López Obrador ya no es inalcanzable: GEA-ISA

Rutilio Escandón, de la debacle electoral a la caída libre

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Este 13 de mayo habrá de realizarse el debate entre los candidatos a la gubernatura del estado de Chiapas.  Compiten, por Chiapas al Frente, José Antonio Aguilar Bodegas; en la fórmula PRI-Verde Roberto Albores Gleason; Rutilio Escandón Cadenas va con las siglas de Morena y Jesús Alejo Orantes representa la primera candidatura independiente.

El escenario para la nominación de cada candidato guarda un curioso paralelismo con lo ocurrido con las candidaturas presidenciales.  Ricardo Anaya hubo de competir, hacia el interior de su partido, con otros aspirantes del peso del ex presidente Felipe Calderón, en la persona de su esposa, Margarita Zavala, con Rafael Moreno Valle, ex gobernador de Puebla, Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la Ciudad de México, y Gustavo Madero, ex dirigente nacional panista.

Sin más trámite, José Antonio Meade fue producto de la voluntad de Enrique Peña Nieto y la disciplina partidaria de Miguel Ángel Osorio Chong, en tanto que Andrés Manuel López Obrador ofició a solas la misa en la que por tercera ocasión decidió ungirse como el candidato de Morena y el salvador de la patria.

En Chiapas, José Antonio Aguilar Bodegas enfrentó persecuciones, amenazas y un sinnúmero de obstáculos  a su candidatura.  Primero cuando de la actual aspirante a senadora María Elena Orantes López se pretendió su imposición como candidata del Frente.  Después vino la represión político-policiaca a cargo del reciclable fiscal Raciel López Salazar con una averiguación previa inventada.  Más adelante se buscó que el actual candidato a senador por Morena, Eduardo Ramírez Aguilar, presidiera la alianza Verde-Chiapas al Frente como candidato a gobernador.

Finalmente, y en contra del peso del Estado, José Antonio Aguilar Bodegas fue nominado candidato a la gubernatura por la coalición Chiapas al Frente.

La candidatura de Albores Gleason vino etiquetada desde el PRI y el Verde nacionales, a pesar de su pésima dirigencia, cuando transitó seis años (los estatutos del PRI prevén solamente cuatro) como presidente del Comité Directivo Estatal, y la falta de transparencia en el manejo de los dineros partidarios.

Rutilio Escandón siguió la ruta trazada por el “Peje” de Macuspana desde el 2006.  Sin rival al frente, Andrés Manuel decidió que Rutilio fuera su candidato personal (y no de Morena) en el estado de Chiapas vía el dedazo que tanto ha criticado en contra de incontables sucesiones presidenciales priístas de casi 80 años.  Sólo que los resultados están a la vista.

Rutilio Escandón Cadenas no levanta, no convence y no garantiza a López Obrador que, el 1 de julio, Morena gane la gubernatura de Chiapas.  El mismo AMLO pudo darse cuenta cuando al inicio de la campaña a gobernador, el 29 de abril, el rechazo a Rutilio fue excesivo y evidente.  Así quedó de manifiesto en Palenque, Ocosingo y San Cristóbal, cuando al grito de “no, no, no ya cámbialo”, el electorado mandó la señal de que “AMLO sí, Rutilio no”.

Después de esas experiencias, el patrón de rechazo a la candidatura de  Escandón Cadenas se volvió endémico.  A cada lugar donde se ha presentado, el resultado es el mismo: El abucheo y la inconformidad en contra de la imposición.  Así sucedió también en los municipios de Cintalapa y Berriozábal, en los que Rutilio Escandón no pudo disertar.

La tragedia morenista en Chiapas es todavía mayor porque el repudio viene de los que deberían ser sus propios correligionarios.  A los mítines se invita no solamente a militantes, sino a simpatizantes.  Y cuando hay capacidad de convocatoria basta con que se diga que estará el candidato para que por su propio pie lleguen hayan o no definido el sentido del voto.

Lo malo para Escandón Cadenas es que los acarreados para sus mítines son los primeros en cuestionar una candidatura en la que nunca estuvieron de acuerdo, a pesar de que desde el Tribunal Superior de Justicia utilizó recursos públicos para promoverse y obligar a funcionarios de todos los niveles a llegar a sus reuniones de promoción personal con el cuento de informar y perfeccionar el nuevo sistema de justicia penal, que nunca entendió.

Por el contrario, hoy, más de 2 mil 500 trabajadores del Poder Judicial de Chiapas promueven el voto de castigo en contra de Rutilio Escandón.  Y hay razón para ello.  En violación de lo que establece  la Constitución de Chiapas, y la de México, bajó el sueldo a jueces y magistrados; canceló los bonos semestrales y anuales a que tenían derecho,  y a los notificadores les expropió los raquíticos mil pesos en vales de gasolina, indispensables para movilizarse por la ciudad y que representaban una ayuda a su precario sueldo.

Así, a los que deberían ser sus aliados los convirtió en formidables adversarios: Todos los morenistas de Chiapas y sus antiguos subordinados.

A la cadena de desaires y censuras manifiestas a Escandón se suma el evidente descenso de Andrés Manuel en las preferencias electorales.  Después del primer debate presidencial, el cambio en las encuestas alertó al “Peje” y a los estrategas de Morena.  Ya no son los 48 puntos que los votantes decían entregarle a López Obrador ni los 20 que, en su contabilidad personal, decía llevarle de ventaja a Ricardo Anaya.

La última encuesta de GEA-ISA elaborada por Ricardo de la Peña concede a Andrés Manuel una intención del voto (menos de un tercio) de apenas el 29 por ciento, seguido por Ricardo Anaya con el 24 y José Antonio Meade con el 20, es decir, la ventaja se reduce, ya, únicamente a 5 puntos.  Y si entre Margarita Zavala y el “Bronco” tienen el 6 por ciento de las preferencias electorales, ello quiere decir que entre todos llegan al 79 por ciento.

Ese 21 por ciento que falta va a ser determinante en la elección del 1 de julio porque ahí se encuentra un importante universo de indecisos que todavía no define el sentido de su voto.  Además, por primera vez votarán 14 millones de jóvenes de entre 18 y 23 años que seguramente no ven como opción política a Andrés Manuel López Obrador, perteneciente a otra generación.

Y, desde luego, el debate de este 13 de mayo en el estado de Chiapas va a poner en evidencia  el paralelismo entre López Obrador y Rutilio Escandón: Ambos son malos en la tribuna y carecen de propuestas viables para México y Chiapas.

Si Rutilio, en cinco años, como magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia, no tuvo tiempo para aprender algo de derecho, apenas en cuatro meses no tiene idea de las necesidades y de los graves problemas que enfrenta Chiapas,  además de que no puede criticar, como tampoco deslindarse, a un gobierno del cual formó parte.

Así, sin talento ni talante políticos, la única opción de Rutilio Escandón son los buenos oficios del mayor mapache electoral, Amador Rodríguez Lozano, del cual diremos cómo opera exactamente para hacer ganar a quien no tiene la menor posibilidad de triunfo.  Ampliaremos…

 

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