AMLO debe entender, su integridad lo es todo

Cualquier noche de estas, antes de dormir debería meditar lo que sería de México si entrara en convulsión sólo porque su Presidente sufrió un percance de consecuencias fatales o que le impidieran ejercer el cargo.

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Lo he escuchado de muchos, pero por fin ocurrió: un jefe de familia bajó con sus seres queridos del avión en que coincidió con el Presidente López Obrador.

Le preguntaron: ¿Se bajan porque viajar con el presidente es inseguro?

-“Para mi familia sí”, respondió.

Dirán que el jefe de familia exageró, pero no es así.


Aunque
López Obrador sea tan popular, como loes, incluso más que John F. Kenedy en su momento, es verdad irrefutable que un mandatario siempre está en riesgo; mucho más el nuestro cuando las acciones para realizar el cambio de régimen que pretende han lastimado a muchos, inocentes o culpables, no importa.

Nunca faltará un loquito, y vaya que abundan en nuestro país.

Al Presidente no le falta razón cuando se refiere a la época faraónica del llamado neoliberalismo y los mandatarios eran lo más semejante a un monarca y se conducían y despilfarraban como tal.

De igual manera, se justifica que sometiera al gobierno, incluyéndolo a él y a su familia, a una austeridad espartana, pero a lo que no tiene derecho es a poner en riesgo a su persona ni a las de otros, como las del prudente jefe de familia que le tocó de compañero de viaje y prefirió que él y los suyos perdieran el vuelo y causar molestias al resto de los usuarios antes que compartir el riesgo.

Andrés Manuel debe entender que su seguridad es un bien inapreciable para el país, no porque se apellide López Obrador o porque encabece a la Cuarta Transformación, sino porque es el jefe del Estado mexicano y su ausencia, absoluta o temporal por incapacidad, desataría el caos político y eventualmente violencia en la lucha por el poder que él dejara de ejercer.

Imagino que le queda claro que en su gabinete y en su partido, Morena, no hay quien pueda sucederlo en este momento y tal vez ni siquiera en 2024; los partidos de oposición están en peores condiciones y en la sociedad civil tampoco hay quien pudiera unir la voluntad ciudadana.

Es el saldo de los últimos sexenios y hasta él debe ser realista en este tema.

El, sus acompañantes, el señor que prefirió bajar con su familia y el resto de los usuarios de la nave, corrieron el riesgo inherente a la presencia de un jefe de Estado en un avión comercial.

El Presidente y sus cercanos quizás tomen a ofensa la acción de ese jefe de familia precavido, pero sin duda fue el más realista de los pasajeros.

López Obrador no necesariamente debe usar aviones como los que estuvieron a disposición de Enrique Peña Nieto ni sus antecesores, pero por su bien, por el de aquellos a quienes le tocan de compañeros de viaje y por el país, debe cuidar su integridad.

Cualquier noche de estas, antes de dormir debería meditar lo que sería de México si entrara en convulsión sólo porque su Presidente sufrió un percance de consecuencias fatales o que le impidieran ejercer el cargo.

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