Los desaguisados de Palacio Nacional

Muchas, las casualidades que coinciden con Evo; pero, ¿el boliviano hace lo políticamente correcto?

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Por osados, insolentes o inconvenientes, varios han sido los desaguisados ocurridos, en los últimos días, en Palacio Nacional, algunos con la presencia del Presidente Andrés Manuel López Obrador; otros con la participación aislada de sus colaboradores o personajes de más confianza.

De algunos de ellos se ha sabido, y se ha dado cuenta, en columnas periodísticas porque las “paredes oyen”; otros porque surgen como nota periodística ante la soflamería de los participantes en los encuentros… o desencuentros.

Recordar, por ejemplo, la reunión, de la semana pasada, con legisladores de Morena y sus aliados, como el PES y PT, donde, dicen, el Presidente tuvo que abandonar entre rechiflas, pero enojado y sin despedirse, ante las inconformidades por la propuesta del Presupuesto. Hubo reproches y acusaciones graves.

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Por esos días, a las oficinas de Hacienda, en Palacio Nacional, llegó el personaje más recordado, por ahora, en toda Baja California y en muchos rincones del país; sí, Jaime Bonilla, que no se puede sacar de la cabeza que su plazo para gobernar es de dos años, y no de cinco.

Iba con la idea de convencer a Arturo Herrera, titular de la SHCP, de que debía facilitarle recursos para sacar a su estado del “atorón” que le dejó la administración panista bajo la consigna de que él se “puso guapo” durante la campaña de quien hoy ocupa la Presidencia de la República, además de que era su “súper cuate”.

Pero Bonilla se llevó una sorpresa con la reacción de Arturo Herrera, que no sólo no le siguió la corriente, sino que lo puso en su lugar advirtiéndole que no había dinero ni para él ni para nadie. Salió de la oficina como tromba.

Este miércoles, el sinsabor del Presidente con los legisladores de Morena y sus aliados se prolongó luego de que durante la reunión del Gabinete de Seguridad, a la que acudió Mario Delgado, el Mandatario federal insistió en que “no lo han entendido”.

Con su encomienda, Delgado se fue de Palacio si no con el rabo cola entre los pies, sí con una losa en su espalda. Debía llevar el mensaje a sus correligionarios de Morena y aliados. El Jefe está que arde.

A como están las cosas por todos lados ya habrá quien se dé cuenta de que no es el viento el que azota las puertas de Palacio Nacional.

 

MUCHAS, LAS CASUALIDADES QUE COINCIDEN CON EVO

Por la mañana de este miércoles, durante su conferencia en Palacio Nacional, el Presidente aludió a la “coincidencia” de la llegada del ex Presidente de Bolivia con la protesta de policías federales frente a la Terminal 1 del Aeropuerto “Benito Juárez”.


Como decimos al mejor estilo de esgrimir un sabotaje, Andrés Manuel López Obrador “ve moros con tranchete”, pero sus razones tendrá. “Sigue habiendo mucha provocación… No es casualidad que llegue Evo y, al mismo tiempo (los policías), se organicen para protestar; no es espontáneo; alguien que está meciendo la cuna…”.

En esa lógica, las casualidades son muchas: La protesta de campesinos en la Cámara de Diputados; la de comuneros bloqueando la Avenida Reforma; la de padres de familia con hijos con cáncer por falta de medicamentos; la de normalistas impidiendo el tránsito de trenes por Morelia; la de alcaldes exigiendo recursos en el Zócalo.

Y eso que a Evo no se le presentó la emergencia hace tres o dos semanas; si no se habría topado con que una balacera enorme copaba Culiacán y los ciudadanos corrían por todos lados. O que en Bavispe, Sonora, masacraban a seis niños y tres mujeres. Porque en lugar de aterrizar en México habría pedido desviar el vuelo a La Habana o Teherán.

 

PERO, ¿EL BOLIVIANO HACE LO POLÍTICAMENTE CORRECTO?
Muchos, o la mayoría, dirán que no hay nada más correcto que cuidar la vida. La pregunta surge porque mientras Evo Morales estará plácidamente en México, quizá no emocionalmente, pero sin tantos riesgos, sus compatriotas, los miles que lo apoyan, no la tienen fácil; se enfrentan a otros ciudadanos y a las fuerzas del orden.

Nada que ver como su última noche en Cochabamba, acostado sobre el piso, con un improvisado protector de zancudos utilizando una cobija y atada con cables. Literalmente, Evo “se tiró al catre”.

Aunque, es cierto, él tuvo la “amable” advertencia del Ejército boliviano de que debía retirarse de la Presidencia, otros mandatarios sudamericanos que antes que él enfrentaron fuertes protestas sociales, y la siguen padeciendo, como Lenin Moreno, Daniel Ortega, Sebastián Piñera y Nicolás Maduro, no han salido de sus países.

El tiempo y las circunstancias dirán cuánto tiempo Evo vivirá entre nosotros, sin que eso signifique que queramos que se vaya. Bolivia es su país y él es parte importante de su suerte. Además, él prometió volver “con más fuerza”. Claro, siempre y cuando Jeanine Añez no acapare tanto poder como lo hizo él.

 

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