Lo bonito

Prudente sugerir al gobierno federal lo mismo que a los consumidores de cerveza: Moderación

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Papa Francisco y Felipe VI. Que a mano alzada se decida si pueden darse por disculpados

Lucas le decía toda la familia a Lucrecia, prima del lado paterno-autleco, mucho mayor que este menda, mujer hermosa de parar relojes y provocar taquicardias, a quien igual le hubieran dicho si se hubiera llamado Lupe o Toña: lo de Lucas era porque estaba loca… bueno, no loca, pero tenía el carácter muy raro. Su novio sí estaba loco de amor por ella (en el caso particular de la Lucas no podía decirse sin mentir, que era el más “puro” amor… no, con ella no podía evitarse faltar al sexto y noveno mandamientos, aunque fuera de pensamiento, tantito), loco de amor por ella, repito, le aguantó todo durante largos cinco años de noviazgo, en que un día lo mandaba a volar y al siguiente le mandaba un verso para disculparse; hoy lo quería, mañana lo odiaba; de repente era muy simpático, al rato le parecía insoportable y chocante; decía que era guapísimo y también que era horroroso: ¡Lucas! Cuando avisó el necio doncel que sus papás iban a pedir la mano (y anexos), de Lucrecia, los papás de ella (tío Marcelo y tía Meche), le dijeron que la diera por entregada y no se arriesgara a nada, que no gastara un centavo: boda sin fiesta, vestido de novia prestado, en la siguiente misa de domingo, ya corridas las “amonestaciones” (cosas de la religión), y si ella iba y daba el sí, ya les harían fiesta al regreso de la Luna de Miel (tiempos en que Acapulco era una novedosa extravagancia… hace muuuchos años). Sus futuros consuegros se dieron por ofendidos, pero el loco de amor, siguió adelante. Lucas dio el sí, se fueron de viaje de bodas y al regresar en vez de a los 10 días al tercero, cada uno por su lado, peleados a muerte y para siempre, los papás de ella se felicitaron por el gastazo que se habían ahorrado en la fiesta y sus fugaces consuegros, entendieron cuánta razón tenían y hasta quedaron de amigos. Lo que mal empieza…
En lo que el Papa y el rey de España, piensan mejor si le piden disculpas a México (… ¡idea!: que personalmente, ambos, en el Zócalo de la CdMx, consulten a la masa que al afecto ahí se congregará, para que a mano alzada se decida si pueden darse por disculpados; oradora única: la dulce dama, la señora senadora de la república, doña Jesusa Rodríguez; y que no se les otorgue perdón ni olvido… a ver qué pasa… es idea, no se ponga en ese plan): en lo que se decide tema tan importante para el futuro de la nación, pudiera resultar prudente sugerir al gobierno federal lo mismo que a los consumidores de cerveza: moderación.
Algo no anda bien. No es lógica tanta crispación en tan pocos meses de gobierno: de veras, hay que “resetear” el gobierno y recomenzar haciendo como que apenas empieza… digo, para que puedan dejar de cancelar proyectos o proponerlos dejando en el ambiente que se trata de decisiones tomadas al aventón o con intenciones por determinar. Hasta las calificadoras le entrarían a hacer como que no ha pasado nada… ¡ah! y para nombrar ya en serio al Gabinete. Sería genial.
No es crítica gratuita, sino de buena intención: a nadie le conviene un tropiezo nacional (porque si falla el gobierno federal, lo que se perjudica es el país… como parece que bien sabemos, digo, nomás con Fox, Calderón y Peña Nieto, queda uno curado de espantos). Recomenzar no se puede, pero sí repensar las cosas y evitar que se fortalezcan diferencias hasta lo irreconciliable.
Ni la izquierda es chaira, ni la derecha es fifí, ya en serio. Ni los de antes fueron todos demonios (ni santos, perdón, por si se le ocurrió); ni los de hoy son todos imprudentes, improvisados, cínicos ni gañanes (ni lo contrario, tampoco).
Igual no es sostenible que el modelo económico actual es una birria, pero tampoco se puede decir (sin que le gane a uno la risa), que no necesita ajustes, verdaderos y severos ajustes, con efectivo sentido social.
Se han hecho cosas que aportan poco (nada), al rumbo nacional, como dejar la residencia oficial de Los Pinos, quitar la pensión a ex presidentes, poner en venta el avión presidencial y parte de la flotilla aérea federal, o desmontar al Estado Mayor Presidencial. También se canceló el aeropuerto de Texcoco y crece por hora la sospecha de que fue una decisión de orden político… y que se reiniciarán esas obras, tarde o temprano. La lucha contra el huachicol emite un cada vez más intenso aroma a fracaso, que a hitazo presidencial… y si es un éxito, se ignora cómo van a convencernos de ello.
También pudiera convenir repensar el planteamiento de la lucha contra la corrupción: por supuesto es necesario, indispensable, erradicar en todo lo posible, la corrupción institucionalizada, pero alguien tiene que explicarle al Presidente de la República que el “ahorro” en corrupción, no es “ahorro”, será en todo caso, que se gaste completo y bien el presupuesto (lo que ya es, será, muy bueno), pero la no corrupción no da ingresos, no genera dinero fresco: ya están calculados todos los ingresos y sin ratas de dos patas (diría don Chente), no crecen los ingresos ni un peso… de ahí no sale para reflotar a Pemex ni para financiar obras inmensas y discutibles (sí, con la pena, pero no está muy claro que hacer, ahorita, la refinería en Dos Bocas, sea una prioridad, siendo verdaderamente urgente rehabilitar la capacidad de refinación de las actuales refinerías; ni está tampoco muy transparente eso del negociazo que será para el país el Tren Maya… despacio si van de prisa).
Y por último: ¿de veras le conviene a México votar cada tres años por el Presidente?… ¿de veras es seguro que nunca se usará chueco eso de quitarles fuero a gobernadores y al propio Ejecutivo? (sería la primera cosa en estos primeros 200 años que tenemos de ser país que algo no tenga truco o se tuerza después… piénsenlo mejor).
En fin, por lo que sea, debemos ser realistas y ver que se está polarizando al país… y no hace falta, no con la inmensa autoridad moral de este Presidente. ¿O será -pudiera ser-, que solamente este menda sea el único que ni siquiera sintió que hubiera Luna de Miel? Digo, con lo bonito que es lo bonito.

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