La primera factura

Imposible dejar huella si se camina de puntitas

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El cambio de titular en el Ejecutivo federal, revestido de una alternancia partidista, que no se efectuará con proyectos y compromisos que vaticinen una continuidad con adecuaciones y mejoras de lo realizado, amén de una secuencia de los pendientes por ejecutar de la administración de Enrique Peña Nieto que fenece, hace recaer en la vieja historia de que cada sexenio se tiene que reinventar el país, evitando la continuidad y el aprovechamiento de lo adecuadamente realizado, y la recomposición o cancelación de lo prescindible e innecesario; adicionando los nuevos proyectos de la administración entrante, porque no se puede estar inventado cada seis años al país: Por el enorme costo que esto representa.

Pasados los 60 días de su triunfo electoral, donde de inicio atrajo la atención mediática, marca día con día la agenda nacional, observando a un Andrés Manuel López Obrador ejerciendo su mandato a destiempo, difundiendo sistemáticamente compromisos de cambio y reconstrucción, con una excesiva presencia en los medios que compromete en demasía más que, reafirmar su posición de hombre de Estado: Un actuar que incomoda y seduce.


Para muchos, justificable, donde los termómetros de aceptación presidencial marcan la asignación más alta en la historia de un inicio de gestión (rebasando el 70 por ciento); muy por encima de la obtenida por Vicente Fox Quesada con todo y su bono democrático.

Para otros, alejado de un comportamiento institucional, revestido de un proceder que sorprende, estremece e ilusiona, según la perspectiva en la que se quiera ubicar cada receptor.

 

LA AUSTERIDAD

López Obrador inaugura una nueva era o una imposición en el estilo de gobernar, promoviendo esquemas de “austeridad” muchas veces anunciados por sus antecesores, pocas veces ejecutados o consumados, aunque sea medianamente.

Una bandera con la que se quiere hacer sentir y diferenciarse para asegurar un lugar en la historia.

Una medida que quiere dejar como precedente, eje operador para reconstruir y reposicionar al país, según su política de aplicación bajo su mando presidencial.

Un poder que se manifiesta en todos los ámbitos, identificándose en todos los temas, desechando el viejo slogan donde: “El mejor gobierno es el que menos se siente”, porque él se ha hecho sentir aún antes de asumir su designación electoral.

Una “Austeridad Republicana” apoyada y festejada por la mayoría, cuestionada y diferenciada por los afectados, con la que pretende vincular y aplicar en todos los recintos donde se ejercen recursos públicos, donde sin duda, la primera factura por cobrar de esta innovación es: La burocracia.

Con una aplicación de ajustes salariales y cancelación de plazas, dirigida fundamentalmente para el segmento de alta dirección del gobierno federal, pretende generar ahorros sustantivos indispensables para solventar sus innumerables compromisos de orden social, desechando con estas acciones el atractivo del viejo slogan acuñado por los políticos de siempre, que les aterraba vivir fuera del presupuesto.

Un indicador innegociable, porque en la próxima administración nadie del gobierno federal podrá ganar más que el Presidente de la República (ciento ocho mil pesos mensuales), con un mensaje claro para todos los órdenes de gobierno, incluyendo el Legislativo y Judicial.

 

UN RECORTE INUSITADO

Una planeación, programación y presupuestación ya inevitable de reconsiderar, con una aplicación para las 18 secretarías de Estado y 229 entidades del gobierno federal, contempladas en el Proyecto de Nación de la administración que asume el cargo el 1 de diciembre próximo.

Un diseño planificado para que el gobierno opere con el 30 por ciento de la estructura actual de mando superior, es decir, que se recortan 7 de cada 10 altos mandos burocráticos, algo así como la eliminación de 6,113 plazas, de subsecretarios, jefes de unidad, oficiales mayores, directores generales y adjuntos, estando en riesgo bajo este esquema más de 200 mil plazas, de menor rango diferenciado.

Algo inconcebible para dirigir, organizar y supervisar áreas tan específicas y especializadas, donde los estudiosos de la administración pública aprecian más una medida “seductora” políticamente hablando, donde se privilegia el ahorro para impulsar programas sociales, por encima de la eficiencia que debe operar en las oficinas gubernamentales.

Disposiciones para optimizar el gasto público dirigido en primera instancia al capítulo de servicios personales, aunque aplica también en materiales y suministros y servicios generales; que está causando desconcierto, consternación y pánico en los empleados federales involucrados, que se agudizará conforme se acerque la fecha de aplicación, aunque las medidas de aplicación todavía no se difundan con los procedimientos de ejecución, donde se prevén muchos desempleados, descontento, arrepentimiento y enojo.

 

UNA BUROCRACIA DE DISTINCIÓN

Una medida explicable en los hechos, por la excesiva distinción salarial,  llena de privilegios y canonjías que se prodigaban, para una  burocracia representativa de la gobernanza mexicana que, en su conjunto, y con una marcada distinción para los mandos superiores,  se fue consolidando en el tiempo y en su expansión estructural y funcional, no logrando detonar una apreciación dentro  de la ciudadanía como un sector calificado y de eficiencia, y que hoy, para la administración lopezobradorista, dista de tener ese talento, esa experiencia que requiere el país para conservarla íntegramente, convirtiéndose en el eje de un recorte anunciado por su alto costo y su cuestionable justificación.

Aunque los pormenores no se han difundido o son reservados para evitar el desconcierto, ya que no está definido o confirmado que estas medidas de austeridad, detonen en una mejora de la administración pública, donde no se aprecia si su totalidad será de mandos superiores o también serán incluidos mandos medios, aún con su servicio civil de carrera, porque se pretende modificar la Ley de la Administración Pública.

 

DESFAVORABLE DIAGNÓSTICO

Con un diagnóstico desfavorable de la sociedad en su gran mayoría sobre este conglomerado laboral (con significativas excepciones), porque se ha identificado que muchos de sus componentes rara vez pasaron de la rutina a la innovación y, de la operación a la creación; convirtiéndose en trabajadores indiferentes que se concretaban en cumplir tiempo más que generar resultados y contribuir en el fortalecimiento de su institución.

Una población que derrochó un espacio laboral distinguible, asignaciones salariales apreciables y, prestaciones que no se ofertan en la iniciativa privada, bajo el amparo de una posición inamovible para los sindicalizados o la protección y respaldo de los recomendados o bajo el velo de un servicio civil que en la mayoría de los casos dejó de cumplir su objetivo de especializar y actualizar al trabajador para resistir el embate del cambio en tiempos de revelo sexenal o sustitución de titulares: Todos en su conjunto han contribuido con la imagen peyorativa del “burócrata”.

Servicios o actividades que rara vez obtienen la distinción o reconocimiento de una sociedad que los ha padecido y padece, y que hoy, respalda en su abrumadora mayoría la adecuación y reducción anunciada, en espera de que esta función pública retome el espíritu y funcionalidad con la que es concebida.

Una ineficiencia y falta institucional que hoy se lamenta y cuestiona, ya que por lo menos un elemento de cada familia mexicana tiene un familiar directo o indirecto o amigos de aprecio que podrán quedar en el desempleo, siendo abrumador el respaldo de la ciudadanía por estas medidas de ajuste de plazas y reducción salarial (70 por ciento de aprobación algunas encuestas), que hace inevitable ya su puesta en marcha.

 

SEVERO RECORTE

Una burocracia que cubrirá la primera factura de la “Cuarta Transición”, ya que el presupuesto que se les destina para operar, de inicio, sufrirá un severo recorte con el que se pretende por una parte acabar de una forma directa y efectiva con el dispendio y prerrogativas de los mandos superiores del Gobierno Federal, que ya en las cámaras de Senadores y de Diputados se empezó a aplicar.

Ahorros, si no suficientes, sí necesarios y cuantificables para atender de inicio los sectores marginales detectables por el que será el próximo Presidente de la República, ya ventilados y difundidos ampliamente ante la opinión pública.

 

UNA PROTECCIÓN MAL ENTENDIDA

Aunque ha solicitado que se haga público el patrimonio de los sindicatos, causa la sensación de insatisfacción al identificar que sus privilegios, pero sobre todo la protección paternalista que comúnmente despliegan, sigan intocables; porque bajo su manto se generan en el personal operativo las zonas de confort de cuyo resultado los empleados dejan de aprender y evaden la disciplina y responsabilidades, generándoles una seguridad que daña al empleado y a la institución misma.

 

LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Otro renglón que causa descontento e incomprensión, porque no se ha contemplado en el programa de austeridad anunciado, son las millonarias prerrogativas que recibirán el año próximo los partidos políticos.

Para todos los ciudadanos ha quedado claro que, estas agrupaciones poco aportan a la democracia y, no representan a los mexicanos.

Convertidos actualmente en una “burocracia” de privilegios y de gastos onerosos que debe ser tratada con la misma regla.

Porque no se puede dejar huella si se camina de puntitas.

 

 

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