La ‘ley Meade’ para la paz y la seguridad

Exorcismo más eficaz y duradero para los demonios que Ayotzinapa y demás atrocidades de los criminales y corruptores han desatado es atraer flujos masivos de inversión extranjera directa acompañados por innovaciones capaces de generar nuevos sectores e industrias con potencial para incrementar la productividad y el dinamismo de cadenas productivas y regiones enteras

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Es tiempo de dar un verdadero golpe de timón que convenza y no deje lugar a dudas. Una estrategia eficaz para recobrar el crecimiento sostenido y rápido habrá de ser, necesariamente, el resultado de un vasto proceso político de construcción de consensos. Sólo la restauración de la concordia nacional y gobiernos legítimos con amplio sustento democrático permitirán a México recuperar el crecimiento y la esperanza, sobre todo, en las regiones y municipios más afectados por  la presencia del crimen organizado, con todas sus secuelas de corrupción y violencia. Por eso nada tan urgente como reestructurar a fondo el aparato nacional de seguridad y depurar a los tres niveles de gobierno de la influencia criminal corruptora, para así  poner en marcha la dinámica del crecimiento acelerado.

El exorcismo más eficaz y duradero para los demonios que Ayotzinapa y demás atrocidades de los criminales y corruptores han desatado es atraer flujos masivos de inversión extranjera directa acompañados por innovaciones capaces de generar nuevos sectores e industrias con potencial para incrementar la productividad y el dinamismo de cadenas productivas y regiones enteras. O, bien, reactivar industrias y regiones estancadas por haberse aislado de la dinámica competitiva global, como las de Guerrero, Oaxaca, Tamaulipas y Michoacán, etcétera, que hoy han cobrado notoriedad.

El 2018 debe pasar a nuestra historia como el inicio de una nueva era de crecimiento. Las condiciones están dadas para que la inversión llegue a las zonas donde impera la marginación. Los flujos deben venir de fuera o carecerán del componente innovador indispensable para modificar el “equilibrio estancado” de una economía que sistemáticamente condena, década tras década, a una parte de la fuerza laboral a la subocupación. El crecimiento económico de México se ha mantenido por debajo de su potencial. Esto ha sido un factor decisivo en la acumulación de rezagos sociales que contribuyen a la inseguridad y la violencia. Es indispensable una agresiva estrategia de atracción de inversión extranjera directa innovadora. Y nadie está mejor calificado técnica y moralmente que José Antonio Meade Kuribreña, precandidato del PRI y la alianza Todos por México a la Presidencia de la República, para dirigir este proceso. Su experiencia en la Sedesol, en la SRE y, dos veces, en la SHCP, además de su inteligencia superior y su sensibilidad  humana, lo dotan de capacidades poco comunes para enfrentar estos difíciles retos. Su reciente propuesta de una ley, la “ley Meade”, para combatir la corrupción y la impunidad así lo demuestran. Confío en que, el próximo 1 de julio, la mayoría de los mexicanos en edad de votar le demos la oportunidad de ponerla en práctica por nuestro bien y el de nuestros hijos y nietos. México lo merece y  lo necesita sin demora.

 

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