La medalla del cinismo

El pasado corrupto, conservador y neoliberal, planta un récord a la Cuarta Transformación con 37 oros. Hay un dejo de desfachatez en Ana Guevara y en López Obrador para imponer un recorte presupuestal en la Conade del 35% y premiar al presidente con una medalla

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Cuando Ana Gabriela Guevara Espinoza fue nombrada presidenta de la Comisión de Migración en el Senado por maniobra del coordinador del PRI, Emilio Gamboa Patrón, para dejarla fuera de la Comisión del Deporte, una encomienda de acuerdo a su naturaleza, dejé pasar unos meses para consultar con un experto en materia migratoria, Tonatiuh Guillén López, en ese momento Director del Colegio de la Frontera (Colef).
En ese momento escribí la respuesta sorpresiva de Tonatiuh: “Me sorprenden las ganas de aprender de Ana Gabriela y la capacidad para hacerlo”.
Ana no necesitaba de esta politiquería para mantenerse grande, pero hoy, en una actitud de desfachatez, a partir de aceptar el recorte de 35% del presupuesto para el deporte y callar por los mil 500 millones de pesos destinados al beisbol, se vuelve cómplice y, además, le otorga una medalla a Andrés Manuel López Obrador por su apoyo a la delegación mexicana en los Juegos Panamericanos.
El 24 de julio, el periódico El Universal publicó: “Ana Guevara pronostica pobre desempeño de México en Panamericanos (https://bit.ly/2OSeLre)”, asegurando que nuestro país estará lejos de conseguir las 22 medallas de oro como en Toronto 2015. En Lima, Perú, los mexicanos obtuvieron el histórico de 37 medallas de oro.
Esto es, el pasado malévolo, corrupto, conservador y neoliberal, le planta un récord en la cara a la Cuarta Transformación.
En el 2012, Ana estaba tan despistada en el repentino quehacer parlamentario que en lugar de ir a tomar posesión al Senado corrió a San Lázaro. En la Cámara de Diputados le dijeron: “Aquí no es”.
No hay duda de que metas como las logradas por la velocista son tan de mérito tan propio que chocan con la falta de sensibilidad para intuir cuando son utilizados con propósitos políticos.
La primera falta de respeto fue recortar de 2 mil 500 millones de pesos a mil 600 el presupuesto para el deporte; la segunda, implementar una oficina en la Presidencia de la República llamada Probeis, que en los hechos está al margen de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), independientemente de la valía del pelotero que la dirige, Édgar González.
La tercera fue ahorcar recursos al atletismo y olimpismo; la cuarta fue la designación de 500 millones de pesos, en este año, para Probeis y, la quinta, la designación de otros mil millones para la adquisición de dos estadios -escuela de beisbol, en Hermosillo, “Héctor Espino” y, en Ciudad Obregón, “Tomás Oroz Gaitán”-.
Qué bien que a Andrés Manuel le gusta el beisbol; ¿y?; ¿a quién le importa..?
El hecho es que Guevara Espinoza permite decisiones deportivas presupuestales con criterios de capricho narcisista. En lo personal, el beisbol es el deporte que más me gusta, por inculcada tradición sinaloense; ¿y?
En esta línea de razonamiento, Ana Gabriela debe tener un dilema frustrante; la delegación mexicana hizo historia en los Juegos, una hazaña que ni el futbol, que es el deporte con mucho más aficionados en el país, ha logrado lo que los atletas mexicanos.
Debe ser un cubetazo de agua fría para Ana que el presidente se viera obligado a voltear a los Panamericanos a medida de que subía el rendimiento y cerrar en un honrosísimo tercer lugar.
Además, para desfacer el entuerto, los “genios” de Palacio Nacional idearon el espectáculo de reasignar lo que se obtuviera de la venta de la mansión del chino narcotraficante Zhenli Ye Gon a becas para los vencedores.
¿Qué hace Ana Gabriela otorgándole una medalla a López Obrador por el “apoyo” a la delegación mexicana en los Panamericanos, donde la línea de tiempo marcó un desprecio evidente..?
Posiblemente Ana quiera ser gobernadora de su estado, pero se topará, irremediablemente, con Alfonso Durazo Montaño y sus intereses, y difícilmente brincará ese obstáculo.
Veo la imagen de la directora de la Conade y del presidente en la conferencia de Palacio Nacional; es la imagen del cinismo.

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