La Constitución de AMLO dentro de la de 1917

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Las ansias del Presidente López Obrador de pasar a la historia son tantas que en Querétaro llegó a afirmar que el paquete de reformas que el Congreso dominado por Morena le aprobó en su primer año de gobierno, equivalen a que México cuente con una nueva Constitución.

Fue más allá. Explicó que su Constitución es una nueva dentro de la Carta Magna. No dijo por qué. ¿Tal vez porque es un parásito? ¿Un tumor? ¿O producto de una cópula?
Interpretaciones aparte, su nueva Constitución que carga en su vientre la de 1917 no le alcanza aún para figurar entre los transformadores de nuestra historia.
Ni Morelos y sus Sentimientos de la Nación (por cierto, el 14 de septiembre debería ser considerado feriado, pues en esa fecha en 1813 el Siervo de la Nación los presentó en el Congreso de Anáhuac), ni Venustiano Carranza, El varón de 4 Ciénegas, fueron colocados por los diseñadores del logo que identifica a la Cuarta Transformación al lado de los tres anteriores.

En fin, si de nuevas constituciones se tratara, López Obrador también debería considerar al paquete de reformas estructurales de Enrique Peña Nieto como otra dentro de la Carta Magna, sin importar que la esté abrogando poco a poco, como podría ocurrir con la suya cuando inicie la 5T.

Ahora que, por otro lado, el siguiente paso de López Obrador debería ser incluir en la Constitución su Cartilla Moral, el mismo documento fundamental de la 4T que distribuyen los evangélicos en pleno desafío a nuestra laicidad oficial y discursiva.

Así ya tendríamos dos constituciones de la 4T dentro de la de 1917.

La prueba de ácido vendrá cuando el Congreso reciba la iniciativa de Reforma Penal, la que propone un retroceso que según el ex procurador de la Ciudad de México, Rodolfo Félix Cárdenas, y que supuestamente resume el pensamiento del fiscal general de la República expresado cuando era secretario de Seguridad Pública con Vicente Fox y que posteriormente exhibió cuando era diputado por Convergencia.

Todo indica, si nos atenemos a los discursos de Olga Sánchez Cordero, el único a recordar en la ceremonia en Querétaro por la promulgación de la Constitución de 1917, fracasaron quienes pretendían el retroceso atribuido a Alejandro Gertz Manero y cuya difusión quizás sólo se trató de un globo sonda para que el gobierno sepa hasta dónde los mexicanos estamos dispuestos a aceptar nuevos términos de convivencia legal.

Por lo demás, no hay nueva Constitución dentro de la de 1917; se trata de la misma remendada por cada Presidente en busca de acomodar la vida legal de la nación a su gusto, y violada con tanto entusiasmo en cada sexenio que, dada la pérdida de autonomía de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, merece una Fiscalía especializada para defenderla.

Por cierto, el único ausente en la ceremonia solemne fue el fiscal General de la República, quizás porque es autónomo o porque sabía que la Secretaria de Gobernación iba a condenar el intento de retroceso penal.

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