La piedad burguesa y el Cambio Climático; no vi lo fuerte en el discurso de Greta Thunberg

Los ecologistas de ocasión fueron atraídos por la corrección política o para mutarse entre los ‘bien pensantes’ pro bici, pro perro y anti tabaco. No veo quien renuncie al automóvil; algunos dicen evitar los aerosoles, pero todos se emocionaron con el discurso de Thunberg

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Como un proceso de depuración pregunte usted a los defensores del Cambio Climático que estén a su alcance quién de ellos renunció al uso del automóvil -ahora tendrían que viajar en transporte público- para evitar quemar los 200 litros de gasolina -promedio mensual de consumo de un automóvil- causantes de la producción de dióxido de carbono CO2, provocador del efecto de invernadero y del calentamiento global.

Tal vez tenga más suerte que yo.

Ninguno de mis consultados renunció, en verdad, al automóvil; algunos dicen evitar lo más posible los aerosoles; uno que otro ha estado en una marcha, pero todos se emocionaron con el discurso de Greta Thunberg.

La mayoría repitió la frase “Fuerte discurso de la joven sueca” para adornar sus tuis, Facebook, Instagram y WhatsApp, principalmente entusiastas, políticos e “influencers”.

Thunberg reunió a 4 millones de jóvenes en el mundo, el viernes pasado, en una protesta, algo así como el .003% si tomamos en cuenta solamente las 100 ciudades más pobladas del planeta.

A mí me pareció un discurso emotivo, más que fuerte, que tuvo el efecto, inmediato, de inflamar el ambientalista de ocasión que todos llevamos dentro.

Bajo el riesgo de ser tachado de cascarrabias, muchos de los férreos defensores domésticos contra el Calentamiento Global han transmitido a sus hijos -y peor si son maestros de escuela- una especie de histeria que les provoca temores exagerados sobre la alimentación, sobre el trato a los animales; la comprensión de la naturaleza y de los ecosistemas.

Ojo. No digo que no hay que cuidar el planeta; en lo personal debe ser una profunda convicción cultural, pero ahora se trata del snobismo de la posverdad impuesto en redes sociales, que han sobreexplotado la reacción de furia en el rostro de Greta al dar el discurso y ver llegar a Donald Trump a la Cumbre de Acción Climática en Nueva York.

Creo que fuera del tema climático, millones tendrían motivos para reaccionar con furia al toparse con Trump, un negacionista ignorante del Cambio Climático, igual de ignorante que la inmensa mayoría de los defensores del clima que fueron atraídos por la corrección política o para mutarse entre los que se consideran “bien pensantes”, esto es, los pro bici, los pro perro, los anti tabaco y los pro clima.

Digamos que todos son practicantes de la piedad burguesa ecologista que mide sus límites de esa “decencia” al toparse con mosquitos, cucarachas, ratas y más, pero, insisto, hasta ahora NO me he encontrado entre los ecologistas de ocasión a los practicantes anti automóvil.

Me han fatigado charlas de férreas personas pro clima que ni siquiera conocen de evolución, paleoclimatología, ni están enterados de ciclos climatológicos, que rebasan la escala humana, esto es, que se dan en lapsos mayores a 80 años, y ni qué decir de los movimientos de Pangea en el Proterozoico.

Estoy seguro de que el alarmismo de los políticos ambientalistas que han lucrado con el tema, algunos con partido propio, como el Verde Ecologista de la familia González Torres, refugio de Arturo Escobar y de Manuel Velasco, son los peores enemigos del ecosistema.

Piensan que la insaculación del miedo manipulará a las personas, pero al permear la verdad y desnudar los dudosos cálculos catastróficos que “vendieron” provocan el efecto contrario.

Mientras tanto, habrá que reflexionar si lo que hacemos por el ecosistema es mera piedad burguesa.

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