Los caminos oscuros y en tinieblas del ‘huachicol’

Tal como lo inició el gobierno de López Obrador, el combate al robo de combustible a Pemex fue prioridad sobre la guerra de cárteles de la droga. El plan tiene que ver con el ahorro de recursos para uso social

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De acuerdo a información en redes sociales, Colombia terminó el Siglo XX, e inició el XXI, con la calamidad que hoy padece México, la extracción ilegal de combustible de sus respectivas petroleras, Ecopetrol (Empresa Colombiana de Petróleo) y Pemex (Petróleos Mexicanos).

Informes oficiales señalan que luego de que el delito llegó a su punto máximo en el 2002, con el robo de 7 mil 270 barriles diarios (3 por ciento, entonces, de la demanda diaria del país), el volumen de la sustracción logró reducirse, actualmente, a 41 barriles diarios.


Colombia hizo cosas muy parecidas a las que está aplicando hoy el gobierno de Andrés Manuel López Obrador para combatir el “huachicoleo”; incluso podría decirse que los esquemas son copiados o recomendados, que incluyen vigilancia de policías y militares, endurecimiento de penas y aplicación de tecnología para detección y obstrucción.

En los años citados, Colombia combatía, al unísono, guerrilla, narcotráfico y robo de combustible. Todo después fue una sola cosa. A la vista, y sobre hechos contundentes, además del volumen de participantes, cabe decir que el principal problema para el gobierno de ese país fue el narcotráfico, y después la guerrilla. Aunque funcionaban en bloque, los combatió por separado.

Nuevas versiones indican que con todo lo implementado, apenas el año pasado, 2018, las autoridades colombianas detectaron alrededor de mil 277 tomas ilícitas en la red de Ecopetrol, mientras un año antes contabilizaron 812. Es decir, si, en tácticas, el gobierno se modernizó, el crimen organizado también. Más aun, y podría pasar en México, el delito, sea cual sea el estatus legal, es recurrente.

Ayer, en México, ocurrieron dos hechos que dimensionan los distintos panoramas del “huachicoleo”, al margen de otros que tienen que ver con lo mismo y que involucran a pobladores, a veces obrando por cuenta propia.

Aunque la tragedia de Tlahuelilpan (hasta ayer 117 muertos) queda como una especie de “moraleja” inducida, y muchas dudas sobre la facilidad con la que la gente se acercó a la bomba de tiempo de tan sólo minutos, el robo de combustible tiene otros puntos que, para buena calificación del actual gobierno, se están desenmascarando.

Uno de ellos fue que, por vez primera desde que inició el plan contra el “huachicoleo”, grupos delictivos responden a las acciones gubernamentales secuestrando vehículos y bloqueando una carretera, como ocurrió en la autopista Salamanca-Celaya, y en las carreteras libres Celaya-Juventino Rosas, e Irapuato-Juventino Rosas. En la acción utilizaron al menos 12 vehículos que, posterior al bloqueo, fueron incendiados.

La reacción se produjo luego de que policías estatales, Marina y la Policía Federal, decomisaron un tráiler doble remolque del que al menos 17 vehículos surtían gasolina presuntamente robada en la comunidad San Salvador Torrecillas.
Lo mismo indica que la resistencia será larga, y quizá en menor grado, pero el robo subsistirá.
Esto es, digamos, la parte ruda de este delito.

Pero lo ocurrido en Azcapotzalco es otra historia. El aseguramiento de un predio sobre el cual operaba una supuesta empresa de químicos en donde se ubicaron cinco tomas clandestinas de ductos que transportaban, según informó el Director General de Pemex, Octavio Romero, gasolina y turbosina.

La operación de este “huachicoleo” puede calificarse de “fifí”, pues en el sitio se encontraron túneles que conducían a la ubicación de las tomas, pero el conjunto incluía oficinas. Vaya, todo implica que el negocio era redondo y, por su forma de organización ilegal, es parte de un cártel “huachicolero”, presumiblemente, de cuello blanco.

El hecho es novedoso y esclarecedor de hasta dónde, realmente, se robaban el producto de Pemex. ¡Cinco ductos bajo techo y entre oficinas!

Cierto, anteriormente se descubrieron bodegas o predios ocultos tras bardas, cercanos a Puebla, Guanajuato o Veracruz, en donde hacían fila vehículos para cargar combustible robado, pero en plena Ciudad de México, en una delegación, no.

Azcapotzalco es, quizá, la delegación con más señales petroleras, pues aquí existió la desaparecida Refinería “18 de Marzo”, construida en 1933, justo, por cierto, cuando el General Lázaro Cárdenas se postulaba para Presidente de México.

Hoy es un parque ecológico, pero en el subsuelo subsiste la maraña de ductos, la red del oro negro y sus derivados.

Gran hallazgo que se veía venir, pues, desde hace días, el Ejército rondaba y establecía “bases” por algunas calles de la delegación que causaban extrañeza entre los ciudadanos.

Tal como lo inició el gobierno de López Obrador, el combate al robo de combustible a Pemex fue prioridad sobre la guerra de cárteles de la droga, sobre todo, se entiende, por el aspecto social y de ahorro de recursos que su estrategia política contiene.

Lo he dicho varias veces, y es el mismo contexto que debe aplicarse a las desapariciones, en la suma de muertos en el país mucho tiene que ver la rivalidad de las bandas delictivas, los grandes cárteles. Los involucrados se eliminan entre ellos. Claro que muchas veces afectan al ciudadano, sobre todo al producir temor, al “secuestrar” sus libertades o el ser afectado por el dramático daño colateral.

Lo ubicado en Azcapotzalco podría ir más allá. Encontraron un nicho de robo de combustible ingenioso y con ingeniería.

 

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@RobertoCZga

 

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