La lealtad del Ejército Mexicano

Más allá del discurso obligado, y de las declaraciones de rutina en las conferencias mañaneras, titular del Ejecutivo federal haría bien en atender malestar

Compartir:

Ya en su condición de anfitrión, el Presidente López Obrador podrá platicar con amplitud con Evo Morales, en especial sobre su equivocación al confiar en la lealtad del ejército de su país, sobre todo después que le dio todo, incluso el manejo de empresas.

Una y otra vez, Andrés Manuel ha elogiado la lealtad del Ejército Mexicano, sobre todo cuando lo compara con el que, al mando de Victoriano Huerta, dio el cuartelazo, de La Ciudadela, contra el tercer transformador, Francisco I. Madero.

Don Francisco Galindo Ochoa me relató al menos un episodio que vivió Gustavo Díaz Ordaz.

En el contexto de los acontecimientos de 1968,  el secretario de la Defensa Nacional, Marcelino García Barragán, se presentó, una ocasión, en Los Pinos encabezando a los comandantes regionales y de zona. El Presidente no tenía idea de lo que estaba ocurriendo, pero temiendo lo peor fue a su habitación, tomó la banda presidencial y se la cruzó sobre el pecho. El color le volvió al rostro cuando los generales se cuadraron ante su comandante supremo. Simplemente lo visitaban para reiterarle su lealtad en tiempos en que se hablaba, abiertamente, de un posible golpe de Estado.

Cuando se acercaba la elección presidencial del 2000 desayunaba, en la Secretaría de la Defensa Nacional, con el general Enrique Cervantes Aguirre, uno de los muchos que se formaron al lado del general García Barragán. Le pregunté qué actitud adoptaría el Ejército en caso de que el empate técnico entre Vicente Fox y Francisco Labastida, que algunos anunciaban, tuviera como consecuencia el caos político.

-“¡No somos el IFE!”, fue la respuesta escueta.

Fox sacó, a puntapiés, al PRI de Los Pinos y el Ejército se concretó a cumplir su misión de estar al lado de quien los mexicanos decidieron elegir Presidente.

Igual ocurrió en 2018; López Obrador echó de Los Pinos al PRI y el Ejército se colocó al lado del nuevo mandatario.

Por lo menos en tres ocasiones, Andrés Manuel ha agradecido a Enrique Peña Nieto no utilizar la fuerza del Estado para impedirle el triunfo. La versión socorrida es que el ex mandatario y su sucesor entablaron un pacto de impunidad. En realidad, pienso que López Obrador agradece a su antecesor no echar mano de cualquiera de los instrumentos a su alcance para sacarlo de escena, uno de ellos el Ejército.

Este largo preámbulo porque acontecimientos como la captura y liberación, en Culiacán, de Ovidio Guzmán, en el que el Ejército cargó, oficialmente, con culpas que estuvieron en otro lado, y el discurso crítico del general Carlos Ochoa Gaytán en un desayuno de generales con el secretario de la Defensa Nacional, Cresencio Sandoval, son incluidos en un contexto de malestar militar con su comandante supremo.

El asunto escaló a tal nivel que el Presidente creyó necesario hablar de golpe de Estado y negar la existencia de condiciones en nuestro país.

Está en lo cierto, sin embargo, es un hecho que hay cierto malestar en el Ejército Mexicano y el Presidente haría bien en atenderlo más allá del discurso obligado y de las declaraciones de rutina en las conferencias mañaneras.

 

 

 

 

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...