La forma del agua en el cenote electoral

Ciudadanía y candidatos, en una historia de enamoramiento cual ‘La Bella y la Bestia’, en medio del torbellino por la real estatuilla mexicana, el ‘Oscar presidencial’

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¿“Monstruitos” en la actual campaña? A ver, escoja el suyo.

No es por “agüitar” a Guillermo del Toro, pero su historia del enamoramiento de una mujer de un ser anormal, mitológico, inhumano, rebasó la sorpresa hace siglos. Y no necesitamos quebrarnos el “Coco” (perdón, ¿otra “agüitada”?). Para no ir tan lejos, ahí están “La Bella y la Bestia” y King Kong.

Vaya, la dirección y otros argumentos no dudo que hayan sido meritorios para la cinta mexicana que, por otra parte, no hay tampoco razón para no congratularnos por el premio. Ya lo dijo también ayer Alejandro González Iñárritu: “Vamos a hacer un muro de puros ‘Oscars’”, pero se me ocurre contradecir a David Zindel, quien demandó al cineasta mexicano por presunto plagio de la obra de su padre, Paul Zindel, “Let Me Hear You Whisper” (“Déjame Escucharte Susurrar”), que, dijo, “fue llevada a la televisión en la década de los 60 y, además, ganó el premio Pulitzer”.

Zindel hijo demandó a más. Y no es el único que piensa que Del Toro le ha robado su “tan original” historia porque, al contrario, quienes, quizá sin intención, ya le “carrancearon” a Del Toro, hasta con mayor conmoción, son los políticos mexicanos, envueltos en estos meses frenéticos de lucha de credibilidad hacia el único y verdadero peleado “Oscar” mexicano, la Presidencia de la República.

Ciudadanía y candidatos en una historia de enamoramiento tipo “La Bella y la Bestia”.

O dígame usted si no está más interesante el largometraje protagonizado por Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Andrés Manuel López Obrador, con la participación de algunos “actores secundarios”, como Margarita Zavala, Jaime Rodríguez y Armando Ríos Piter.

En serio, la campaña (precampaña, intercampaña o como se le quiera llamar) toma la forma del agua: Se escurre, se cuela, se evade, se enfría, se calienta, pero también se vuelve tormenta.

Vaya, como barcos de distintos tonelajes, los partidos y, a veces, los propios equipos de los contendientes “hacen agua”.

Todo a la vista. La tempestad del PRI para ungir a un candidato nada parecido al PRI.

La apacibilidad, bendita química, para lograr la inimaginable mezcla del agua con el aceite. El PAN con el PRD; Morena con el PES, pero ya definido el “cenote”, los baldazos de agua revueltos con quién sabe qué tipo de guano no se dejaron esperar.

Ahí está el torbellino que trae sudando no sólo a Anaya (nada más porque lo agarraron en curva con un “negocito” de cincuenta y tantos millones de pesos), sino ya hasta a Alberto Elías Beltrán, encargado de despacho de la PGR, quesque porque el Gobierno federal se mete en lo que no le importa (¿será que no le importa?). Torbellino que ya arrastró hasta al 1 por ciento de los intelectuales luchones del país, que suscribieron una carta al Presidente Enrique Peña Nieto para que diga si tienen pruebas contra Anaya, y si no que dejen de zarandearlo porque pobrecito.

Bien hablar de la carta de los intelectuales abajo firmantes. ¿Alguien desvelará la identidad de “los no firmantes”?

La trifulca en torno a lo que Anaya jura y perjura que no hizo, mentira que ha convertido a Andrés Manuel en espectador. Lo ha marginado que es otra cosa.

El morenista ha intentado recuperar su “acuática forma”, como lo hizo el viernes pasado, cuando, seguramente elucubrando “¿y ahora que ‘chingaos’ digo?”, alguien le sopló la idea de por qué no convertir las Islas Marías en una bella “Isla de Gilligan” o un “Jurassic Park”, pero la “ideota” no tuvo ninguna nominación y pasó desapercibida.

Y cómo no si toda la semana pasada, como montoneros de esquina, desde Enrique Ochoa Reza, Javier Lozano, Aurelio Nuño y Vanessa Rubio (hasta Andrés Manuel, Margarita y Ernesto Cordero, entre otros) han traído al candidato del Frente como boxeador espontáneo que de lo madreado no encuentra ni su esquina cuando termina el round.

Bien por Del Toro, su “monstruosa” imaginación y los muñecos de britannium bañados en oro de 24 kilates obtenidos en el Teatro Dolby de Los Ángeles, porque acá, tras lomita, con el argüende del 1 de julio, los mexicanos, gracias al elenco estelar de los contendientes, estamos, y no es película, con el agua hasta el cuello.

 

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