Lo que el viento a Juárez

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El Presidente López Obrador tiene derecho a ufanarse de que a él también el viento y lo demás le hace lo que a Juárez.

No fue por azar, sabía de qué hablaba al expresar que la epidemia del coronavirus vino como al anillo al dedo a la Cuarta Transformación. Lo confirmará en la gira triunfal que iniciará este lunes por el sur del país y reiniciará la siguiente semana por el norte.

Nada hay ya que pueda parar la revolución que inició a partir del 2 de julio de 2018 en que empezó a gobernar sin haber protestado como Presidente de la República.

Según sus cuentas, a pesar de todo lo que se ha escrito y dicho sobre los escenarios catastróficos que pronostican el Banco de México y los organismos extranjeros, como el Fondo Monetario Internacional y el Bank of América, el país va bien, requetebién.

La nueva situación la entendió ya hasta la oposición partidista que se porta bien sin necesidad de que Santiago Nieto se ponga al hombro el rifle sanitario de la Unidad de Inteligencia Financiera.

Si en algún momento algo llegó a perturbarlo que tuviese éxito algún movimiento en su contra o que alguien tuviese pantalones o temeridad como para encabezarlo, es evidente que las preocupaciones se han esfumado.

A partir de su insistencia en hablar de golpes de estado so pretexto de un discurso del general Demetrio Gaytán Ochoa en un desayuno en octubre de 2019 con el secretario de la Defensa Nacional, Cresencio Sandoval, y una buena cantidad de militares del más alto rango, llegamos a suponer que al Presidente realmente preocupaba que neoliberales y conservadores estuviesen incubando un movimiento con vistas a buscar su deposición, pacífica o violenta.

En ese contexto hablamos aquí en el sentido de que sería lo peor que podría pasar al país por razones que resulta ocioso repetir.

Pero el Presidente, diestro en aprovechar cualquier coyuntura, simuló que el tema caló en su ánimo suspendiendo momentáneamente el descanso en su quinta de Palenque, en ocasión de los días de muertos del inicio de noviembre pasado, para calmar al país colgando un video en sus redes sociales y decirnos, sin referirse al rumor sobre el golpe de estado supuestamente en preparación, que “no hay nada que temer” porque el pueblo está contento con su gobierno y “el pueblo nos está apoyando … respaldándonos”

El episodio del pretendido malestar militar contra el régimen radical izquierdista del que habló el ex subsecretario de la Defensa Nacional en tiempos de Felipe Calderón sin merecer respuesta de sus superiores, por lo menos pública, quedó en el olvido, en especial porque el Presidente ya no lo volvió a tocar de forma tan abierta, no obstante las frases punzantes: “nos preocupa el México de hoy. Nos sentimos agraviados como mexicanos y como soldados … ¿Quién aquí ignora que el alto mando enfrenta desde lo institucional a un grupo de `halcones´ que podrían llevar a México al caos y a un verdadero Estado fallido?”.

TODO EN CALMA

Hasta que de pronto apareció un video en redes sociales mostrando a uno de los miembros del Consejo de Administración de la poderosa cadena de supermercados, Soriana, Pedro Martín Luis Bringas, invitando a agruparse para forzar la destitución del Presidente.

La irrupción de Bringas, hasta entonces conocido solo en Monterrey, ocurrió en el contexto del enfrentamiento de López Obrador con las cúpulas empresariales por la negativa gubernamental a acceder a sus peticiones de apoyo para superar la crisis económica que ha ocasionado el coronavirus, a grado que el Banco de México calcula que la economía decrecerá en 2020 en 8.8 por ciento.

El tema, sin embargo, no ha pasado de ser mera anécdota porque, si bien existe descontento en ciertos sectores de la población, como las clases medias, también lo es que las encuestas exhiben que el deterioro de la imagen presidencial no es la que muestran el llamado círculo rojo en la prensa escrita, algunos medios electrónicos y las redes sociales, pues la clientela de López Obrador se mantiene y crece mediante la política asistencial a la que se subordina el presupuesto nacional.

Como si fuera poco, el Presidente cuenta con la lealtad de las Fuerzas Armadas, al menos la de los altos mandos. A lo largo del sexenio la clase castrense se ha convertido, de ser azote de los mexicanos en la etapa neoliberal, como el candidato de Morena repetía a diario en la campaña presidencial, en el baluarte de la Cuarta Trasformación.

Hoy las Fuerzas Armadas, en cuyos altos mandos no caben los corruptos, son una gigantesca empresa constructora a la que se confía todo lo que urge al gobierno, se trate de comprar pipas para transportar combustible, construir aeropuertos, bancos y hospitales, etcétera.

Quien pretendiera deponer o por lo menos desestabilizar al régimen tendría que arrebatarle el apoyo de la élite castrense, y eso en el nuevo papel protagónico de los altos mandos de las Fuerzas Armadas se antoja imposible.

¿A qué puede temer el Presidente si mantiene la lealtad de su base electoral en crecimiento y si se ha granjeado la de las Fuerzas Armadas?

¿Cómo podrían deponerlo por la vía democrática en 2022 cuando se convoque a votar la revocación de mandato o por la fuerza si la clase militar gobierna con él?

Hay síntomas de que, en las alturas, en donde habitan quienes son llamados por él como “los machuchones”, empezó a desactivarse cualquier movimiento en ese sentido, si realmente llegó a existir.

Por ejemplo, el hombre más rico del país, Carlos Slim, que ya obtiene contratos de obras gubernamentales da el ejemplo ofreciendo muestras invaluables de apoyo al gobierno, como la de pagar sus impuestos por adelantado, según reveló el Presidente; y Walmart, que presumía con llevar hasta el año 3000 su pleito con el SAT por 8 mil 900 millones de pesos de deuda por impuesto y multas, ya se quitó los guantes y se puso a mano con la señora Raquel Buenrostro.

La más reciente de las banderas blancas pidiendo paz la ondeo Soriana. Con pena ajena y mucho temor separó de su Consejo de Administración al señor Bringas, el atrevido que conmocionó las redes sociales con su invitación a sumarse al “Frena”, una agrupación supuestamente creada para buscar la destitución del Presidente.

En una de sus magistrales actuaciones en las conferencias mañaneras, el Presidente se mofó con nuevo estilo de quienes lo quieren fuera del gobierno.

Apenas el jueves, se refirió a la oposición que hizo frente a los insurgentes, a la Guerra de Reforma, a la Revolución de 1910, a la soviética de 1917 y a la guerra contra la República española, sólo para decir que sus oponentes se portan bien, muy bien, mientras en aquellos episodios hubo millones de muertos. Hasta recordó el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo, nuestro efímero emperador.

“Es que hay una oposición a lo que hacemos, una posición conservadora. También no debemos de exagerar, porque se ha portado muy bien la oposición. Estamos llevando a cabo una transformación y en las tres transformaciones que ha habido (las de Hidalgo, Juárez y Madero) la oposición se portó muy mal”, puntualizó.

O lo que es lo mismo, el Presidente sabe que su oposición no pasará de las acervas críticas cotidianas en la prensa, tanto escrita como electrónica, y las de los “robots” de las redes sociales, y que la partidista cada día es más inexistente.

En efecto, le están haciendo lo que el viento a Juárez, el más grande Presidente que México ha tenido.

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