La movida de Carstens

Clarísimos desafíos de México de cara al futuro inmediato; tareas nada sencillas restarle presión al peso respecto al dólar y definir su estrategia de política de tasas de interés

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Agustín Carstens. ¿En puerta un cambio de rumbo en la política de tasas?

De cara al futuro inmediato, México tiene dos clarísimos desafíos: Restarle presión al peso respecto al dólar y definir su estrategia de política de tasas de interés.

Ninguna de las dos son tareas sencillas, máxime cuando dichas decisiones tienen que ver, en buena medida, con la correlación económica que el país azteca guarda con Estados Unidos –su principal socio-, y también con los embates que llegan desde el exterior, producto de la globalización.

En el renglón de la relación del peso y el dólar, la política cambiaria es crucial  por todas las presiones internas que representa: Impacta a la meta de inflación, la cuenta corriente, en general, la balanza de pagos, y también  presiona el  presupuesto anual.

No es lo mismo vender el petróleo a 40 dólares por barril, con un tipo de cambio de 15 pesos por el billete verde, que hacerlo a casi 20 pesos por dólar, es decir, hay un importante diferencial cambiario, ese por el que los empresarios están jalándose de los pelos porque están teniendo un golpe directo en sus costos de producción, que se traduce en un reajuste en sus costos fijos –sacrificando, en algunos casos, mano de obra- y reetiquetando precios para compartir con el consumidor el impacto final de la depreciación de la moneda mexicana.

Acontece en una economía que cada día importa más insumos y bienes intermedios para terminar o complementar sus productos, bienes, mercancías y hasta para proveer de servicios.

Muchos empresarios, después, exportan los bienes terminados y,  a diferencia de lo que sucede cuando la producción va al mercado interno, no siempre pueden incrementar sus precios de exportación porque eso les hace perder competitividad; entonces, no trasladan al consumidor extranjero el reajuste cambiario, sino que, de forma inflexible e inelástica, lo dejan, nuevamente, golpeando al mercado interno, y aquí,  el sacrificio de mano de obra es visible.

Para el ciudadano normal, el de a pie, igualmente, el peso en estos niveles históricos de devaluación le provoca daños en su economía personal; no sólo, seguramente, está adquiriendo los productos más caros, sino que sus perspectivas de viajar al extranjero se ven mucho más limitadas, y para aquellas personas que tienen deudas en dólares o indexadas al billete estadounidense  (American Express), la situación los debe tener bastante preocupados.

¿Se va a desinflar el dólar?  En mi opinión sucederá, gradualmente, después de las elecciones del 8 de noviembre, siempre y cuando Hillary Clinton resulte victoriosa y, en diciembre, la Reserva Federal vuelva a subir sus tasas de interés.

A la moneda mexicana le desfavorece el nerviosismo de cara a las presidenciales estadounidenses; se ha creado una burbuja de volatilidad fabricada de puras especulaciones en torno a la figura de Donald Trump. Y si los petroprecios se estabilizan, eso dará, también, certidumbre  a otros mercados como el de las divisas.

 

A COLACIÓN

Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, anunció, hace unos días, el tercer reajuste alcista de las tasas de interés al elevar el tipo de referencia de 4.25% a 4.75 por ciento.

Para muchos se trata de una señal en el cambio de rumbo en la política de tasas implementada por el instituto central desde que en 2009 empezó  a bajarlas no al extremo de Estados Unidos y Europa, con  intereses al cero por ciento, pero un nivel del 3% en promedio se ha mantenido por buen tiempo y ahora, este año, por todas las circunstancias externas, ha comenzado a subirlas.

¿Volveremos a los niveles de tasas de interés de referencia máximas del 8.25% de mediados de agosto de 2008? Yo creo que no, en el corto plazo, salvo que la Reserva Federal implemente, a partir de diciembre próximo y con Hillary en el poder, una aceleradísima carrera alcista y en México no se tenga otro margen de acción más que secundarlo para no perder atractivo ante los  inversores y participantes en los mercados, y evitar que trasladen sus posiciones en bonos, depósitos, pagarés y otros instrumentos hacia posturas en Estados Unidos.

¿Verdad que está muy complicado? Y, encima, en México, los reacomodos de fuerzas políticas se desatarán porque suenan campanas preelectorales; el camino hacia la Presidencia abre un nuevo horizonte; habrá que tener muy claros los objetivos en materia cambiaria y de tasas en estos meses por venir, para  quitarle presión tanto a la macro como a la microeconomía.

Tal parece que el margen de acción es muy limitado porque la economía depende de lo que acontecerá  en el traspatio, así como de la esperanza de que el recorte de la OPEP le dé un cierto respiro a los petroprecios, pero en estos momentos hay mucha bruma para dilucidarlo…

 

 

@claudialunapale

 

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