Lo que va de ayer a hoy: Contrastes

En espera de que se realice con acierto, entramos a la etapa de la reconstrucción

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Septiembre negro: Fechas fatídicas; 1985 y 2017 son años que quedarán marcados, por el sello de la desgracia, en la historia mexicana, fechas que recogerán el dolor de miles de familias víctimas de la violencia de la naturaleza, de la agresividad sísmica. Sin embargo, entre ambas hay diferencias dignas de ser destacadas.

La primera está relacionada con el origen. Aquella tuvo como epicentro las remotas costas del océano Pacifico, en los límites de Michoacán y Guerrero. Sus ondas destructivas encontraron un campo fecundo en las blandas tierras de Anáhuac. Con magnitud sísmica menor, pero mayor intensidad, la segunda se originó en los límites de Puebla y Morelos.

La segunda gran diferencia se localiza en la actitud del gobierno. En 1985, el sismo paralizó de miedo al gobierno federal y al local. Si bien, de inmediato, las fuerzas militares hicieron acto de presencia para evitar actos de pillaje, la “grilla” burocrática aconsejó al presidente De la Madrid el retiro del Ejército con el argumento de que “se sabe cuándo abandonan los soldados los cuarteles, pero nunca cuándo retornaran”. Alimentaron una obsesión presente en la mente del presidente: Años antes, un sismo que arrasó con la ciudad de Managua había favorecido la presencia de los rebeldes nicaragüenses, quienes lograron derrocar a la dictadura de la familia Somoza. Privaba en el ánimo presidencial una perturbadora preocupación por el control del gobierno, como lo muestran las fotografías y videos de un presidente al visitar algunas calles con edificios desplomados: Era un hombre con rostro sombrío, remoto al dolor humano, lindante en la indiferencia. Los cadáveres eran signos de rebelión. Hoy, por lo contrario, la reacción presidencial fue inmediata: Hicieron acto de presencia las Fuerzas Armadas (Ejército, Marina y Policía Federal), provistas de elementos humanos y materiales para emprender las labores de auxilio a la población civil, y el gobierno facilitó la colaboración de todos los interesados. El negrito en el arroz corrió a cargo del sectarismo troglodita del gobierno de Morelos.

La tercera gran diferencia fue la actitud ante la ayuda externa. En 1985, en un acto de soberbia incomprensible, el Presidente De la Madrid rechazó, tajantemente, la ayuda del exterior porque el país, a su parecer, contaba con todos elementos materiales para enfrentar la desgracia. Debido al desconcierto internacional, 24 horas después cambió de opinión y agradeció, de antemano, el apoyo de otros países. Hoy fue recibida con gratitud la ayuda del resto del mundo y el gobierno abrió los cauces para el auxilio a los damnificados por parte de todas las instituciones nacionales e internacionales, laicas o religiosas.

En cuarto lugar, en 1985, las tareas de protección civil eran desconocidas; a partir de esa fecha se han venido institucionalizando en los gobiernos, contribuyendo a crear una cultura en todos los ámbitos de sociedad. Sin duda, la alarma sísmica, obra de la capacidad de los científicos mexicanos, del Instituto de Ingeniería de la UNAM, ha contribuido, de manera muy eficaz, a la formación de la conciencia social acerca de estos fenómenos sísmicos.

En quinto lugar, los daños humanos y materiales fueron muy diferentes. En 1985 se recogieron los cadáveres –concentrados en el Parque de Beisbol del Seguro Social— de cerca de 6 mil personas y se estima que 4 mil adicionales quedaron insepultos. En la ciudad se respiraba el olor a muerte. Los daños materiales fueron mucho mayores. En calidad de testimonio conviene señalar que las obras de reconstrucción en la ciudad comprendieron más 80 mil viviendas, al amparo de cuatro programas: Renovación Habitacional, Programas Fases 1 y 2 y Reconstrucción de Tlatelolco: Adicionalmente fueron reconstruidas muchas escuelas y numerosos hospitales; se reparó la infraestructura hidráulica y telefónica. En fin, la reconstrucción fue muy costosa y contó con el apoyo financiero del Banco Mundial.  Hoy, la información disponible consigna daños humanos y materiales, felizmente, muy inferiores en la ciudad, no así en Chiapas, Oaxaca y Tabasco, lugares donde el gobierno tiene un gran desafío en materia de reconstrucción.

Finalmente, gracias a la capacidad de convocatoria del ingeniero Hiriart, el reglamento de construcción de la ciudad registró cambios importantes. Además de establecer normas más severas para la construcción de inmuebles, a partir de 1987 se creó la figura del Perito Responsable de Obra; gracias a esa disposición, quienes aprobaron de la construcción de edificios de dos o más de niveles tienen nombre y apellido.

Entramos a la etapa de la reconstrucción. Espero que se realice con acierto.

 

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