Sheinbaum y García Harfuch a prueba

Deberán estar al pendiente de los encapuchados que en apariencia nadie sabe de donde surgen y a donde huyen después de destruir, pintarrajear, incendiar y golpear a quien se atreve a enfrentarlos.

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Claudia Sheinbaum y su jefe policíaco, Omar García Harfuch, cargarán este domingo con la mayor responsabilidad de la conmemoración de un año del inicio de la Cuarta Transformación, muy en especial por las instrucciones del Presidente López Obrador de que la policía capitalina mantenga el orden sin recurrir al uso de la fuerza del Estado.

Fuera de toda duda, por la popularidad de mandatario y la capacidad de movilización de Morena (acarreo, le llamaban en la época dinosaúrica del PRI), la Plaza de la Constitución y la mayoría de las grandes avenidas y las calles del centro histórico de la Ciudad de México serán copadas por los seguidores de Andrés Manuelpara no dejar duda de que su gobierno tiene el respaldo popular mayoritario.

Ante esta gigantesca movilización, palidecerán las marchas de algunos grupos inconformes, así como la convocada por la familia LeBarón, víctima del crimen organizado en los límites de Sonora y Chihuahua.

La afluencia no será impresionante, a diferencia de la mega marcha encabezada por María Elena Morera en el sexenio de Vicente Fox (más de un millón de personas), en protesta por la ola de secuestros que agobió a todo el país.

Aquella fue convocada por los medios de comunicación masivos, como la televisión y la radio que, en esta ocasión, porque no hubo quien pagara o por temor al Presidente, no se hicieron eco de quienes en las redes sociales llaman a la población a protestar contra López Obrador.

No obstante, existe el riesgo de que por enésima ocasión los provocadores irrumpan para provocar violencia en una fecha tan significativa.

Sheinbaum y García Harfuch deberán estar al pendiente de los encapuchados que en apariencia nadie sabe de donde surgen y a donde huyen después de destruir, pintarrajear, incendiar y golpear a quien se atreve a enfrentarlos.

Ocurrió en el sexenio pasado cuando el entonces secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, y el jefe de Gobierno, Miguel Mancera, decíanque la autoridad sabía quiénes eran los anarquistas y hasta en dónde se alojaban, pero nada más. Anarquistas o no, siguieron haciendo de las suyas con total impunidad e inclusive intentaron incendiar puertas del Palacio Nacional. Eventualmente algún provocador fue aprehendido por la policía, pero diputados locales del PRD hicieron coperachas y prestos acudieron a pagar las fianzas.

Ha ocurrido en esta administración; la última irrupción de provocadores fue en la marcha feminista, en la que la policía capitalina se comportó de manera ejemplar.

Pero Claudia y Omar hoy no pueden darse el lujo de permitir que el gran festejo del Presidente López Obrador sea manchado. Nadie debe salir lastimado, pero muy en especial quienes se manifestarán en contra, así sean fifís, neoliberales, porfiristas y hasta corruptos.

Basta mirar hacia el sur del continente para comprobar que cualquier pretexto es aprovechado para prender la mecha de movimientos mayores que una manifestación pacífica a la que cualquier ciudadano tiene derecho.

No sea que una “mano negra”, como las llama el Presidente, pretenda aprovechar la ocasión para culpar a sus seguidores de agredir a quienes no están tan felices como ellos.

En esto reside la gran responsabilidad de la jefa de Gobierno y del jefe de la Policía Capitalina.

Si consiguen anular a los provocadores hasta donde sea posible, cumpliendo la orden presidencial de no usar la fuerza, la señora Sheinbaum mejorará su posición ante el secretario de Relaciones, Marcelo Ebrard, y el coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal, expertos en satisfacer cualquier deseo de López Obrador.

Este domingo, no se trata sólo de cumplirle soloal Presidente, sino a la sociedad.

 

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