La increíble derrota en Culiacán

Entender lo ocurrido en la capital del estado de Sinaloa ha sido un dolor de cabeza

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Ya tenemos al culpable de que el gobierno perdiera la “Batalla de Culiacán”, según Alfonso Durazo: “El aparato de administración, procuración de justicia, ha sido, históricamente, deficiente y corrupto”.

Para el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, el “aparato administrativo” falló cuando los encargados de aprehender a Ovidio Guzmán estimaban “que podría conseguirse prontamente una orden aprehensión”. Es decir, culpa fue del juez que no tuvo listo a tiempo el documento que habría legalizado la detención; por eso, el operativo fue “fallido”.

He aquí por qué: Según el secretario de la Defensa Nacional, Cresencio Sandoval: “Ellos (soldados y la Guardia Nacional) dependían de la orden de cateo y, en base al nuevo sistema, bueno, la orden de cateo lleva algún tiempo… actuaron de manera improvisada, de manera precipitada; no esperaron la orden de cateo; no consideraron que la orden de cateo iba a durar más tiempo y ya tenían al personal ahí cuando empiezan a recibir ellos el fuego… fue ésta parte improvisada que los hizo llegar a los errores que generaron todo lo que se presentó en la ciudad”.

Se debe reconocer la sinceridad del secretario de la Defensa, pero, en este caso, lo que él llama improvisado es ilegal.

De otra manera, como ya se sabe que no hubo agresión previa de los delincuentes, aprehenderlos en una casa-habitación sin órdenes de cateo y aprehensión habría constituido violación al debido proceso.

Entender lo ocurrido en Culiacán ha sido un dolor de cabeza gracias a las versiones, algunas disparatadas, difíciles de creer, de los miembros del gabinete de Seguridad y por la insistencia presidencial de seguir culpando a lo que Luis Echeverría llamaría los emisarios del pasado, a sus contrarios y a la prensa conservadora.

He intentado leer todo lo que ha caído en mis manos, como también me he esforzado por no dejarme influenciar por los tuits y la lluvia de memes que aprovechan el lamentable episodio para ridiculizar al Presidente más que a sus colaboradores. He hablado con expertos y quienes dicen saber de estos temas, con viejos policías y militares de alta graduación ya en retiro que combatieron al crimen organizado, y sigo sin entender lo ocurrido en Culiacán.

El tema de la seguridad ha alcanzado niveles impensados en una administración que de todo culpa al pasado y que presume de tener la estrategia perfecta para pacificar al país, que sería criminal participar en el regocijo de quienes festejan el fracaso innegable de las prédicas de Andrés Manuel López Obrador y la ingenuidad e inexperiencia de sus encargados de salvaguardar la seguridad ciudadana.

Sin duda, fue buena la decisión de soltar a Ovidio para evitar que los sicarios de numerosas bandas del narcotráfico dispararan a los civiles y no al aire, como lo hicieron para amedrentar a la población y rendir a las Fuerzas Armadas y a la Guardia Nacional, porque, coincido con el Presidente, son más valiosas las vidas que la aprehensión de un capo, por importante que sea.

No obstante, después de leer y releer la transcripción de la conferencia de prensa ofrecida, en Culiacán, por Durazo, y el general secretario Crescencio Sandoval, sigo dudando.

De lo que es posible deducir de las respuestas de Durazo y Sandoval sólo queda en claro que el operativo fue “fallido” porque quien estuvo al frente no lo hizo en coordinación del Gabinete de Seguridad (curiosamente, el jueves no sesionó) y, en consecuencia, sin conocimiento del Presidente y, peor aún, ni siquiera contaba con órdenes de cateo y aprehensión.

O, lo que es lo mismo, el terror en Culiacán lo provocaron un espontáneo con iniciativa y un juez chambón que no hizo su trabajo, lo cual también es increíble.

Aquí cabe preguntarse: Si a alguien no se le hubiese ocurrido liberar a Ovidio Guzmán, y mientras el Ejército y la Guardia Nacional lo presentaban ante la autoridad, sus sicarios dejaban de disparar al aire y lo hacían contra la población indefensa y los familiares de los miliares en su zona habitacional para provocar su liberación, ¿qué habría pasado cuando el Ministerio Público de la Federación hubiese solicitado a los captores las órdenes de aprehensión y cateo?

Lo habría liberado.

 

 

 

 

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