La ruta del fraude electoral en Chiapas

Imponer a Rutilio Escandón o Fernando Castellanos

Compartir:
Manuel Velasco. Se juega el futuro en un volado

Este 1 de julio se disputó la Presidencia de la República.  Entre las siete gubernaturas, el estado de Chiapas tuvo elecciones para los seis cargos de elección popular: Presidente, gobernador, presidentes municipales, diputados locales, diputados federales y senadores.

Como signo distintivo en la designación de cada uno de los aspirantes prevaleció la imposición y la antidemocracia al más rancio estilo priísta de los 87 años de manifiesto autoritarismo.  Andrés Manuel López Obrador se autopostuló como el único candidato de Morena.


En connivencia con el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, Rutilio Escandón, de origen priísta, perredista sin convicción, verde de ocasión y ahora furibundo morenista, fue impuesto candidato a la gubernatura del estado por encima de la voluntad de la militancia.  No hay tal.  Rutilio Escandón siempre fue rechazado desde antes de su nominación y, ya como candidato, abucheado y severamente cuestionado en cada aparición pública.

Por eso, con todo y la presencia de AMLO, demostró su escasa capacidad de convocatoria. El cierre de campaña del pasado 29 pudo reunir a más de 10 mil “simpatizantes”.  Sólo que, para lograrlo, el gasto a cargo del erario estatal fue excesivamente oneroso únicamente para ver a un Rutilio sin discurso político y sin carisma frente a un público famélico y hambriento que por unos cuantos pesos llegó a aplaudir.

Eduardo Ramírez Aguilar y Sasil de León Villard, candidatos al Senado de la República por Morena, son otros de los graves atentados a la democracia, a la ciudadanía y al electorado.  Ramírez Aguilar siempre militó en el Partido Verde, pero en su afán de obtener la nominación como candidato a la gubernatura se convirtió en el principalísimo actor de los actos más graves de traición y deslealtad partidaria.

Buscó ser candidato por el PRI-Verde, pero como fue derrotado por Roberto Albores Gleason inició un movimiento mal llamado “por la dignidad”.  En tres días consecutivos, y con un gasto excesivo, propició el acarreo de más de 30 mil “simpatizantes” para protestar en contra de la imposición de Albores Gleason.

Como su locuaz y fugaz movimiento no le dio resultado buscó postularse por el Verde, Chiapas al Frente y las franquicias locales familiares Chiapas Unido y Mover a Chiapas.  Derrotado por José Antonio Aguilar Bodegas, en la candidatura de Chiapas al Frente, Eduardo Ramírez mutó en “candidato”, al Senado, por Morena.

Lo malo para el ahora ex Verde es su indefinición ideológica y política.  En concentraciones públicas masivas insultó a Andrés Manuel López Obrador al llamarlo mentiroso por criticar a Manuel Velasco por el uso indiscriminado de los programas sociales con fines electorales.  Belicoso como es, Andrés Manuel llamó mercenario de la política a Ramírez Aguilar.  Sin un ápice de dignidad, hoy, Eduardo Ramírez llama al señor López el hombre que va a cambiar la historia de México.

Sasil de León Villard es otra de las oportunistas. Sin presencia política y con un talante de insignificancia y minusválida intelectualmente, emigró del Verde y ahora es una más de las fans de López Obrador.  Lo malo para Sasil es que cuando inició campaña en San Cristóbal, la rechifla y los gritos de “fuera, fuera, fuera” no la dejaron terminar un discurso sin contenido político y de lo que desconoce absolutamente: La ideología.  Y no es para menos; Sasil representa el abaratamiento de la política en Chiapas.

Desde antes del inicio del proceso electoral, Manuel Velasco se propuso controlar la designación de candidatos en todos los partidos y, por supuesto, el resultado de las elecciones.  El proyecto político inicial indicaba que el maleable y sumiso Rutilio Escandón era el prospecto de Morena.  María Elena Orantes, en funciones de esquirol, sería propuesta para el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano.  Roberto Albores sería, en solitario, el candidato del PRI, más el Panal.  Y Eduardo Ramírez iría por el Verde y las franquicias Chiapas Unido y Mover a Chiapas.

El intento de imposiciones se derrumbó cuando el candidato de Chiapas al Frente resultó ser José Antonio Aguilar Bodegas y Roberto Albores Gleason ganó la nominación a Eduardo Ramírez Aguilar con la candidatura del PRI, Verde y Panal.  Incluso, a Aguilar Bodegas se le inició, clandestinamente, una averiguación previa por lavado de dinero, y otros ilícitos inventados, para impedirle la candidatura que el PAN y el PRD veían con muy buena disposición.

Era la segunda vez que el bandido del procurador Raciel López Salazar inventaba delitos a José Antonio.  La primera fue cuando Juan Sabines impidió que Aguilar Bodegas participara en el proceso electoral del 2012, también con delitos inventados.  Ese patrón de comportamiento indica que el enemigo a vencer desde el 2006 ha sido y es “Josean”, en tanto que los demás candidatos resultan de caricatura política.

Como el plan “A” no resultó, hubo de ponerse en práctica el plan “B”.  Se buscó, entonces, que Eduardo Ramírez fuera el candidato del Verde, Chiapas al Frente, Mover a Chiapas y Chiapas Unido, cuya estrategia terminó, otra vez, en fracaso.  Con la anuencia de Peña Nieto, el Verde se separó del PRI y dejaron solo a Roberto Albores.

En un pésimo malabar político, a principios de junio apareció el alcalde de la capital, Tuxtla Gutiérrez, Fernando Castellanos Cal y Mayor, como candidato del Partido Verde, Chiapas Unido y Mover a Chiapas, en una lamentable decisión. El cálculo político resultó contraproducente y oneroso.  Desconocido en el estado, y con funestos antecedentes como presidente municipal, apenas ha podido remontar el 10 por ciento de las preferencias electorales.  Se pensó que con mucho dinero, y apenas 25 días de campaña, Fernando Castellanos podía superar su bajo perfil político.  No fue así y ahora deambula en el sótano de las preferencias electorales.

No hay, pues, manera de cómo hacer ganar a Fernando, y un eventual triunfo llevaría imbíbito el estigma del fraude con todo y que por quedar bien con López Obrador, en un acto de alta traición a sus correligionarios, llame a votar por éste, en tanto que a Rutilio, desangelado, sin carisma, de discurso infantil y plano, le fabrican encuestas a modo para justificar el único medio que tiene de ganar: El fraude electoral de lo que tanto se duele López Obrador, pero que si a él le beneficia tiene justificación.

Por eso la cancelación del segundo debate con la complicidad del Instituto Electoral y el Tribunal Electoral, y la instrucción del gobernador. Era exponer, otra vez, la incapacidad política y retórica de Rutilio Escandón frente a José Antonio Aguilar Bodegas, y a un Fernando Castellanos fuera de contexto, sin recursos oratorios y totalmente ignorante de la problemática estatal.

Así, con los obstáculos impuestos a José Antonio Aguilar Bodegas y a Roberto Albores Gleason, y el apoyo a dos diletantes aficionados de la política, Manuel Velasco se juega el futuro en un volado sobre todo porque hay demasiados pasivos en colaboradores, familiares, y un peligroso talón de Aquiles que ya no podrá revertir.

Por eso debe entenderse que en política, el poder tiene fecha de caducidad y la salida se prepara desde el primer día para evitar caer en la improvisación de los últimos días.

Y recordar que una vez sin erario público a la disposición, y en la desgracia política, los medios y la prensa crítica tendrán suficiente tiempo para destacar, en superlativo, lo más nefasto del gobierno.  Ampliaremos…

 

[email protected]

 

 

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...