Las cátedras de la CNTE: Entre ‘ninis’ y ‘camaradas’

La tendencia a difundir el conocimiento con parcialidad, o enfocado a doctrinas específicas, convierte la enseñanza en fanatismo

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No sé decir -o graznar- si sea bueno o malo que los libros de texto “alternativos” comenzados a ser distribuidos por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación sean sólo para el nivel de Secundaria, y no para Primaria, aunque hay versiones de que van para ambos.
Pero, en principio, la CNTE está pasando por encima de la Secretaría de Educación Pública federal (que, de acuerdo a la Contrarreforma Educativa, ahora sí recuperaría la rectoría sobre la Educación), que es la dependencia encargada de seleccionar y sugerir, dentro de los programas de estudio, los libros y autores que deberán adquirir los alumnos de Secundaria, y los contenidos de los de Primaria.
Resultará peor si se permite que la “alternancia” en contenidos, impuesta por la Coordinadora, se imponga desde Primaria, pues el periodo cognoscitivo humano es más fresco tanto desde la niñez como en la adolescencia y juventud. Más si lo que todos deseamos es que el árbol no crezca torcido.
Lo más grave no es, quizá, que los profesores disidentes integren al conocimiento de los niños o menores de Secundaria, temas que tampoco tienen por qué estar fuera de la Historia o de la esfera del Arte o la Cultura, sino que su enfoque educativo parta de sus experiencias en las calles con movilizaciones y protestas, bajo una justificación ideológica específica.
De acuerdo al contenido de los libros editados por la CNTE, niños y adolescentes se instruirán bajo la premisa de “desobediencia, resistencia y lucha”, que denominan enseñanza “política-social”.
Nada tiene de malo ni de grave, sino que, además, es necesario entender y aprender el proceso natural de la Historia sin hacer a un lado aspectos políticos, como las cronologías y tendencias ideológicas de las revoluciones, violentas o pacíficas, como las de Cuba y Venezuela, o resaltar figuras como las de Ernesto “Che” Guevara, o expresiones filosóficas, como el marxismo, o críticas severas al neoliberalismo, pero sí, sin embargo, apartarse, como ratificando que no tiene por qué sujetarse a un plan oficial, de los lineamientos de la SEP.
Tradicionalmente, con cualquier gobierno, de la tendencia que sea, en los libros de texto se ha sabido desde la Revolución Rusa hasta la caída del Muro de Berlín, pasando por los sufrimientos de Cuba tanto por exageraciones internas como externas.
Vaya, la línea del tiempo en la Historia, nacional o mundial, con todas las facetas del hombre, se nutre de cada evento como mero dato o suceso concreto y específico, mencionando, eso sí, sus aportes o consecuencias para la humanidad.
Las mejores universidades del mundo, como lo debe hacer cualquier centro de estudio, forman a sus alumnos en el contexto íntegro de los acontecimientos, pero sin sostener una escuela exclusiva hacia determinada tendencia. El conocimiento, pues, se contempla universal.
Incluso en materias específicas, como la Economía, para todo profesional o alumno en formación es necesario conocer las distintas escuelas o sistemas que ha proliferado en el mundo, y que han sido aplicadas en diferentes épocas, países y Estados.
La tendencia a difundir el conocimiento con parcialidad, o enfocado a doctrinas específicas, convierte la enseñanza en fanatismo.
Como denostar, desde puntos de vista cerrados y abstractos, asegurando que acabaron con la soberanía del país todos los Presidentes de la República a partir de Carlos Salinas de Gortari hasta antes de Andrés Manuel López Obrador.
No sabemos si en alguna materia (o cómo la llamarían), la CNTE explicará a niños y adolescentes sus “heroicas” batallas bloqueando carreteras, vías del ferrocarril y accesos a aeropuertos; dañando inmuebles públicos y privados, pintarrajeándolos, destruyendo equipo y archivos; provocando a policías y militares arrojándoles bombas molotov, piedras, tubos, palos y hasta vehículos.
No sabemos tampoco cómo justificarán, como el no impartirlas, el no tomar clases. O cómo llamarán a la práctica de vivir de las prebendas, sin trabajar, sólo chantajeando al Gobierno Federal.
Sabemos, sí, que, al paso del tiempo, quizá los “ninis” ya no existan y los jóvenes se distinguirán por lo aprendido, según les haya tocado libros oficiales o “alternativos”. Vaya pluralidad.
En fin, los libros “alternativos” de la CNTE comenzaron ya a distribuirse en 6 mil escuelas de Michoacán, pero seguirán en todos los territorios donde es notoria la influencia de la disidencia magisterial, como Oaxaca, Chiapas, Estado de México, Guerrero y Ciudad de México.
Por cierto, afirman que los libros “alternativos” son también una cátedra de faltas de ortografía y sintaxis.
Pero eso qué importa si, a la vuelta de los años, un segmento de maestros y alumnos, no sabemos si de la mano de la Cuarta o la Quinta, podrán saludarse en las calles con un efusivo “¡Camarada!”.
Lo he dicho, graznar cansa.

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