La oposición no es un grupo ‘conservador reaccionario’ como quiere AMLO; son decenas de millones en redes sociales

López Obrador no puede operar sin un presunto ‘ente malvado’ frente a sí, como lo hizo con Salinas, la Mafia en el Poder y en la campaña contra Ricardo Anaya. La verdadera fuerza está en decenas de millones de usuarios de redes sociales; esas, difícilmente podrán ser frenadas por los reaccionarios de la 4aT

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Andrés Manuel López Obrador no puede operar sin un presunto “ente malvado” frente a sí, como lo hizo, durante lustros, con Carlos Salinas de Gortari, posteriormente la Mafia en el Poder y en la campaña contra Ricardo Anaya Cortés.
López Obrador trató, desde el primer día de su administración, de materializar en una supuesta oposición viva el mal al llamarlos conservadores, “fifís”, neoliberales y neoporfiristas, una condición análoga del ladrón que grita “¡ahí va el ladrón..!” aun cuando el candidato de Morena era quizás el más conservador de los cuatro aspirantes presidenciales: Anaya Cortés, José Antonio Meade Kuribreña, Jaime Rodríguez Calderón y él.
En la conferencia mañanera, cada vez más tediosa y mentirosa, el presidente dijo que ve a una oposición responsable y que eso lo celebra, y, a la vez, recalcó: “Los conservadores NO han podido conformarse como un grupo reaccionario”.
El gran enemigo encarnado en el mal fue muy útil a Fidel Castro Ruz. “El imperialismo” le sirvió, enormidades, para justificar la ineptitud del gobierno posrevolucionario que llevó al abismo económico a Cuba, y ni se diga los discursos de victimización por el embargo de Estados Unidos.
La misma estrategia repitió Hugo Chávez Frías en Venezuela y la continuó Nicolás Maduro, con pésimos resultados. En México habrá más dificultades por tiempo, dimensión de país y coordenadas geopolíticas, pero existe una maquinaria echada a andar para tales propósitos.
La organización gubernamental de López Obrador es terriblemente deficiente; al interior hay grupos peligrosamente polarizados y otros simplemente se ignoran, indicador de una estructura con una deficiente o nula cooperación horizontal.
De los más visibles, Santiago Nieto Castillo, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF); Arturo Herrera, de Hacienda; Olga Sánchez Cordero, de Gobernación; Alejandro Gertz Manero, de la Fiscalía General de la República; Marcelo Ebrard Casaubón, de la SRE; Alfonso Romo, de la Oficina del Presidente; Irma Eréndira Sandoval, de la Función Pública; María Luisa Albores, de la Secretaría de Bienestar, y Alfonso Durazo Montaño, de la SSPC, además del sector energético, encabezado por Rocío Nahle (Sener), que habla solamente lo indispensable con Octavio Romero Oropeza, director de Pemex. Lo mismo pasa en el sector salud, donde Zoé Robledo, del IMSS, se maneja muy independiente del Secretario de Salud, Jorge Alcocer.
Javier Jiménez Espriú (SCT) y la titular de Economía, Graciela Márquez, inclusive el de Turismo, Miguel Torruco Marqués, dejaron de existir. Esto es, cada quien camina con agenda muy propia y, para la mayoría, el único punto de confluencia es el presidente López Obrador.
La administración de la Cuarta Transformación es desastrosa y no se ve el remedio. Los grupos están a la defensiva; evitan, a toda costa, ser parte del evangelio mañanero, ya que en cualquiera de los sentidos, una mención en Palacio Nacional los mete en grandes problemas y los pone a templar.
Bajo esa perspectiva, las cosas pintan mal. Es necesario culpar y provocar a presuntos opositores, que, en realidad, más allá de los debilitados PAN, PRI y PRD, no hay agrupaciones visibles; posiblemente la Coparmex de Gustavo de Hoyos Walther con una reelección a futuro, sin embargo, la mecánica de la indignación ahora es muy diferente, difícil de combatir por la individualidad de las redes sociales y, en los hechos, muy efectiva.
De nuevo, en la conferencia mentirosa, López Obrador echó mano de su desgastado recurso histórico: “Los conservadores NO han podido conformarse como un grupo reaccionario, sobre todo cuando se articularon en el movimiento de Reforma”.
Pensar batallas imaginarias con un ojo en la historia y otro en un presente que no funciona debe ser frustrante.
En México, hasta el momento, no hay un gran bloque opositor; sí un gran bloque de indignados que ve la caída en el empleo, en las inversiones, en la espiral de recesión que gana velocidad y el deterioro del poder adquisitivo.
Estos indignados aumentan exponencialmente y se calcula que en la elección del 2021 serán un factor muy importante de movilizaciones e influencia en las urnas.
El grupo opositor, al cual sataniza, a priori, López Obrador como “conservador reaccionario”, difícilmente se materializará como quisiera. La verdadera fuerza está en las decenas de millones de usuarios de redes sociales. Esas difícilmente podrán ser frenadas por los reaccionarios de la Cuarta Transformación.

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