Lenin y el futbol (mexicano)… y una amarilla para AMLO en NY

Al fin espectáculo ambos, el balompié y la política tuvieron sus días de frivolidad, de apaño y de rudeza. Los árbitros soltaron el silbato, y a López Obrador lo agarraron en EU en fuera de lugar, le sacaron la amarilla y él cometió “foul”

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Tal vez en lo que siempre se ha visto más metida la mano del subconsciente sea en las doctrinas que tienen que ver con Dios o con dioses.
De ahí que de Lenin se acuñara la famosa frase aquella de que la religión es el opio de los pueblos, contenida en su anexo a la “Critica de la Filosofía del Derecho de Hegel” (“… es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo”).

Pero si la religión es el opio de los pueblos, la política es la amapola y el fútbol, la mota. O algo parecido.

Al fin espectáculos ambos, el balompié y la política tuvieron entre el fin de semana pasado y el inicio de ésta sus días de frivolidad, de apaño y de rudeza.

Los árbitros soltaron el silbato (gracias a la valentía de Pablo Aguilar, del equipo América, y de Enrique Triverio, del Toluca), y a Andrés Manuel López Obrador lo agarraron en Nueva York en fuera de lugar, le sacaron la amarilla y él cometió “foul”. Es decir, no vimos futbol, pero nos enteramos del show que le armaron al propietario de Morena en Estados Unidos, de parte de uno de los padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.

Un reclamo que ya hacía falta que alguien se lo impusiera a don Andrés Manuel, pues ha nadado de muertito desde la tragedia de Iguala en el 2014, cuando toda lo Izquierda es la responsable de los quehaceres sucios de José Luis Abarca y de parte de los de Ángel Aguirre, ex gobernador de Guerrero.

Pero a ver, ¿por qué mezclar futbol con política? En realidad solo las entrelazamos para el comentario y para degustar una frivolidad en embrión desde hace décadas. La Asociación Nacional de Árbitros y la Federación Mexicana de Futbol tuvieron su desencuentro que traducido a una línea laboral se transforma en un aspecto político.

¿Por qué? Porque en el futbol mexicano todos se creen bien chingones. Desde los dueños de clubes hasta jugadores y los propios silbantes. Pero que no compitan internacionalmente porque no pasamos de los octavos de final.

El futbol no es un tema sagrado, digamos, intocable. En sus entrañas hay todo lo que un drenaje pueda contener.

De hecho, hace algunas décadas, el escritor mexicano Guillermo Samperio publicó en 1978 el libro de cuentos “Lenin en el futbol”. Éste narra la historia de un futbolista (Antonio Mota, “El Piolín”, ex portero del Necaxa) quien intentó formalizar el primer sindicato de jugadores.

“Se enfrentó a la rapiña de los directivos y padeció las consecuencias”, señala una reseña.

Pero el futbol ha creado muchas historias, en México y el mundo. Muchos escritores han agregado a sus obras algo sobre este deporte. La literatura está llena de patadas.

Ni siquiera mi amigo escritor Arturo Ortega se ha abstenido de ello.

El futbol desata pasiones, controversias y hasta huelgas.

En “Zapatitos con Sangre: 66 poetas del fútbol”, Víctor Munitas nos revela lo que algunos escritores han pensado del deporte de las patadas (a un balón):

“Jorge Luis Borges, el ‘anarquista’: ‘El fútbol es popular porque la estupidez es popular. Qué raro que nunca se le haya echado en cara a Inglaterra haber llenado el mundo de juegos estúpidos, deportes puramente físicos como el fútbol. El fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra. La idea que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible.

“Por otro lado el gran Premio Nobel: Albert Camus: ‘Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol’.

“Ahora, no es casualidad que deje acá un solo pensamiento de alguien a favor. Es porque recurriré a un escritor realmente fanático del futbol: Eduardo Galeano: ‘El fútbol se parece a Dios en la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales’”.

Aguilar y Triverio, gracias. Hicieron dos cosas. Le metieron pelotas a un deporte encasillado, aunque, también, exagerando sus pelotas contra los silbantes (Fernando Hernández y Miguel Ángel Flores). Que, por su parte, pusieron las suyas. Y despelotaron a los dueños de clubes.

Total que la Comisión Disciplinaria modificó la sanción a los futbolistas aprendices de luchadores de 10 partidos a uno y ocho a otro, por un año a cada uno.

De la patada. Pero por algo se empieza.

 

¿Y EL TARJETAZO A AMLO?

Pues ocurre que el siempre creído bien amado don Andrés Manuel no tuvo “fair play” en Nueva York donde creía que hacía un paseo por las nubes.

Este lunes y luego ayer, Antonio Tizapa, padre de uno de los 43 normalistas desaparecidos por órdenes de Abarca, echó en cara a López Obrador visitar a los migrantes en Estados Unidos solo por ser época preelectoral y por aproximarse el 2018.

Tizapa, acompañado de otras personas, llegaron hasta la iglesia de “Nuestra Señora de Guadalupe, en un barrio de Manhattan y ¡zas!, amonestado.

No solo le recriminaron su especial visita, también sus supuestos nexos con los Abarca y Aguirre, y de ser buen amigo de Rudolph Giuliani, ex alcalde neoyorquino, hoy asesor de Donald Trump, y suyo cuando fue Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Andrés Manuel se puso como portero goleado, desesperado, sacado de onda.

Sacó su muñequito desde el fondo de su pecho muy parecido a Trump. Primero invitó a dialogar al señor Tizapa, como para apaciguarlo o sacarle el demonio con una especie de exorcismo (“porque quien viene a mí se transforma”).

Pero el padre del normalista desaparecido traía al chamuco adentro y, como él (López Obrador) manda a las instituciones, éste los mandó al diablo.

Primero el lunes, y el martes le repitió la dosis.

El líder de Morena perdió el partido en Nueva York. Lo perdió por exacerbarse y lo perdió ante “Stella” que ayer le impidió acudir a la ONU a apresurar su queja para “salvar” a los migrantes mexicanos.

“Stella” lo agarró a bolazos de hielo.

Don Andrés Manuel detuvo su discurso. Gacho ha de sentir ser malquerido, cuando, hace meses, ofreció a los padres de los normalistas permitirles que ellos eligieran al Fiscal General de Guerrero si Morena ganaba la gubernatura.

Dicen que el señor Tizapa hasta al PRI le ha reclamado. Ni tan improvisado, ni tan entrenado por nadie. Solo lo que es.

Vaya, futbolistas, árbitros, política, Andrés Manuel, Tizapa, una cascarita para cualquier día de estos. ¡Juéguela!

 

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