La transformación, incipiente y a empujones

Para su largo proyecto, algunas cosas comienzan a acomodarse para López Obrador; otras las mete con calzador y unas más le pintan como escollos

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Transformar un país, lo he dicho, poniéndolo de cabeza, pero en orden, más que una hazaña, es un tormento.

Ese es el ideal del Presidente Andrés Manuel López Obrador, y por él hoy, iniciando un año que puede resultar crucial en sus metas, mide bien a qué bola le pega de “hit”, cuál manda de “foul” y cuál pone detrás de la barda.


A medida que transcurre su sexenio, contando el colchoncito que se dio de cinco meses después de la elección, el Presidente, su equipo cercano, y el apoyo incondicional de la mayoría de su partido, Morena, en el Senado y la Cámara de Diputados, parece que arman el rompecabezas que dejó la entrega-recepción con la gestión de Enrique Peña Nieto.

El asunto no es sencillo porque para López Obrador implica echar abajo lo que a su juicio hizo mal el “neoliberalismo”, y su juicio es que lo hizo mal todo.

Su mayor “amarre” en el mes y una semana de gobierno en funciones, tan sólo porque eso se especula, es el de la elección como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, con quien, dicen, cierra el círculo de su primera meta: Tener bajo sus órdenes al Congreso y, cuando menos, como aliado al Poder Judicial.

Para ello habrá que esperar los primeros pasos del nuevo líder de los Ministros, a quienes se sumó, hace días, Juan Luis González Alcántara Carrancá, quien sustituyó a José Ramón Cossío y de quien el Ejecutivo también espera buenos oficios, más porque fue palomeado por la marabunta morenista.

Para mediados de este mes podrían apuntarse dos más de buen calibre para su causa, la vía libre para la creación de la Guardia Nacional, que augura camino suntuoso, aunque con posibilidades de conseguirla, así se requieran las dos terceras partes de la votación;  asunto en el que, además, él ya se adelantó anunciando la convocatoria para el reclutamiento de jóvenes. Es decir, metiendo a la propuesta una cuña por aquello de que en un momento dado deba culpar a alguien de cualquier fracaso en su conformación. ¿A los “conservadores”?

Y, otro, el nombramiento del nuevo Fiscal General de la República, que para muchos ya pinta “carnal”.

Ambos asuntos se debatirán, en periodo extraordinario, el 16 y 17 de este mes.

Y como a grandes males, grandes remedios, el Secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, dio a conocer, el jueves pasado, que las obras del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, finalmente, fueron detenidas.

El del aeropuerto fue el primero de los grandes desafíos que enfrentó López Obrador, incluso uno de los temas fuertes durante su campaña y los cinco meses de transición, y que hábilmente resolvió encasquetando al “pueblo sabio” con la decisión de frenarlo mediante una consulta sin pies ni cabeza.

Jiménez Espriú anunció que la deuda en bonos bajó de mil 800 millones de dólares a mil 200, y que, con su liquidación, lo que viene es la cancelación, terminación o negociación de los contratos.

Pero los pendientes no faltan; sobran.

Ahí está el más difícil, y en el que no puede inmiscuir al “pueblo sabio” ni resolverlo con una consulta popular, el de la inseguridad, cuya situación, ahora, flota en un mar de cifras, unas publicadas por el periódico Reforma, de acuerdo a su “Ejecutómetro”, y la respuesta del Gobierno federal basada, según Alfonso Durazo, Secretario de Seguridad, en la información recabada por una mesa “General de Inteligencia” y procesada por el Centro Nacional de Información del Secretariado Ejecutivo.

Las cifras proporcionadas por el periódico el miércoles pasado, el Gobierno federal casi las cuadruplicó un día después, pero las correspondientes a su primer mes de administración (diciembre) resultaron más bajas que el último (noviembre) del sexenio anterior.

Con unos y otros temas, las cartas se emparejan para López Obrador. Podríamos hablar, incluso, de que tira a no perder ninguna. Y que si, por alguna razón, ve perdida alguna, aunque no es jalisciense, arrebata.

 

LO QUE VIENE…

El mapa de las batallas está bien delimitado. Viene, en las próximas semanas, un juego de vencidas en el sureste mexicano o, al menos, en Chiapas, entre el gobierno de López Obrador y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que hoy ya no porta armas, sino palos, y que cuando las portó no daban para mucho, por lo que llaman “imposición” de la obra del Tren Maya, que, dice, afecta a comunidades indígenas, y porque, también afirma, si la Madre Tierra hablara…

En puerta está el mano a mano con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, y con el propio sindicato magisterial, ante la iniciativa presentada el 12 de diciembre para derogar la “mal llamada Reforma Educativa” y de la que, según Mario Delgado, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, “no quedará ni una coma”. El Presidente sabe que con el magisterio disidente, encabezado por la Sección 22, con sede en Oaxaca, el asunto no es de cláusulas y guiños de apapacho, sino de aquello con lo que el perro baila.

Pero de esas hay otras, como la batalla que libran los padres de los 43 normalistas desaparecidos en 2014, a quienes el Presidente ya les prometió la Comisión de la Verdad (“Verdadera”).

Un caso que para mi gusto, ahora ya con un gobierno de izquierda al frente del país, tiene todas las posibilidades de ser resuelto no sin provocar un trauma en las mismas filas izquierdistas, pues de sobra son conocidos los principales protagonistas de la espeluznante tragedia, en qué filas militaban… y hasta con quién “se juntaban”.

Y en su momento brincará la liebre de la relación real con Estados Unidos, sobre la que el Presidente vecino, Donald Trump, no deja de picar la cresta con su “México ya está pagando el muro con el nuevo tratado comercial”. De la asunción de López Obrador a la fecha lo ha repetido mínimo cuatro ocasiones, y quien antes pedía al gobierno de Peña Nieto no ser cobarde y enfrentar las indirectas del mandatario estadounidense, ahora insiste en su “amor y paz” y en no decir ni “pío”, aguante y aguante vara.

Y el camino de la relación con Venezuela o Cuba sin caer en extremismos.

Y el asunto de la migración centroamericana.

Y si la gasolina se abarata. Y si Pemex vuelve a ser una veta de oro negro. Si los “ninis” dan fruto.

Si logra levantar una nueva institución, sólo una, distinta a las que, “haiga sido como haiga sido”, levantó el PRI en 70 años de acaparamiento político.

En estos días se da una prueba “sencillita” que sienta las bases de cada año, como una predicción, el mes de enero.

Si este gobierno lo brinca sin aspavientos económicos está del otro lado. Bueno, casi.

 

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@RobertoCZga

 

 

 

 

 

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