La pastorela de agosto: Gobierno, Morena y poderes

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Hay días en que el menú para escribir es bastante surtido. Qué digo surtido; rico. Para chuparse los dedos. Verdaderas perlas del ambiente político y la administración pública.
¿Por dónde empezar? Y es que comentar, opinar y analizar todo requeriría de planas y planas. Y ¿dos, tres, cuatro, veces por semana?
El asunto no es sólo el abordar ciertos temas como materia de artículos y columnas, sino lo que representa su manejo ante la sociedad, que a veces se confunde y no encuentra la punta del hilo de lo que se pretende sea una “transformación” total, partiendo, en principio, del trabajo y los actos de los Poderes (y todo su aparato) que nos rigen.
De la telaraña de contradicciones que exhibe el Gobierno que nos representa; de los enjuagues y embutes de los partidos políticos en sus canibalescas luchas internas; de las capacidades, o incapacidades, de personajes frente a una responsabilidad otorgada.
Esta semana, un punto fuerte es el magisterio, sobre todo el que tiene que ver con los disidentes. Ahora hacemos la descripción, pero antes debemos anotar dos joyas de la lista de asuntos en que se enreda el gobierno de la Cuarta Transformación.
Este martes, en IMPACTO, cerramos edición con la novedosa forma de Gobernación de afirmar una cosa (diálogo con crimen organizado y/o grupos de autodefensa) y a la hora desdecirse y afirmar otra.
O la increíble admisión de Javier Jiménez Espriú de que “ni idea tiene” de cuándo se construirá el aeropuerto de Santa Lucía ante los más de 80 amparos “que se tienen que resolver” y ante la afirmación, hace días, del Presidente Andrés Manuel López Obrador de que la obra va porque va. Amén de que, horas después, al Gobierno Federal le fue notificado que un juez federal otorgó otra suspensión definitiva, esta vez contra la ejecución de la Autorización de Impacto Ambiental emitida por la Secretaría de Medio Ambiente.
O éste, hablando ya del despacho noticioso de Notimex en el que reproduce las exigencias de la CNTE mediante sus líderes en Oaxaca y Michoacán, sobre las declaraciones de Esteban Moctezuma, titular de la SEP, en las que afirma que “la venta de plazas magisteriales y extorsiones a maestros no se han acabado”, en franca contraposición a la postura del Presidente.
“Si se atreve a lanzar estas acusaciones, debe tener pruebas suficientes… (que ponga) siglas, nombre y apellidos”, exige uno de los dirigentes.
Esto apenas a horas de que López Obrador asegurara a IMPACTO que tal práctica (venta de plazas) era cosa del pasado y que, si acaso existía, no era de parte de la CNTE. Pero entre dicho y reclamo, al parecer, a quienes les quedó el saco fue a los profesores disidentes.
Porque, además, ellos mismos hacen quedar mal al Presidente al anunciar, así, retadores, que aplazarán el arranque de clases en Michoacán, es decir, no van a trabajar, no van a dar clases, aduciendo lo que sea, cuando López Obrador acababa de defenderlos el martes diciendo que nunca abandonaron las aulas, que fue una infamia de los neoliberales. Y, por si fuera poco, este miércoles bloquearon la Autopista del Sol y, antier, la CETEG destrozó las oficinas de Educación Física en Chilpancingo (¿para ellos no hay “ley garrote”?).
O el show legislativo que protagonizan, desde hace tres días, Martí Batres y Ricardo Monreal (Morena, pues) en el Senado y que ayer, para no pasar desapercibido y llevar también algunos cubetazos de agua a su molino, entró al cuadrilátero nada más y nada menos que el peso pesado de Porfirio Muñoz Ledo, presidente de los de enfrente, los diputados federales.
“Unidos contra el golpismo”, exclamó el diputado tomándose una foto con Batres, poniéndose, ambos, en guardia boxística.
Y agregando: “En la Cámara de Diputados no hay “golpismo ni levantismo, ni movimientos levantiscos… Estamos en la Cuarta Transformación; no en la Cuarta Tranquiza… La víscera no puede estar por encima de la razón”.
Ante la euforia que despertó en Batres, quien le aplaudió su “gran ingenio”, creo que muchos sólo podemos esbozar un “ja, ja, ja”.
¿Algo nos falta?
¡Claro! El laberinto en el que se encuentra la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, ante las protestas feministas por el cúmulo de agresiones, casi a diario, contra mujeres. Al grado de llegar a perdonar los desmanes, mayúsculos, por cierto, contra infraestructura vial, de los colectivos feministas. De proponer planes nuevos, que debieron existir desde hace años (es decir, no todo es culpa de su gobierno, pero sí de lo que ocurre desde hace nueve meses); de crear mesas de trabajo espontáneas. Como le ha ocurrido con las malas rachas ambientales, con las lluvias, con el Metro, con la vialidad, con la inseguridad en general.
Y, claro, todo esto arrastrando una imagen deteriorada de su Secretario de Seguridad Ciudadana, Jesús Orta, y su Procuradora, Ernestina Godoy. Enredados también con el asunto de la presunta violación sexual de una menor de Azcapotzalco.
Y, vaya, nos cansaríamos de sacar argumentos para una especie de pastorela o parodia adelantada de fin de año ante sucesos por semana.
Donde entre trampas y obstáculos siempre hay demonios y hasta el diablo (así todo mundo intente ser bien portado) metiendo su cuchara.

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@RobertoCZga

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