La foto de Peña en casa de AMLO

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Ya no falta nada. Una semana y media se va como agua. Pero tal parece que en la recta final del cierre de gobierno de Enrique Peña Nieto, y el inicio del de Andrés Manuel López Obrador, veremos todavía, de manera vertiginosa, muchas cosas.

Haciendo a un lado a sus colaboradores, cercanos y en el Congreso, que se acuestan imaginando con qué preocuparnos al día siguiente, y las sorpresas se multiplicarían, sólo con las del Presidente Electo tendremos.


La invitación que ayer hizo al todavía Presidente en funciones de “echarse un taco” en su casa para “definir el programa del primero de diciembre y para agradecer sus atenciones”, además de sonar bonito y elocuente, es inédita.

Puede entenderse que por ser un cambio de gobierno con ideologías totalmente opuestas, aunque Andrés Manuel, como dijera Gustavo Madero, trae en sus venas ADN priísta, sólo que ahora revolcada, los acercamientos lleguen a los  extremos de “mi casa es tu casa”.

Vaya, ¿qué afinarían, “tú entras así, y yo así”, “tú me saludas acá, de lado, de frente, pero me sonríes”, “¿cómo nos sentamos?”, “¿cómo ves el cambio de orden de colores en la banda presidencial?”.

Tal vez algo más serio. “¿Cuánta seguridad crees conveniente; militares o no?”, ¿qué opinas de la invitación a Nicolás Maduro?” “¿y si el PAN hace borlote, el PRI como en el 2006, eh?”.

Cualquiera, la que escoja, cabe en una llamada por teléfono o dentro del trabajo de logística que sus respectivos equipos realizan.

La revelación de también invitarlo a su casa para agradecer “sus atenciones” suena pueblerina. Y qué, no tendría por qué revelarse, pero ¿sin digestivo? (la bebida favorita del tabasqueño “es el pozol -hecho de maíz y cacao, y típico del sureste- y su comida favorita es el puchero de res… No toma bebidas frías porque dice que le cierran la garganta; tampoco le gustan los refrescos de cola”). ¿Algún  cruzadito? ¿Un brindis? Se vale y vale.

Pero por más sutilezas que se le vean a la nota generada por ahí entrando la noche, algo más debe tener el mero hecho de difundir la fotografía del inesperado encuentro de los dos Presidentes en la casa de quien después de tres intentos, por fin, llega a la Presidencia de la República con la promesa de poner de cabeza al país, pero ordenadamente, es decir, funcionando bajo otros lineamientos.

Lo mediático gana a lo espontáneo. ¿Cuál es la solución al acertijo?

No hubo más datos. Quizá hoy alguien que haya rascado de más  publique algo extra. ¿Cuánto, por ejemplo, duró el encuentro? ¿El Presidente en funciones tardó más en llegar a la casa del Presidente Electo que el tiempo transcurrido en la propia charla?

Creo que abordaron más temas, y de más consistencia, y no necesariamente de actitudes revanchistas ni vengativas. Ni amenazas y advertencias. Me imagino algo sobre la real estabilidad económica del país; la no frenada participación de los militares en la lucha contra el crimen organizado y, al contrario, contemplar el incremento de su participación; los saldos de último momento y “el estado que guardan” las reformas estructurales implementadas por Peña Nieto.

El repentino encuentro, no en una oficina, sino en una casa (de Tlalpan), se dio apenas el Presidente saliente dedicó, desde Jalisco, unas palabras de agradecimiento a su equipo de colaboradores y Gabinete, pero también apenas a unas horas de que sólo el portal de Carmen Aristegui apretujó, con calzador, una nota que lanzó al aire en la que aseguraba que López Obrador ya había decidido realizar oootra consulta para que el pueblo opinara (y decidiera) si debía enjuiciar a Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y a su invitado de la tarde de ayer.

La anécdota no termina de ser reveladora. Andrés Manuel invitando y Enrique aceptando.

Qué cosas tan raras, chistosas, extrañas, asombrosas, siguen pasando, ante el día que ya merito llega.

Lo que sí es que más allá de los frijoles con puerco que pudieran haber disfrutado, esa foto, y la reunión misma, valen oro. Ya sabremos para qué.

 

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@RobertoCZga

 

 

 

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