La inconformidad es obra de la realidad concreta

Congreso está retrasando la aprobación de varias leyes para convertir el cacareado Sistema Nacional Anticorrupción en el parto de los montes, en un recio sistema de ‘tapaderas’

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Congreso está retrasando la aprobación de varias leyes para convertir el cacareado Sistema Nacional Anticorrupción en el parto de los montes

Si bien los gobernantes mexicanos jamás han vestido hábitos de monjes franciscanos, la burocracia mexicana de alta jerarquía nunca se había dedicado al pillaje masivo e indiferenciado,  en perjuicio del patrimonio nacional, como en los lustros recientes. Todos los estratos sociales lamentan los inmisericordes niveles de corrupción imperantes en diversos órdenes de gobierno. “Nadie está dedicado a gobernar; todos están consagrados a robar”, es el sentimiento generalizado entre la gente.

Es imposible explicar, satisfactoriamente, la persistencia de los fondos para “moches” constituidos en la Cámara de Diputados. Para  ilustrar a los lectores sobre el tema volveré a referir un relato que me hizo un presidente municipal del centro del país. “Por sugerencia de algún funcionario estatal -así comenzó su  narración- acudí a la Cámara Diputados para solicitar un apoyo económico para la realización de alguna obra municipal, donde me confirmaron que había recursos disponibles a ‘fondo perdido’ para apoyar, en forma  preferente, a los ayuntamientos surgidos de la militancia panista. Me recomendaron solicitar apoyos para obras de pavimentación y me sugirieron el nombre de una empresa especializada para elaborar el proyecto y presupuesto respectivos. Acudí a esa empresa, la que preparó los documentos necesarios. Tras haber sometido el proyecto a la aprobación de mi cabildo me presenté en la oficina de la Cámara para entregar la solicitud de apoyo por 150 millones de pesos para obras de pavimentación. Un mes después me informaron que el proyecto había sido aprobado, pero apelaron a mi comprensión en el sentido de que todos los trámites implicaban gastos. Era una petición esperada, pero mi sorpresa adquirió perfiles de indignación cuando me plantearon que esos gastos sumaban el 30 por ciento del apoyo, es decir, 45 millones de pesos. Indignado, acudí, nuevamente, a mi cabildo e informé  del asunto. El cinismo de impuso: Finalmente nos iban a regalar 105 millones pesos y, por tanto, no debíamos mostrar tantos remilgos. Me presenté de nueva cuenta para informar a los gestores la aceptación del cabildo, pero me pusieron una condición adicional: No podían entregarme el cheque por 150 millones de pesos sin reembolsar previamente la aportación. Al confesarles que el ayuntamiento carecía de fondos para cubrir esa suma me ofrecieron una solución: Contrata una fianza a nuestro favor”.

 

“Las cosas ahora son distintas” fue la respuesta de un funcionario cuando exigió también el 30 por ciento para adjudicar un contrato de estudios previamente concursado. El reclamante le dijo: “Hace dos años yo estaba ocupando el cargo que ahora tu ostentas y te firmé los contratos que ganaste en concursos abiertos sin recompensa de ninguna especie. Ahora tú me estás extorsionando”. “Ni modo; ahora, las cosas son también distintas”, fue su cínica respuesta. “Yo estoy ocupando  tu sillón y tus estás del otro lado del escritorio”.

“¿Cómo te va con los recortes presupuestales’?, se le preguntó a un funcionario. Muy bien, contestó; ahora tengo mayor presupuesto que los años anteriores. El secreto es muy sencillo. En los tres años que he desempeñado el cargo le he dado a mi jefe un monto superior a la cuota que me había fijado. El año pasado le entregué 36 millones pesos, cifra superior, en 4 millones, al monto comprometido. Este año debo entregarle 40 millones de pesos y por eso tengo más presupuesto”. De las obras siempre hay sobras, confesó, alguna vez, el profesor Hank, pero ahora hay más sobras que obras. Debido, en gran parte, a las “mordidas”, los presupuestos siempre resultan insuficientes y, por esa razón, la conclusión de las obras se prolonga por años.

La impunidad ante la corrupción ha colocado al país en la ingobernabilidad. ¿Durante cuántos años se toleró el robo de combustibles que eran vendidos a lado de las carreteras?  ¿Y los silencios ominosos, con tufos de complicidades, sobre los Panamá Papers y los sobornos de la brasileña Odebretch a los funcionarios de Pemex? Ante la complacencia e indiferencia de las autoridades, la extorsión se ha extendido a todas partes y una vez por mes es descubierto un nuevo cementerio clandestino. ¿Qué ha pasado con el cacareado Sistema Nacional Anticorrupción? Cómplice de estas realidades, el Congreso está retrasando la aprobación de varias leyes para convertirlo en el parto de los montes, en un recio sistema de “tapaderas”.

No es un estado de ánimo; la inconformidad es obra de la realidad concreta.

 

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