Lo mejor de todo es lo peor que se va a poner

Son tiempos de supervivencia; nada fácil está la cosa

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Doña Clemen, hace tiempo que yo guardo un sentimiento recordando lo que tú fuiste en mi vida

 

¿Recuerdas, Clemen cuando por fin conseguiste que Sinfo te llevara con ella sólo para terminar, a perpetuidad, al lado del verdadero Señor Bustillos? Han pasado 12 años y no sabes qué desbarajuste; desmadre, dirías tú.

La única noticia buena en aquel momento, en que el mundo se desplomaba, fue que a mi regreso de Puebla, después de abrazar a Cata y a Caro, Juan José, ignorante que el luto había ennegrecido aún más el mundo en que vivíamos, me comentó que Jaime de la Garza le informó, ese mismo día, que habían vencido al demonio invasor de su cuerpo.

Sólo pude comentarle que el Dios en quien nos enseñaste confiar había cambiado una vida por otra. Entendió la alusión y lloró; me reclamó no haberle dicho lo que estaba pasando, pero, ya lo conoces, se habría emperrado en ir contigo, importándole madre arriesgar la vida que había recuperado, pero déjame platicarte de lo que tanto te gustaba escuchar, de política. Con la Cuarta Transformación llegó un nuevo sistema que tal vez se quede una larga temporada, probablemente no como la del PRI, pero suficiente para exterminar a todo el que no se ajuste a los lineamientos de Andrés Manuel López Obrador.

Son tiempos de supervivencia, nada que resulte ajeno a la historia que arrancó contigo y de la cual no permitirías desviación alguna.

Sin embargo, a diferencia de otros tiempos, Clemen, nada fácil está la cosa y, como decía el Meme Garza, lo mejor de todo es lo peor que se va a poner, pero aquí estamos como hace 12 años, como hace 30 y como en toda la vida. ¿Recuerdas cuando de noche caminábamos de El Grullo al Palo Blanco? Remar contra la corriente es lo que nos enseñaste a hacer, y eso hemos hecho toda la vida.

El mundo a nuestro alrededor parece desplomarse y muchos de quienes escuchaste hablar están bajo asedio; algunos, muy pocos, sobran dedos de la mano para contarlos, dan la pelea; el resto nada de muertito porque hacer olas resulta excesivamente arriesgado., pero tu gente permanece obstinada en seguir hasta el final, cual sea.

No Clemencia; no hay dramatismo; es mero realismo. No será fácil, pero nadie dijo que lo fuera. Tú mejor que nadie sabe que nunca lo fue; ¿por qué tendría que ser diferente ahora?, pero esta noche, para amanecer viernes, prefiero recordarte en esas mañanas en las que esperabas la visita de Sinfo y yo, burlando contigo a Caro y Cata, llegaba a verte y a almorzar las garnachas de Vicko.

Me emociona recordar tu narrativa de las noches en que jovencita y bellísima te gustaba que te cantaran: “Bonita Guadalajara, pero más las tapatías…”. Parecía que la escribieron para ti. A lo mejor…

Sin embargo, aquí lo dejamos Clemen. Espero, el año próximo, aún poder escribirte; si es así ya te contaré cómo nos está yendo. Saludos a don Cheve, ese gran hombre que nos dio un apellido que nos esforzamos por honrar.

 

 

 

 

 

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