Las distancias entre el cielo y el infierno… y los falsos mesías

Los mensajes políticos de Norberto Rivera y Carlos Aguiar

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En el cambio de báculo como Arzobispo Primado de México, saliente y entrante, Norberto Rivera y Carlos Aguiar, quizá debieron ir al grano, sin matizar, y repetir las proféticas palabras: “(Porque si seguimos así) no quedará piedra sobre piedra”.

A algunos parecerá ufano, pero en tiempos como los nuestros, en donde no sabemos, con fe o sin ella, detrás de quién (o de qué apellido) está el mal total, los llamados a la espiritualidad y a la recapacitación no están de más.

La Iglesia Católica mexicana en concreto -aunque debiera verse en el contexto universal, pues tuvo la presencia del Nuncio Apostólico Franco Coppola- vivió ayer un día histórico, más allá del cambio de jerarca en el país.

El evento se da en un contexto de preocupación no sólo para la Iglesia, sino para la sociedad y el Estado mexicano, por la violencia en algunas zonas del país, pero también por la efervescencia política que llena la boca de algunos de promesas fantásticas y hasta desenfrenadas.

Además, coincidentemente, la ceremonia eclesiástica se dio el mismo día de la ceremonia oficial del 101 aniversario de la Constitución de 1917, en la que, como en la primera que reunió a la grey católica en la Catedral Metropolitana y la Basílica de Guadalupe, ésta hizo lo mismo con la grey política en Querétaro.

No es una novedad que la cúpula católica en México ofrezca mensajes con tono político. Parte de su esencia es no ser ajena al entorno de los fieles y de la sociedad en general. Para muestra los botones más polémicos, el reconocimiento de los matrimonios homosexuales y el aborto, una confrontación de años y, quizá, de décadas, con quienes lo promueven. Aunque, a su interior, la propia Iglesia Católica aloje tanto a ángeles como a demonios, reconocido por ella misma, ante el demencial asunto de la pederastia.

Ayer mismo, la Iglesia Católica era receptora de una noticia atroz, pero repetida, en varias ocasiones, en los últimos años por distintas causas: El asesinato de dos sacerdotes en Guerrero.

En los hechos ocurridos en la madrugada de ayer fallecieron los curas Iván Añorve Jaimes, perteneciente al presbiterio de la Arquidiócesis de Acapulco, y Germaín Muñiz García, de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa.

En su mensaje, Rivera no se anda con rodeos en cuanto a lo hecho durante su ministerio:

“La Arquidiócesis de México… ha sido profética y valiente en defender a la familia, el derecho de los no nacidos, el matrimonio natural, y se ha enfrentado a una mentalidad mundana que quiere imponerse como una dictadura del relativismo y la inmoralidad; también ha ejercido un profetismo social denunciando atropellos, abusos, corrupción y violencia de grupos y estructuras muy variadas que quisieran una Iglesia muda y sumisa, pero que han encontrado en la Iglesia a una defensora de la justicia y de la paz”.

Lo mismo hizo Aguiar Retes:

“Problemas y conflictos como sociedad han crecido, y el factor de la globalización los ha vuelto más complejos, sin embargo, la buena voluntad y la disposición de generar los proyectos para superarlos harán viables los caminos de reconciliación y justicia que nos conduzcan a la anhelada equidad social y tenga como fruto la paz y seguridad para crear un marco de libertad que permita desarrollar las habilidades y capacidades de los ciudadanos y así lograr una vida digna para todos”.

El nuevo Arzobispo Primado de México, incluso, hizo referencia al aniversario de la Constitución haciendo hincapié en la libertad de religión.

Tanto contexto y coincidencias en un momento en el que todos parecen tener algo que decir, clérigos, políticos y ciudadanos, me trajo a la mente el libro de Reza Aslan “El Zelote”, donde intenta, con el desdén de algunos y, al menos, el interés de otros, diferenciar al Jesús “histórico” del “mitológico” en medio de circunstancias de poder, de gobierno, de violencia, de engaños, de ira.

¡Ah!, y de falsos profetas.

Una obra que también recordé por el origen (o una de sus acepciones) de la palabra “sicario”: “Hombres de la daga o cuchilleros”.

El libro, por cierto, inicia con un epígrafe que cita a Mateo 10:34:

“No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada”, pero también a Mateo 5:9: Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

Y a Lucas 22:36: “Y el que nada tenga que venda su capa y compre una espada”.

Oremos.

 

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