala, Anaya, Moreno Valle y al rato Corral, despedazan la hogaza.

En el PRD, el único, Miguel Ángel Mancera -según Miguel Barbosa-, se pone sus moños a pesar de toda la maldición ciudadana ante las pésimas medidas por el criminal smog y la insultante nueva Ley Vial: El sol azteca decide si me postula o no, yo voy.

Cuando Beltrones arribó a la dirigencia nacional del PRI en agosto de 2015, ya había pasado el proceso electoral del 7 de junio en donde nada mal le fue al tricolor, sino todo lo contrario.

El nuevo proceso electoral, ya encima, trae casi los mismos retos del anterior. La diferencia es que el año pasado se renovó la Cámara de Diputados y nueve gubernaturas. Ahora la adrenalina sube a 12 gubernaturas de 13 estados en donde habrá votación.

Entre 2015 y 2016 hubo una ficha capicúa en favor del PRI: Colima se jugó en ambos años y en ambos ganó el tricolor.

Como el 2015, el 2016 es parte de la configuración y sondeo del 2018. Entonces ganar es más que importante.

Para ello llegó Beltrones, un “boanerge” en cualquier lugar que lo requieran o pongan.

En su primer discurso al frente del tricolor, dejó claras varias cosas, principalmente lo que opina sobre su forma de ver la política, su actitud ante el partido y el compromiso adquirido.

“Me ha tocado -entonces- ver al partido en el poder, como actor casi único; al partido en la oposición leal con México y sus instituciones, pero defendiendo su principios; y al partido recuperando el poder en la segunda alternancia, transformando al México del Siglo XXI”.

Habló del triunfo del PRI en los procesos electorales del 2012 y 2015. “Sería difícil ignorar las elecciones de junio pasado. Admitamos que los partidos políticos se han rezagado respecto a las demandas de las sociedades modernas. No son suficientes para ganar por sí mismos unas elecciones”.

Y entró de lleno en el augurio del ambiente ahora en todo su apogeo y a dos semanas de concluir el 1 de junio, cuatro días antes de la elección.

“Haremos del diálogo franco y respetuoso nuestra cotidiana forma de trabajar por México.

“No obstante, y hay que decirlo, el respeto es de ida y vuelta, así que cuando sea necesario también estaremos listos para responder a los que hacen de la ofensa y la diatriba su única forma de entender la política”.

Y citó a Jesús Reyes Heroles: “Creemos en el valor y la eficacia de la política, ella es tan limpia que ni los políticos sucios logran mancharla; ella es tan grande que ni los políticos pequeños logran empequeñecerla”.

A diferencia de otros dirigentes nacionales de partidos, Beltrones reforzó el equipo que lo acompañaría en la enmienda de conservar lo ganado en 2015 y, de ser posible, obtener más.

Se rodeó de experiencia. Por ejemplo, en la Secretaría de Acción Electoral colocó al vicecoordinador del Senado y ex secretario general de Gobierno de Jalisco, Arturo Zamora.

Reunió y ratificó, entre otros, a Marco Bernal, Joaquín Hendricks, Manuel Añorve.

Sus palabras “el respeto es de ida y vuelta” engloban la experiencia política en todo sentido.

Hoy por hoy las campañas políticas no son un manjar o una perita en dulce. Tan sólo veamos el ejemplo de ayer entre los Yunes en Veracruz.

Héctor (PRI) acusó a su primo hermano, y contrincante por la gubernatura, Miguel Ángel (PRD-PAN) de ser un perverso y un enfermo sexual.

Pecata minuta, dicen algunos, el tema es viejo y conocido y sin fundamentos.

Puede ser, pero una acusación así: “Tengan cuidado, Miguel Ángel es un perverso, es un enfermo sexual… hay denuncias ante la PGR… cuiden la seguridad de sus hijos, que no los confunda… no me crean a mí, créanle a esta muchacha que ya fue violada y que declaró que él también ha estado violando a otras niñas..”, “mata a cualquiera.

Entre familiares quizá las cosas se exageran.

En las últimas semanas, cuatro estados viven una encarnizada pre-elección.

Nada del discurso relavado de Andrés Manuel López Obrador o el palabrerío insípido de Anaya desde hace meses y sin efecto alguno para raspar al PRI.

La guerra es ahora en Tamaulipas, Quintana Roo, Chihuahua, Oaxaca, Veracruz, básicamente.

La Historia no da para vaciladas y el que se lleva se aguanta.

Con la llave china aplicada a la ideología y a la supuesta fe de sus conceptos políticos y sociales, algunos partidos inventaron las alianzas, sin ser afines y extremadamente opuestos. Vendieron, pues, su alma al diablo.

Ojo, una cosa es alianza y, otra, gobierno de coalición.

En Tamaulipas, el “screwball” del PRI remeció la tierra. Retiró a tres de sus candidatos a alcaldes (“amenazados, chantajeados o comprados por los delincuentes”) por supuestamente apoyar al aspirante panista a la gubernatura Francisco García Cabeza de Vaca por órdenes del crimen organizado. Después, la acusación de que el mismo candidato blanquiazul paga en Estados Unidos la residencia de la familia Anaya.

Anaya debió dejar a un lado sus spots donde cambia de camisa en distintas ocasiones para atender, sí, una verdadera guerra.

“Como partido político, el PRI no quiere que se le aparezca, como al PRD y a López Obrador se le apareció, un Abarca en Iguala”, dijo Beltrones el 9 de mayo.

Y lo mismo ocurre en Quintana Roo donde el candidato oponente al PRI, Carlos Joaquín, desleal al tricolor y al Presidente Enrique Peña Nieto, quien lo ubicó como subsecretario de Turismo, siente no lo duro sino lo tupido de pelear un cargo público. ¿Pensó alguna vez en que sus presuntos “pecados” permanecerían bajo llave?

Veracruz nada más qué decir. Oaxaca y Chihuahua están con la mecha encendida.

El 6 de mayo, Manlio hizo referencia al proceso en Zacatecas, en donde Rafael Flores va como candidato de la coalición PAN-PRD y David Monreal por Morena.

Actualmente, el priísta Miguel Alonso Reyes gobierna Zacatecas, un total desconocido, al menos de la entidad hacia afuera.

Preguntaron al líder priísta: ¿Puede regresar el estado a una gubernatura de izquierda?

Respondió: “Tenemos que identificar muy bien cuando realmente está la izquierda queriendo gobernar o cuando solamente es el oportunismo que salta de partido político en partido político, pero queda en las mismas manos y en las mismas familias”.

Más atrás, el 30 de abril, Beltrones azuzó a los nuevos “héroes”.

“De lo que se trata es de que se resuelvan los problemas (de la población). Una elección no se trata nada más de ganar, sino de gobernar mejor. Y por eso, los improvisados, aquellos que no tienen experiencia deben hacerse a un lado y darle su lugar a quienes pueden hacerse cargo de los problemas”.

¿Se refiere a los independientes?, preguntaron.

“Me refiero a todos aquellos que nunca han gobernado, que nunca han tenido la experiencia de un gobierno, y lo único que logran aportar son sus parlanchinas disertaciones sobre lo que sucede, pero sin saber cómo se resuelve”.

Lo ocurrido hasta ahora rumbo al 5 de junio es apenas normal, sobre todo si se vislumbra el futuro.

A dos semanas de acudir a las urnas, las mechas, ni duda cabe, están prendidas.

Algunas, por cierto, cortas. Muy cortas.

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